XXI

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— Alfredo, ¿Qué haces aquí? — reaccioné después de un par de segundos — Perdón, buenas noches.

— Pues... — se balanceó sobre sus talones y punta mirando algún punto en el techo — Venía del restaurante pero no quería llegar a mi casa aún y, pasé por un puesto de flores y me acordé de ti. — sonrió mientras me daba el ramo.

— Gr..gracias. — aclaré mi garganta — Están lindas. — dije sonriendo como tonta.

Pero a los segundos me di una cachetada mental.

— Eh... — creía estar segura de lo que haría — Quie... ¿Gustas pasar?

No quería solo dejar llevarme por el momento. O tal vez me estaba dejando llevar por los detalles.

— ¿Segura? — asentí — No quiero molestar, si estás ocupada.

— No, no. De hecho, me gustaría que lo hicieras. — me armé de valor — Es más, si no tienes más planes esta noche, déjame invitarte la cena.

Amplió su sonrisa.

— Me encantaría quedarme a cenar.

Abrí un poco más la puerta y yo haciéndome un lado, dándole a entender y el espacio suficiente  para que pasara.

Mientras él parecía observar el lugar, yo aproveché para ir a dejar las rosas en una jarra que tenía, pues ya no tenía más jarrones. Admito que también leí la tarjetita que traía.

"Para la más chula de Culiacán y Zapopan"

— Creí que no los habías recibido. — dijo mientras tocaba los pétalos de uno de los ramos.

— Sí lo hice. Mi casa parece florería. — reí — Perdón si no lo agradecí antes, pero tuve una semana muy ocupada. — mentí — Muchas gracias, Alfredo. En verdad, todas son hermosas.

— Me alegro que te gusten.

Suspiré. 

— Espero que seas paciente, porque la cena aun no está lista. De hecho estaba en eso.

— No te preocupes. ¿Necesitas que te ayude en algo?

Negué. — Ya casi está listo, sólo falta sazonar. — asintió — Si gustas, puedes ponerte cómodo. No tardo.

Muy dócil se sentó en el sillón volteando hacia los lados. Parecía niño pequeño comportándose en un lugar nuevo.

...

— Pero te acuerdas de Claudio, el gangosito. 

Tiré la carcajada cuando escuché el sobre nombre de nuestro excompañero, rápido me tapé la boca tratando de calmar mi risa.

Desde hace ya un buen rato habíamos acabado de cenar, incluso para comodidad de ambos nos tuvimos que mudar al sillón, también trayéndonos nuestras copas, el resto del vino que me había regalado y un nuevo que yo tenía por ahí.

— Hey, no seas grosero. — dije tratando de sonar seria.

— Pero la que se rio, fuiste tú. — él también se reía.

— Es que lo dijiste nada más así, como así. 

— Ah ps', así lo conocí yo... —achicó sus ojos — Hasta tú.

— Ya, ya... Bueno, ¿Él qué?

— A él le gustabas. 

Sin querer escupí un poco de vino y avergonzada, rápido lo sequé

— Perdón... ¡Ay por dios! — hice una mueca de desagrado — A él le gustaba todo lo que se moviera. Era muy... Muy así. — temblé.

— Por eso y otras cosas. Lo bajé de la nube en la que andaba. 

— ¿Gracias? supongo. — reí.

— Naah, no fue nada. — sonrió — Lo hice por ti, también por mí.

Sabía el por qué lo decía.

— Sigo sin creer que te gustaba. — me atreví a decirle, pero a los segundos me arrepentí — Digo, cómo pasaron las cosas, no parecía.

La estaba regando.

— Creí que así, de alguna extraña manera, captaría tu atención.— rio apenado — Pero solo te alejé.

— No lo justifico, pero también entiendo que eras un adolescente. — suspiré — Ya es pasado.

— Perdón. — lo miré — Sé que es cuento viejo, pero quiero estar bien contigo. — miraba su copa — No te mentí el sábado cuando te dije que estaba arrepentido y por el cariño que algún día te tuve, quiero iniciar algo bien contigo.

— Alfredo, yo... — me empezaba a poner nerviosa.

— O sea, sé que no algo como una relación o ser pareja. Pero de perdido llevarnos bien, como dices tú, dejar lo pasado. 

— ¿Una amistad? — extrañamente sentía una desilusión.

— Si eso te hace sentir cómoda, me conformo. — por un momento, pude ver la sinceridad en sus ojos.

Yo sé que el tiempo había hecho de las suyas y evidentemente las cosas cambiaron. Quizás habiendo un poco de madurez, las cosas si podrían funcionar tal cual como Alfredo lo pintaba.

— Creo que sí podemos ser amigos. — asomó una sonrisa que borró al escuchar pero — Pero, ¿Si no funciona?

— ¿Y por qué no va a funcionar? 

— Pues, supongo que tu vida ahora es más privada que antes y hay veces en que los amigos salen a divertirse y así. — aclaré mi garganta — O sea, no te estoy obligando a nada, verdad. Porque lo entiendo, pero..

— Tranquila. — rio — Déjalo en mis manos. De eso me encargo yo.

— Alfredo... — reproché.

— De hecho, si me lo permites ¿Podría invitarte a salir mañana? 

— ¿Tan pronto? — pregunté divertida y el me regaló una "mala" mirada — Perdón. — reí tímida — ¿A dónde?

— ¿Aceptas o no?

Me quedé "pensado" por unos segundos, pero era obvio que iba aceptar.

— Bien, acepto tu invitación.

— ¡Eso! — sonrió y alzó su copa — Salud.


ALFREDO

Me orillé en la carretera para poner algo de música, al ser ya algo tarde todo estaba muy silencio y además, a quién no le gustaba escuchar música.

Porque mi cuerpo se quema de tanta pasión, que corre en mi mente la imaginación... — dejé de cantar cuando me estremecí al dejar volar mi imaginación. 

Pura verga me iba a conformar con su amistad. 

Yo voy por todo o nada.

Muy probablemente me iba a costar un huevo ganarme su total confianza cómo quizás alguna vez llegué a tenerla antes de portarme como imbécil. 

Eso me sacaba por jugarle al pendejo.

Si todo salía bien, que así iba a ser. De lo único que podría tener que preocuparme sería Sofía, o más bien, de cómo lo tomaría mi apá. Porque de ahí en fuera, ya nada me importaba.


Perdón si algo está mal escrito, ando escribiendo con un ojo dormido y el otro también tiene sueño

Besos xoxo <3

¿Me recuerdas? - JAGSHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora