Me enamoré con piel, con latido.
con ojos cerrados y piernas abiertas.
Pero solo soy una chica escribiendo de nuevo sobre un hombre.
Hay mujeres que miden el amor por la calma que les proporciona, yo no soy de esas; yo mido el amor por la magnitud del temblor que provoca, por el tamaño exacto de la locura que tengo que desplegar para albergarlo y la verdad, la única verdad que me interesa, es esta: no hay nada peor para el alma voraz de una mujer como yo cuando es demasiado:
—WAR.
Para esta sociedad. Eternamente hambrienta de piel y de ternura profunda, con ansias de toparme con un hombre que no le de piedad el acto de llenarme de cariño.
Porque soy una criatura de la necesidad. El amor tibio es un insulto a mi capacidad de sentir.
—¿Dormimos juntos?
Verle dormir es el inicio de mi ritual. La casa está en silencio, observo sus brazos grandes y fuertes que minutos antes eran mi única prisión. Veo su pecho subir y bajar en el ritmo más elemental de la existencia y siento envidia de esa paz. Él, hermoso en su tamaño, con los pies desbordando la cama, arrastrando el eco del perfume de la fiesta de anoche, es una presencia demasiado grande para este cuarto.
—¿Puedo darte un beso?
Lo beso, es un beso de ladrona, suave sobre el pelo que acabo de acariciar, solo para saber que está aquí, anclado a mi lado.
—Mi gigante vulnerable...
No miro adonde mira: yo le estoy viendo mirar. Y esta es la posesión más íntima: la de su inconsciencia. Sé que va a despertar, que volverá a hacerme suya en la luz cruda de la mañana y esa anticipación es más dulce que el sueño. Por alguna razón, me encanta la espera.
Pienso que el mundo nos enseñó a conformarnos con migajas, pero yo siempre he sabido que la mujer más exigente es la que merece el plato principal. Nunca antes me había atrevido a poner por escrito esta necesidad, esta adoración, porque el amor que no se puede contener en palabras es el más peligroso. Pero él merece este delirio porque es un hombre tan bueno y tan apasionado por mí, que solo una mujer que sepa vivir en el abismo puede apreciarlo sin pudor y sin frenarse.
Sentirse enamorada para una mujer como yo no es el inicio de un camino, sino el fin del mundo tal como lo conocía. No podría —y, lo que es peor, no querría— vivir sin su amor, aunque no hay nadie que sea mi centro como el.
Su ternura es salvaje, porque conoce mi apetito. Sí, este es el mal de las mujeres: amar hasta que no queda nada de nosotras y luego amar lo que queda de ellos.
El mundo no entiende que para ciertas mujeres, amar es una alteración del cuerpo, no una elección del alma. El amor para nosotras es casi una enfermedad. Una fiebre alta, persistente, que nos consume y nos hace delirar en esta fiebre total que solo conoce dos estados:
—Arder, sí.
—Hasta la ceniza.
Y así, sin remedio, sin medida, sigo. Porque aunque espero ese instante decisivo en que todo se ilumina, sé que quizá nunca llegue. Y aun así, mi amor permanece: feroz, delirante, fiel.
Un amor que tiembla.
Un amor que sostiene.
Un amor que arde.
Un amor sin fin.
Y a duras penas, las duras palabras que siempre tuve miedo de decir pueden ser dichas ahora:
—Me siento cómoda a tú lado.
Aunque incluso así, guardo en mí un territorio secreto. Una parte que nadie conoce. El único rincón que jamás mostraré. Allí residen mis deseos más profundos, mis dudas más antiguas, y la forma exacta en que tiemblo cuando lo pienso. El amor que siento por él es sin fin; no sabe de medidas ni de treguas. Todo lo que soy, incluso lo que aún no sé nombrar, se inclina hacia él.
Y, aun así, no lo dejo caer. No abandono. No defraudo. Sostengo incluso en los silencios, en las sombras, en esas madrugadas donde los sueños se quedan dormidos entre nosotros. Por qué hay sueños que guardo como reliquias y viven en mí pero despiertan con él.
Latido.
Latido.
Latido.
Él hizo latir mi corazón.
De ahora en adelante le llamaré "corazón"
.
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𝐃𝐞𝐬𝐠𝐚𝐫𝐫𝐨𝐬 𝐝𝐞𝐥 𝐀𝐥𝐦𝐚
RandomSoy escritora, no satisfecha con los sentimientos reales; ansiosa, me impongo a imaginarlos. Recuerdo todo a la perfección: mi corazón no tiene piedad. No puedo dormir, solo derramo sangre sobre el papel. No sé si eso me hace buena o mala persona. N...
