Verte feliz con alguien más fue lo más valiente que no quise ser.
Todo ha cambiado. Las estrellas, de las que alguna vez admiramos, y lo que alguna vez brillaron en el cielo en nuestras noches, ya no aparecen, como si hubieran desaparecido junto a ti. Y mi corazón, al igual que el cielo, también se ha oscurecido; lo han roto, lo han destrozado.
—Eso has echo.
Porque no quiero que me quieras con el significado de tus palabras y la intención de mis actos. Solo quiero refugiarme en ese recuerdo de cuando llevaba tu camiseta;
—Se te ve mejor en ti que en mí.
Pero las miradas siempre te delataban.
—Ey mírame...
Detesto vernos así, estar a ratos no es estar cuando terminamos en noches como esta. Deberíamos besarnos bajo la lluvia, en lugar de discutir sobre quien tiene razón. Así que mejor no me des explicaciones del porqué eres tan genial, que solo has cometido un pequeño error. No mereces una segunda oportunidad. Solo un error y pierdes el control. Como un grito ahogado que nunca deja de doler en una habitación oscura de cuando nos buscamos, como si en la penumbra pudiéramos rescatar lo que queda. Peleando. Compensando. Amando con torpeza, con miedo.
—¿Qué me has hecho?
Me dejas sin aliento, pensando en que casi lo tuvimos todo. Y no puedo evitar sentir que, pudimos haberlo sentido todo. Desearía que no hubieras jugado con mi vulnerabilidad, con mi boca pegada a la tuya, rogué, por una vez en tu vida dime que me quieres niño malo, aunque no sea verdad, dímelo, quiero saber como suena siquiera una vez más.
Pero no volveré contigo pronto, no tengo una venganza pendiente. Aunque me pregunto:
—¿Estábamos realmente amándonos, o solo intentándolo? ¿Quién eras todo este tiempo?
Pero las personas no cambian, solo perfeccionan el discurso. Ahora las despedidas no suenan a portazo, sino a silencio.
Aunque nunca es tarde para tener un pasado feliz. El tiempo me esta enseñando a amarme, pero aún hay noches donde extraño como me amabas tú. Pero pasa agosto, septiembre, y todo lo que sigue después, del revés. Los días se tiñen de azul, un azul desesperado, aterciopelado, como si el mundo entero respirara con la nostalgia que me engañaste.
—¿Cómo pudiste?
Solo te echo de menos cuando estoy triste porque es todo lo que me haces sentir. Pero últimamente he estado pensando en ti, en nosotros, en todo lo que intentamos sostener aunque se nos caiga entre las manos. Y mientras tanto, nos movemos despacio. Tan despacio... que el corazón late rápido, como si corriera para no quedarse atrás.
He soñado tantas veces contigo, con nosotros. Con un futuro que parece promesa y condena al mismo tiempo. Pero despierto, y la selva está ahí. Creciendo en mi cabeza. Enredando cada pensamiento, cada deseo.
Mi amor está perdido. Lo siento por esto, nunca quise herirnos. Nunca quise que doliera así.
—Pero tú te lo buscaste...
Eres complicado, un laberinto sin salida. Y mientras más intento entenderte, más me pierdo en mi cabeza. Llena de sombras, ruido, gritos que nadie escucha. Una selva donde el amor se desgasta, donde las palabras se ahogan, donde cada paso duele pero seguimos avanzando.
Aunque no haya mapa. Aunque no haya salida. Aunque no haya paz.
Pero mejor que no te importe demasiado si me ves llorando. Y dime que me extrañas un poco más, que las noches son más largas sin mi voz susurrando tu nombre. Dime que me necesitas ahora mismo, de todos modos y todos los días. Que no hay espacio para la duda ni la distancia. Y que mi voz alta es tu melodía favorita, que por eso me amas, me extrañas, me quieres y me necesitas. Porque yo también pienso lo mismo, por eso sigo esperando, esperando que me digas que somos solo tú y yo, sin nadie más.
Pero cierro los ojos, te veo en tú cama a las tantas de la madrugada, hablando con ella, cuando por el otro lado me diste las buenas noches hace 3 horas. Pero:
—¿Qué tan buenas fueron para ti?
Solo te veo a ti, a ella, en un banco a pocos metros de tu casa, abrazándola a la altura de tu corazón, besándola... La ficción es una cruda realidad.
—Me has engañado...
Tu amor era una broma cruel, y el remordimiento de haberte creído es el peor chiste que me has contado. No me quieres bien, me has abandonado. No estoy triste por mí, sino por ti. Ya no podré volver a quererte, y nadie pudo haberte querido más que yo. Maltrataste mi amor. Aún no sé si te quiero, pero ya no daría la vida por ti. No me interesa tu destino. Y algo dentro de mí me dice que podría haberte salvado, pero no quisiste salvarte.
—¿Por qué maltrataste mi amor?
Dices que me quieres un poco más, que mi ausencia te pesa como una melodía inconclusa. Pero en medio del caos hay dignidad en seguir sintiendo y por eso los dos sabemos que en este universo inmenso, en ese sueño eterno donde solo existíamos tú y yo, lo único que quieres es escucharme decirte, una vez más.
—A pesar de todo, te sigo queriendo...
Pero ¿y si muero antes de que vuelvas? Entonces confieso que hoy quiero morir. Lo haré en silencio para que no te enteres, lo haré sin lágrimas para que no se inunde el mundo, lo haré a solas para que Dios me perdone por seguir queriéndote a pesar de todas tus desgracias.
—Desgraciado...
Y después de todo, aparecerás tú con un ramo de orquídeas y me jurarás que me quieres. Cuando los dos sabemos que es mentira, porque ni me gustan las orquídeas ni me quieres, pero no podré rebatirlo. Por que lo único que nos quedarán serán los recuerdos. Y no habrá recuerdo que con lágrimas desaparezca, ni que por mucho que desees que vuelva. Porque si hay que morir, cariño, quiero morir siendo olvidada de todas las memorias sin llanto. No quiero que mi nombre salga de tu boca. No quiero revolcarme en mi tumba cada vez que me nombres, no quiero, para nada, nada de eso. Pero estaría mintiendo si dijera que no quiero, aunque sea un poco, que no me olvides. Que me recuerdes aunque sea un poco de tus días, como si aún existiera.
Porque mientras me recuerdes, yo sigo existiendo. No intento sonar bonita. Sueno rota.
.
.
.
A quienes alguna vez les fueron traicionaron: no fue tu culpa, ni te faltó amor. A veces el error está en quien no supo valorar la lealtad que tenía delante. Ojalá mis palabras te ayuden a entender que ser traicionado no te hace menos, al contrario: te recuerda que tu amor merece un corazón entero, no a medias.
ESTÁS LEYENDO
𝐃𝐞𝐬𝐠𝐚𝐫𝐫𝐨𝐬 𝐝𝐞𝐥 𝐀𝐥𝐦𝐚
AcakSoy escritora, no satisfecha con los sentimientos reales; ansiosa, me impongo a imaginarlos. Recuerdo todo a la perfección: mi corazón no tiene piedad. No puedo dormir, solo derramo sangre sobre el papel. No sé si eso me hace buena o mala persona. N...
