Exhaustivamente mía porque no se que es no tener emociones profundas,
incluso cuando no siento nada, lo siento completamente.
Estoy tan triste y tan caliente a la misma vez que podría llorar mientras me vengo. Porque ovulando se me olvida mis valores católicos tradicionales y eucarísticos. Pero lo que no saben es que mi verdadera belleza reside en la capacidad para seguir argumentando que las emociones expresadas en ese texto, son válidas porque lo son para quienes las sienten.
Porque hay algo que nunca se quiebra del todo. Y, tal vez, lo más desconcertante de todo es esa contradicción: ser más fuerte y vulnerable al mismo tiempo. Porque como ya he dicho anteriormente, siempre me he sentido miserable. Enormemente, demasiado, miserable. Mucho, quizás, y demasiado, porque he querido serlo, tanto, porque me han hecho sentir que lo soy.
—Me han golpeado ¿sabes?
Me han dado duros golpes en eso que llaman sentimientos. No sé quién; pero sí sé que a veces, cuando pierdo el tiempo fallándome lento, me examino el alma, la siento desgarrada. Y es entonces que el dolor se vuelve algo familiar, casi una forma de belleza. Llorar se convierte en un acto de resistencia, y la imagen del dolor se transforma en algo hermoso, algo que los demás tal vez ni siquiera puedan comprender. Y lo único que sueltan es un:
—Te ves tan hermosa cuando lloras...
Sé que me estoy rompiendo, sé que cada lágrima me aleja de la cordura, pero también sé que hay una especie de gloria en esta tristeza, una belleza decadente que sólo yo comprendo, una que nadie me puede quitar.
Porque siento como de alguna forma que mi tristeza fuera la única prueba de que sigo viva, la única forma de recordarme que aún puedo sentir algo verdadero.
—Y me obsesiono.
Me enciendo cada vez que me hablo. Mi manera de mirarme, de llenarme... de romperme. Tengo esa capacidad innata de desarmarme con una sola palabra, y, sin embargo, todo lo que me duele... me gusta. Me metí en mi vida sin permiso y me adueñé de mi mente, de mis ganas, de mi calma. Me hice carne en mí. Me di lo más bonito que me dieron en años, y a la vez, el infierno más devastador. Como si me amará con una mano... y con la otra me apretará el cuello con nostalgia y con una dulzura amarga, donde las palabras salen despacio, casi con vergüenza, como si supiera que amar de esta manera es un pecado, un pecado que no se puede evitar.
La sombra de mi vida, la nota final de una canción, el libro que nadie escucha. Pero se tiene que leer, pero no saben leer. Porque nadie sabe lo que es amarse así, no conocen esta forma de amar que parece ser absorbente, total, como una canción que se repite en un cuarto vacío, esperando a que, algún día, me vean por lo que soy, aunque sólo sea por un segundo. Y si esto no es amar... entonces que alguien me enseñe a no hacerlo.
Porque en el fondo estoy enamorada con de mi, soy lo que busco, no me desteto. Por eso no me detiene. Me hago sentir bella y rota, como un pétalo marchito que no le importa sentirse viva en esta especie de tristeza tan exhaustivamente mía, tan auténtica, que ya no sé quién soy sin ella.
—Entonces lo voy entendiendo.
Me pertenezco como se pertenece a una canción que jamás termina de sonar, una que tiene más ruido que armonía, pero que es tan mía, tan auténtica, tan irremediablemente parte de mi piel, que cada vez que pienso, eventualmente me desarmo, lentamente en cámara lenta, como en una vieja película.
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𝐃𝐞𝐬𝐠𝐚𝐫𝐫𝐨𝐬 𝐝𝐞𝐥 𝐀𝐥𝐦𝐚
De TodoSoy escritora, no satisfecha con los sentimientos reales; ansiosa, me impongo a imaginarlos. Recuerdo todo a la perfección: mi corazón no tiene piedad. No puedo dormir, solo derramo sangre sobre el papel. No sé si eso me hace buena o mala persona. N...
