37. nada debería fallar

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Martin se quedó observando la pantalla de su teléfono durante más tiempo del que quiso admitir. Tenía el ceño fruncido de manera inevitable y solo el calor que desprendía el cuerpo de Juanjo a su lado le recordaba donde estaba. En su casa, y era media noche. Bajar para hablar con su mejor amiga en ese momento era la peor de sus opciones, porque era obvio que no acabaría bien. Debió haberle dicho que no, que mejor lo dejaban para otro día, que lo más lógico era esperar a que las cosas se calmasen un poco.

Se puso en pie sin poder evitarlo, y asegurándose de que Juanjo aún estaba durmiendo, cerró la puerta a sus espaldas y comenzó a bajar las escaleras. De repente el corazón comenzó a latirle con fuerza y se sintió ansioso. Estaba enfadado, quería llegar cuanto antes a esa puerta para enfrentarse con Ruslana. Quería decir todo lo que estaba pensando y gritarle por lo que le había hecho a su hermano mayor.

Se detuvo en el penúltimo escalón. Eso no estaba bien. A pesar de todo la pelirroja era su amiga y él también había hecho algunas cosas mal. Y era precisamente por que estaba enfadado por lo que sabía que aquello sería una pésima idea. Tenía que respirar y esperar al menos a la mañana siguiente, verlo todo en perspectiva. Dormir sería lo mejor, dejarse envolver por el cuerpo de Juanjo y descansar, cerrar los ojos y simplemente disfrutar de su calor, el mismo que le daba cada vez que se abrazaban. Abrazarse. Como antes en su cocina, cuando había estado llorando sobre su hombro. Como cuando había llegado desesperado por apoyo.

Estaba enfadado, muy enfadado. Y al final Martin eran tan solo un crío. Ni siquiera había cumplido los diecisiete, no hasta dentro de dos semanas, hasta finales de marzo. Acabó dejándose llevar por sus impulsos. Los mismos que le habían llevado a besar a Juanjo aquella noche, los mismos que le habían reconducido hasta su cuarto la primera vez que se dejó tocar por él. Era un crío y a veces era inmaduro. Estaba enfadado.

"¿Está ahí dentro? Quiero hablar con él también, por favor."

La chica lo esperaba en el porche. El cabello pelirrojo se le removía furiosamente a causa del viento, las manos le temblaban dentro de los bolsillos de su chaqueta por el frío. Martin pensó en aquella primera vez que la conoció y se sorprendió de lo mucho que habían crecido, porque nunca se había detenido a reflexionarlo, a comparar fotografías viejas con actuales. Ahí estaban, frente a frente, como cuando cinco años atrás habían entablado su primera conversación.

"Está dormido."

"Pues despiértalo."

"No creo que le apetezca verte. Has sido una completa gilipollas."

La pelirroja bufó, pero Martin se hizo a un lado para indicarle que la dejaba entrar. Afuera estaba helando, y él se había olvidado por completo de que lo único que le cubrían los pies eran aquellos calcetines, así que le pidió en un murmullo que lo siguiera. Llevarla hasta la cocina se sintió hasta mal, pero no tuvo de otra opción. No quería despertar al mayor, y desde ahí había pocas probabilidades de que los escuchara. Había sido en esa estancia donde tan solo una hora antes Juanjo le había confesado estar enamorado de él.

"¿Cómo es que no me lo habías dicho, Martin?" Ruslana extendió sus brazos en el aire, luciendo incrédula y dolida. El vasco acabó por cerrar la puerta, pidiéndole en un gesto silencioso que bajase la voz. "Te has estado follando a mi hermano."

"Las cosas no van solo de eso, Rus. No es como te lo estás imaginando."

"Vale, ¿pero por qué no me lo dijiste? Y no lo pillo, ¿cómo empezó todo? Pensaba que os odiabais, ¡si hasta lo criticabas cuando estabas conmigo!"

Martin bufó. Los ojos se le escaparon inevitablemente hacia las dos tazas que aún reposaban sobre aquella pila, secándose en la misma posición en las que Juanjo las había dejado. Quiso huir hacia la planta de arriba, pero también quería quedarse y plantar cara. La chica lo miraba expectante y él no sabía por donde empezar, notándose muy cansado y malhumorado. No debió abrir aquella puerta.

Guilty as Sin?Donde viven las historias. Descúbrelo ahora