10. segunda oportunidad

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El examen de literatura casi acabó por matar a Martin, aunque eso no hubiera sido algo difícil de hacer, porque literalmente no podía verse peor. Llevaba toda la mañana con fatiga, y si había logrado sentarse en esa mesa para hacer la puta prueba había sido un acto del señor, porque desde luego que él por sí solo no lo hubiera logrado nunca.

No había desperdiciado la oportunidad de tirarse sobre un banco en cuanto sonó el timbre y les dejaron salir al patio, siendo su hora del descanso. Tapaba su rostro con ayuda de los brazos, intentando que la menor luz posible chocara contra su cara. Ni siquiera había sido capaz de ponerse las lentillas, porque tenía los ojos demasiado irritados, así que ahora tenía que joderse y aguantar toda la mañana con gafas, por mucho que a él no le gustase como se veía con ellas.

Intentaba engancharse a la conversación de Chiara y Ruslana, pero fue totalmente imposible. Hasta comenzó a sopesar la idea de llamar a su madre para que fuera a buscarlo, porque esa mañana la tenía libre y estaba en casa, pero tuvo que descartarlo al momento. No quería molestarla para una vez que por fin tenía un día libre.

"Mi pobre bebe" le pareció oír la voz de su mejor amiga cerca, pero no hizo el más mínimo intento de contestar. "¿Quieres que vayamos a la cafetería para pedirte al menos un té?"

"No, no os preocupéis. Solo tengo sueño, que ayer me quedé repasando hasta tarde."

"Pero Martin, you don't seem well." le reprochó Chiara, al mismo tiempo que hundía sus dedos sobre las hebras castañas de su pelo para darle unas cuantas caricias.

El vasco suspiró, destapando minutos después su rostro para devolverle la mirada a sus amigas, que parecían preocupadas. En realidad le gustaba que le diesen mimos, que lo cuidaran así. Martin no estaba acostumbrado.

"Es que no debería de haber ido a esa estúpida fiesta." escupió, más cabreado con sigo mismo que con nadie en concreto. Aún se sentía avergonzado de todo lo que había pasado el sábado.

"Es que mi hermano me dijo que te fuiste solo y sin chaqueta, ¿a quién se le ocurre?"

"Es cierto, Paul y yo estábamos super preocupados."

Ese era el tipo de conversaciones que menos le apetecía tener estando malo.

Esos días los había pasado encerrado en su casa, sin hacer el mínimo amago de hablar con nadie. A penas y con suerte le había respondido los mensajes a Ruslana cuando le preguntaba como estaba. Pero es que no le apetecía tener que revivir nada de lo que había pasado: Martin creía que cuanto menos hablase del tema más rápido lo olvidaría. Tal vez incluso podría autoconvencerse de que nada había sido real y que todo era solo una mala pasada de su cabeza.

Lo que más le jodía era que no podía guardárselo sólo para él, porque había cometido la estupidez de contárselo a Juanjo. Y que ahora la pelirroja lo mencionara solo lo cabreaba más.

"Chicas, no quiero hablar del tema."

"¿Pero por qué?" insistió Rus. "Joder, es que yo me fui muy rápido y aquí nadie quiere contarme nada. Que si Chiara con Violeta, Paul que esta más raro de lo normal... y ahora tú haciéndote el misterioso."

Martin rodó los ojos, pero le pareció graciosa la desesperación de su mejor amiga, que llevaba frustrada toda la semana por la falta de cotilleo.

"Que empiece Chiara, y ya después la sigo yo" propuso, rezando por tener algo de suerte y que la conversación se alargara lo suficiente como para que el timbre que anunciara el fin del recreo le sirviera de excusa para no contar nada. Martin solía hacer ese tipo de cosas.

La pelinegra lo miró indignada, pero al cabo de unos instantes acabó por rendirse. Estuvo calculando durante un buen rato que decir y como hacerlo, y para cuando se animó a hablar había pasado un buen rato.

Guilty as Sin?Donde viven las historias. Descúbrelo ahora