Se valiente migajera

31 3 0
                                        


Anoche soñé con la que se queda con lo poco,

y yo que me quedo con otra igual.

A veces te sueño sin querer.

Otras veces lo hago a propósito, como si poner tú nombre en mi mente fuera una forma de convocarte. No sé si te pasa lo mismo... Si alguna vez, cuando ya tuviste un par de copas, pensás en llamarme. Yo sí. Lo hago siempre. 

Hay algo en las madrugadas que me desarma la razón, que me vuelven las ganas más sinceras.
Una canción vieja, la misma de siempre, empieza a sonar...

—Porque yo la pongo—, y la dejo girar una y otra vez, hasta que me quedo dormido con el vaso a medio vaciar y el pecho a punto de explotar.

No sé si este sentimiento fluye en ambos sentidos. Tal vez sí. Tal vez no. Pero por si acaso, dejaré la puerta abierta por si te da por volverme a rogar, como si no supiera que un día vas a tocar.

Me pregunto si todavía tenés color en las mejillas cuando pensás en mí, si seguís frunciendo el ceño cuando algo te gusta demasiado. Si tu corazón sigue abierto, y si todavía tengo el código para entrar.

—De seguro que si, porque lo nuestro...

Lo nuestro fue eso que no se dice en voz alta, pero se escucha con claridad entre susurros y silencios mal cortados. Fue ese "te quiero" que se nos quedó atorado en el borde de los labios, que nunca se dijo, pero se insinuó cada vez que uno de los dos se iba.

Y ahora estoy acá. Pero no me ves, porque no me dejo ver...

Otra vez. Arrastrándome de vuelta a vos. Y a esta costumbre de pensarte cuando ya no tengo a quién mentirle. A este deseo de saber si todavía querés que me quede. Si todavía hay algo de nosotros que valga la pena desvelar.

No te voy a mentir: sigo estando demasiado ocupado siendo tuyo como para enamorarme de alguien más.

—Pero te confesaré algo más, no te enojes ¿si? Hay alguien más. 

Al menos soy sincero, porque no soy el típico narrador idealizado. Soy humano. Pero se que vos sos mi debilidad, y aunque no lo digas, yo sé que yo también.

Entonces, si todavía hay secretos que no se rompieron, si hay melodías que te recuerdan a mí, decime, rogáme, ven a verme, se valiente migajera y traiciónate a ti misma... volvé a buscarme.

Porque yo quiero saberlo. Y si no lo decís, igual lo voy a saber, y así vuelvo a vos y dejo de seguir arrastrándome de vuelta a vos... porque solo sos vos... juro que hasta que me abras la puerta.
O hasta que me la cierres de una vez.

Y si algún día te preguntás por qué nunca me dejé de volver, es porque en algún rincón tuyo siempre hubo lugar para mí, aunque sea en secreto, aunque sea con culpa. Lo nuestro no murió: simplemente lo escondí, esperando tener el coraje de volver a nombrarlo otra vez, pero vos eso ya lo hacés, lo se, por eso acá estoy yo, como un valiente, diciéndote que no me alcanza con las migas, pero igual las junto, como quien junta cenizas con la esperanza de un fuego.

Porque aún cuando estás lejos, estás en todo. En la taza del café que se enfría sola, en las películas que no termino, en los mensajes que borro antes de enviar.

Sos mi pausa y mi vértigo.
Sos ese nombre que me repito en silencio para no olvidarlo, y pa vos...soy ese error que repetirías mil veces, aunque sepas cómo me iría. Porque te hice ser mejor, no por amor, sino por falta de el, te vi rota en mi reflejo, y yo aprendí a recogerme con mis propias manos, por eso no me guardas rencor, aunque tampoco ganas de volver.

Por eso no quiero que me quieras por lástima, ni por nostalgia. Quiero que me quieras con ganas. Con hambre. Como cuando uno vuelve a casa después de haberse perdido.

Y si no es así, si ya no hay más, entonces mentímelo, mentímelo bien migajera. Mentímelo con fuerza, que parezca que de verdad me olvidaste. Mentímelo con convicción, cerrame la puerta de un portazo, y dejame afuera llorando para siempre.

Porque yo ya no sé quedarme a medias, porque te dejé a medias... Aunque ya no puedo seguir volviendo si no hay nadie esperándome. Capaz vuelvo a ti... pero solo si todavía te tiembla el pulso al escuchar mi nombre, si algo dentro tuyo todavía se rompe cuando pensás en mí, entonces humillate. Pero no escribas. No expliques.

—Solo volvé.

Volvé con el abrigo a medio poner, con el miedo en los ojos y el amor entre los dedos. Volvé como se vuelve a lo inevitable. Como se vuelve al amor, aunque sabés que va a doler.

—Te va a doler.

Porque si vos volvés, yo me dejo volver. Y te juro que esta vez, si abrís la puerta, entro... y no me voy más, digo, no me iré hasta dentro de un mes. Ya aprendí la lección... pero todavía no aprendí amar como vos te merecés, pero te quiero de verdad. Y aunque no alcanza, te basta para quedarte escribiendo en voz baja con el vaso a medio vaciar.

.

.

.

Nos vemos en el siguiente escrito💋

Instagram/tick tock: sabiandupont

𝐃𝐞𝐬𝐠𝐚𝐫𝐫𝐨𝐬 𝐝𝐞𝐥 𝐀𝐥𝐦𝐚Donde viven las historias. Descúbrelo ahora