Mentirosos me odian por amarme
—Adivinen quién ha vuelto.
Volví sin irme nunca. Porque quien pertenece a algo real no necesita anunciar su regreso. En medio del ruido y los aplausos, aparecen voces que reclaman. Y después, el silencio. Llega lleno de preguntas:
—¿A quién le debo lealtad: a los que me miran o a los que me esperan?
El éxito, cuando no se comparte, puede convertirse en una forma de soledad. Avanzar tiene un precio cuando seguir adelante implica dejar atrás.
Confunden el ruido con verdad. Creen que el éxito es casualidad, cuando en realidad es resistencia. No estamos en el mismo nivel; es decir, ni siquiera podemos ser llamados enemigos.
Hay recuerdos que no se borran: miradas, noches, silencios. Se quedan como charcos después de llover, aunque el cielo ya esté despejado. Y no es debilidad, sentirlo, es humanidad. Lo difícil no es la rabia, lo difícil es no dejar que te transforme en alguien que no eres.
Seguir caminando sin gritarle al mundo lo que duele. Aceptar que no todo se olvida, pero que no todo lo que duele tiene que destruirse. Por que la palabra lealtad no es una palabra bonita, a veces incómoda. Se familiariza en compartir sangre, riesgo y mantenerse firme cuando traicionar sería más fácil.
He visto a muchos darse la vuelta, fingir que nunca fallaron, actuar como si no hubieran dudado. Por eso aprendí que los negocios no se mezclan con el afecto y que la calle tiene códigos que no perdonan a los ingenuos. Pero en en mis días mas flexibles, intento ponerme en el lugar de ellos, honestamente es un sitio incomodo, aburrido. Prefiero quedarme en mi pedestal, la vida es mucho mejor cuando miras a todos desde arriba. Todo se ve distinto. No mejor, no peor: más claro.
La distancia enseña quién se queda cuando ya no hay nada que ganar.
Existe una rabia que no grita, que quema dentro, despacio. No es la que rompe cosas, es la que se acumula cuando pides perdón y nadie sabe escuchar, cuando dices "lo siento" pero el daño ya se quedó a vivir. Porque a veces el error no es caer, es no saber cómo levantarse sin perderte en el intento.
Miro hacia delante sin miedo. Miro atrás con nostalgia, no por lo que fue, sino por lo que creí que podía cambiar. Pensé que el amor bastaba. Aprendí que no siempre.
Las promesas no se cumplen, se rompen. Y que hay verdades que duelen más cuando llegan tarde, pero mientras ellos hablan, yo sigo avanzando. Porque hay cosas que no se explican: se defienden tiri-titando.
Vivo sintiendo menos las alegrías y guardando demasiadas desgracias. Como si el cuerpo aprendiera a resistir, pero no a soltar. La rabia se mezcla con la ira y al final te das cuenta de que muchas cosas eran mentira: palabras, planes, incluso personas. Aun así, yo habría ido hasta el final, aun sabiendo que podía perderlo todo.
—Lo he perdido todo. Pero no del todo.
Para mí, la lealtad es lo primero. Todo lo demás es ruido. Las amenazas pasan, los nombres se olvidan, pero la familia permanece como una marca que no se borra, no se grita: se demuestra cuando el mundo se vuelve hostil y aun así ninguno se suelta de la mano.
Aunque no entiendo... en mi pecho se siente como si hubiera una espada dentro. ¿Quién la puso ahí?
Dicen que el dolor es una prisión. Ahora que estoy fuera de la celda, ¿adónde puedo ir? Estoy persiguiendo algo, todos lo hacemos. Supongo que todos somos algo tontos. Hasta que llegamos al punto en que apenas podemos funcionar.
Pero no dejaremos que nos borren, no permitiré que nos dividan. Por que tengo un lema tatuado: "Hablar, pero nunca escuchar". Al menos yo lo admito. Mi pasatiempo favorito: no sé hacer nada diferente. Pero si me dices algo diferente, no veo la diferencia.
—Estoy perdido. Siguiente pregunta.
Esto está yendo demasiado lejos, solo hay dudas y recuerdos que superar.
—No trates de distraerme, saldrás mal parado.
Los que saben guardar silencio, los que no preguntan cuando toca avanzar, los que entienden que sobrevivir también es una forma de amor. Dicen que no saben cómo seguimos vivos. No entienden que seguimos aquí porque nunca estuvimos solos. No porque seamos más fuertes, sino porque somos más fieles.
ESTÁS LEYENDO
𝐃𝐞𝐬𝐠𝐚𝐫𝐫𝐨𝐬 𝐝𝐞𝐥 𝐀𝐥𝐦𝐚
RandomSoy escritora, no satisfecha con los sentimientos reales; ansiosa, me impongo a imaginarlos. Recuerdo todo a la perfección: mi corazón no tiene piedad. No puedo dormir, solo derramo sangre sobre el papel. No sé si eso me hace buena o mala persona. N...
