No la extraño porque a ella la amo con las manos,
pero a ti, a ti te amo con el alma,
por eso te busco en todos lados.
Me salgo al balcón, la fiesta es ruido, un eco lejano que no me toca. El frío me envuelve, pero al menos es real. Entonces, sales tú, con una sonrisa que derrite más que mis cigarros. Te ríes del tabaco que fumo, y es que solo soy un chico, con veintitrés años. Sonrío de lado, mientras me robas uno, un cigarro, no un beso.
Lo enciendes sin dejar de mirarme.
—¿Vas a quedarte aquí toda la noche?— dices, y no sé si hablas del balcón o de esta distancia que he creado.
—¿Vas a salir a buscarme cada vez que te acuerdes de que existo?— lanzo. Callamos, como si la noche escuchara.
—Quizá me gusta encontrarte aquí— murmuras, y el cigarro arde lento, como algo que teme agotarse demasiado pronto. Y me guste o no, sé que cuando me termine el vino y el humo se disipe, seguirás aquí, quieta conmigo.
Pero me voy y vos no venís. Nuestros ojos no se miran, nuestras manos no se tocan, nuestras bocas no se besan, y nuestro llanto no hace el amor como bestias sádicas que se devoran en cólera.
No venís, y yo sufro de esta sed que me devasta respirarte despacito entre la boca, murmurarnos con amor, confesarnos con la picardía de un lenguaje que aborrece la idea de consumirse en la carroña inhumana con la impotencia de tener que aceptar que debemos olvidarnos. Pero que mejor que no te importe hacerlo.
Porque me identifico, quizás y demasiado, con la invención viciosa de tu palabra inimputable de que tu voz pronuncia mi nombre con una suavidad bien instruida para mutilarme la esperanza.
Ya que busco desintoxicar, eludir y renunciar a tu rostro que siento como mío a la urgencia metafísica de aliviar mi agonía con tu soberbia maquiavélica ausencia de que no has venido.
Porque me hubiese gustado que fueses vos, digo, cuando explico cómo quiero ser amado, algo de mí te está hablando. Las ilusiones se quedaban astillando mi piel porque estaba seguro de que algún día pasaría: me besarías.
Y sé que soy muy romántico para alguien que no me ve nada romántico. Y esta bien, para mí estaba bien.
Pero no lo es eso de tener una lista de todas las chicas con las que salí, sus nombres en mi memoria. Y me duele la castaña, pero sigo pensando en la chica de tono miel en el pelo como ver el sol. ¿De ahí salieron un poco los gustos que conocí? Entonces probé la miel. ¿Entonces estoy enamorado de ella? Me amó la morocha, pero sigo pensando en la incógnita con la que hablaba la cobriza con ese acento tan pronunciante. Ósea, me enamoré de mi chica de pelo cobrizo. Pero me fui con la morocha para olvidarla. No funcionó. Porque de todas, mi cobriza de ojos marrón me enseño a amar el café de sus ojos, y ahora tomarlo es como mirar en sus ojos una vez más.
Aunque volví con la morocha, y la vi pensando en la posibilidad de estar con ella, pero vi la tentación de ir detrás de una nueva.
Son solo cinco, pero de todas maneras me hacen sentir igual de mal. No quiero seguir recordando mujeres.
Me duele mi chica de pelo cobrizo y piel beige, pero, sigo pensando en la tercera que me hizo sentir mal, el primer rayo de sol que me quemó. Me vi viéndome buscarla en medio de la multitud, la busque como yo te buscaba. Fue doloroso, incluso menos que verte con un chico en una fiesta; el se arrodilló y te pidió la mano. Y yo ahora hago lo mismo, solo que yo me arrodillo todos los días para llorar. Porque te le vi besar, tomarle de la mano, y el, estirar su brazo en el respaldo de un banco para lograr proximidad física, la escena cliché de película que siempre quise recrear.
—Que asco.
Porque imagino lo que has hecho en los asientos de cine. Y que sabes de antemano que todas mis amigas fueron un intento de algo más. Para ti, ninguna de ellas era un problema. Si te decidía te amo, no me te iba a doler escuchar decirles "hermosa".
Y a mi no me hubiese importado ser tu consejero ahora para conquistar a uno nuevo, explicarte cómo hacer que se sientan amados, llegar al éxito. No me importaba porque prefería renunciar al deseo de ser correspondido si esa era la única manera de seguir amándote mientras te tenga a mi lado. Esta bien. Para mí estaba bien. Prefería encontrar otra manera de amarte a jamás sentirme enamorado de ti.
Pero ahora jamás voy a poder besarte porque me hiciste llorar como un niño pequeño. Y encima me cuidaste como a uno. Porque te hice asquear, y ya no puedes amarme, porque te estarías traicionando a ti misma.
Y pensé, bueno, pensé que esto se quedaría solo en la primera, que tú y yo seriamos uno, y que tu podrías hacerme cambiar... me creí especial. Y ahora jamás vas a poder volver a fantasearme, y eso me enoja, y me frustra.
Ahora ya no puedo volver a la inocencia. Porque recuerdo aquellos días, recuerdo romper el corazón a alguien.
—Y creo que ese alguien sos vos...
Escucho como se está partiendo en mil pedazos, puedo sentirlo.
—Lo siento...
Pero no verlo con los ojos me hace pensar en si me arrepiento cuando todo era más sencillo y el tiempo parecía detenerse, y puede que solo y capaz las cosas hubieran sido diferentes. Y aún todavía estaríamos corriendo por las calles, sin preocuparnos por el futuro, por la edad, o por lo que realmente significaría no volver a vernos.
Somos jóvenes, pero aquel año fue el comienzo de todo. Las calles eran nuestras, los callejones, y los escondites eran perfectos para refugiábamos, besarnos, ser nosotros mismos sin máscaras ni expectativas.
Por eso a veces, me encuentro mirando atrás, recordando esos momentos en los que no quería que el sol se pusiera, porque sabía que cuando lo hiciera, el día también se iría con él, y a su vez mi cobriza de piel beige.
.
.
.
Mis redes sociales:🍷❤️
Instagram/ tik tock: sabinadupont
ESTÁS LEYENDO
𝐃𝐞𝐬𝐠𝐚𝐫𝐫𝐨𝐬 𝐝𝐞𝐥 𝐀𝐥𝐦𝐚
AcakSoy escritora, no satisfecha con los sentimientos reales; ansiosa, me impongo a imaginarlos. Recuerdo todo a la perfección: mi corazón no tiene piedad. No puedo dormir, solo derramo sangre sobre el papel. No sé si eso me hace buena o mala persona. N...
