Juanjo conoció a Martin cuando tenía tan solo once años. Ni siquiera recuerda que era lo que pensaba de él al principio, no más allá de lo pesado que le había parecido desde un primer momento. Solía ser un niño reservado y orgulloso de sus cosas, por lo que no le sentó especialmente bien cuando un desconocido como él llegó de la nada para robarle todo lo que había pensado poseer. Tal vez era envidia. No lo sabía, pero si lo hiciera tampoco lo reconocería nunca.
No llevaba ni un mes siendo amigo de su hermana cuando la entonces morena ya lo estaba invitando a todas las salidas familiares. Juanjo recuerda especialmente la primera, cuando se fueron todos juntos de merienda al campo donde vivían sus abuelos.
Habían salido justo después de comer para llegar temprano y aprovechar la tarde. El trayecto duraba una hora y hacía mucho calor, porque aún estaban en julio. Él iba en su asiento de siempre, justo detrás de su padre, y a Martin no le había quedado más remedio que ir en el centro. Y Juanjo ya lo había estado mirando de reojo desde que se le había sentado al lado, en parte con curiosidad y en parte con precaución. El vasco parecía ir en silencio, aún algo tímido que entablar conversación con su familia, y ante la monotonía del silencio el sueño parecía haberle afectado.
Lo vio dar cabezadas silenciosas mientras alguna canción soñaba de forma suave en la radio. Los ojos se le cerraban durante unos segundos antes de volver a abrirse, seguramente avergonzado de estar quedándose durmiendo. Ruslana también había caído y Martin no tenía a nadie con quien distraerse para batir la pesadez de sus pestañas. Acabó por dormirse sobre el hombro de Juanjo.
Recuerda como se quedó paralizado e impresionado por tener un rostro así de cerca. El mayor nunca había tenido que hacerle frente a ninguna situación así, y no tenía ni idea de cómo actuar. Se sintió extraño, pero sobre todo incómodo. No le gustaba que nadie invadiese su espacio personal, pero tampoco se veía con la fuerza de atreverse a apartarlo. Juanjo era sobre muchas cosas educado.
Su madre los miró por el espejo retrovisor y soltó una risilla, y tal vez fue eso lo que tanto lo enfureció.
"¿Qué pasa?" le preguntó Maria, una vez ya estaban en la casa de su abuela. Los dos se habían quedado en la cocina, terminado de exprimir naranjas para hacer zumo. A él siempre le había gustado ayudar a su madre con ese tipo de cosas, incluso siendo tan pequeño.
"Nada."
Pero era un niño demasiado trasparente, y era obvio que la mujer conocía a su hijo. El ceño fruncido que llevaba desde que se había bajado del coche era visible a kilómetros.
"Cariño, tienes que entender una cosa. Ruslana no tiene tu misma facilidad para hacer amigos, a ella le cuesta un poquito más. A conocido a Martin y está muy feliz, ¿ves?" dijo, señalando por la ventana de la habitación, que daba al jardín en donde los dos niños jugaban distraídamente a la comba, ajenos a esa conversación. "Tienes que hacer un esfuerzo. Es importante para ella."
Juanjo solía ser también muy maduro, pero lo cabezota siempre le había ganado de más.
"Ya me tiene a mí, ¿para qué quiere más?"
"Pues porque tú no vas a estar siempre" contestó, y aquello realmente lo molestó. ¿Como no iba a estar él para su hermana pequeña?
"Claro que si."
Su madre lo miró con comprensión, consciente de lo difícil que era explicar aquello a un chico de solo once años.
"No me refiero a eso, Juanjo. Digo que vosotros vais a crecer y Rus no puede ir siempre con tus amigos en el recreo. Ella también necesita otros entornos. Ya sabes, más de su edad y de su estilo. Siempre va sola en clase, Martin es lo que necesita ahora."
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Guilty as Sin?
FanfictionDonde Martin, un chico distraído y callado, descubre algo que no debería de haber visto o... Donde Juanjo, el hermano mayor de su mejor amiga, no soporta a la gente entrometida
