Para quien se miró demasiado de cerca...
y aún así no huyó.
A veces, la verdad duele más que la mentira.
Y no porque sea peor... sino porque no sabemos qué hacer con ella cuando la tenemos enfrente.
Te miras al espejo y ves algo que no querías encontrar. Una grieta. Un temblor. Una voz que no suena como tú, pero sale de tu propia boca. No quieres lastimarte. No quieres romperte. Pero cada pensamiento afilado te roza como una aguja bajo las uñas.
—¡Aaaah!
Y duele. Te abrazas a ti mismo —o a alguien más— como si eso pudiera detener la caída.
Como si el contacto físico pudiera corregir el vacío emocional. Pero no siempre se puede llenar lo que está roto con piel. A veces, el diablo está en los detalles. En todo lo que callaste. En todo lo que no quisiste mirar demasiado de cerca.
Te dices que esto es sobre otra persona. Pero no. Eres tú. Eres tú en el reflejo. Eres tú en el error. Eres tú en el fondo de cada "no pasa nada". No quieres mirarte, porque sabes que si lo haces —si te miras de verdad— no vas a poder seguir fingiendo que estas bien.
Y sin embargo... Te sigues mirando. Muy de cerca. Como si verte hiciera que se rompiera el cristal, el grito al menos explota, se oye, se suelta. Pero el silencio... el silencio se queda. Y hace nido.
Y ahí estás tú, acostado en tu cama como si fuera una trinchera. Contando los pensamientos como si fueran bombas que no sabes si van a explotar.
Te repites:
—No pasa nada.
Pero tu cuerpo dice otra cosa. Tiembla. Tuerce. Se encoge.
Y la ansiedad se disfraza de voz amable:
—Solo estás cansado. Mañana vas a estar mejor. No pienses tanto.
Pero piensas igual. Y te duele igual.
Dices que no te quieres lastimar, pero no sabes cómo no hacerlo. Porque te enseñaron a exigirte, pero no a perdonarte. Te enseñaron a ser fuerte, pero no a ser humano.
Y ahora estás aquí. Con el corazón latiendo rápido, no por amor, sino por miedo. Miedo a que esto no se pase. Miedo a estar roto para siempre. Miedo a ser tú. A ser eso que ves cuando miras demasiado de cerca. Entonces haces lo único que te queda:
Cerrar los ojos.
Y respiras. Una vez. Y otra. Y otra... Como si eso pudiera mantenerte a salvo por un rato más. Porque a veces no se trata de sanar, sino de sobrevivir.
.
.
.
Recuerda que no estas solo... Te mando un fuerte abrazo de oso!
También me gustaría añadir que tanto la canción como el escrito me recuerda a mis finlandeses favoritos, Luka y Connor, y mi querida americana Maeve, 🩶💜🩵
ESTÁS LEYENDO
𝐃𝐞𝐬𝐠𝐚𝐫𝐫𝐨𝐬 𝐝𝐞𝐥 𝐀𝐥𝐦𝐚
De TodoSoy escritora, no satisfecha con los sentimientos reales; ansiosa, me impongo a imaginarlos. Recuerdo todo a la perfección: mi corazón no tiene piedad. No puedo dormir, solo derramo sangre sobre el papel. No sé si eso me hace buena o mala persona. N...
