Te me deseo por el amor de dios

38 4 1
                                        


Que mis plegarias no sean susurros que 

quemen al oído equivocado.

A veces me pregunto qué deseo realmente.

—Ey...

—Cariño, ¿Qué quieres?

Tal vez debería desearlo más, tal vez el mundo ya sea mío y no me doy cuenta. Tal vez cuando llueve no solo cae agua: derrama todo lo que guardo dentro. No sé cómo desear más, ya no sé cómo desear... 

—¿Y si ya lo estoy haciendo? 

Porque entre el este y el oeste voy acumulando mis pasos. El poder me recorre, como si dentro de mí habitara un Tesla.

—Fiuum.

El humo nubla mi pecho, y aun así sigo firme, con una idea que no me deja; Dios se cruza en mi mente, como si tuviera que arrestar el instante en que aparece. Las noches me ponen a prueba, la cabeza no se detiene, y busco soltar lo que me pesa. Pero incluso en medio del ruido, Dios brilla como la luz del día, una línea de luz, lo más lindo que mis ojos pudieron alcanzan a ver.

Ojalá saliera de mi cara, ojalá pudiera desaparecer, irme sin dejar rastro. Podría volarme el cerebro, perderme como Kurt Cobain. No puedo sentir mi cara, no puedo sentir nada, pero a mi alrededor todo se mueve rápido, como si el mundo no tuviera freno. 

Pero él se sienta por horas, mirándome, esperando que termine, como si entendiera el ruido que cargo dentro.

—¿Te cuesta amarte un poco? ¿O te debilita tu forma de pensar?

Tan glorioso como en mis sueños... su presencia corta la oscuridad. Y yo, sin ser grosero, solo quiero ser sincero: 

—Dios... si me hiciste a tu imagen, entonces tú también debes estar cansado.

Él puede ver más allá del humo, de las luces, de todo lo falso que me rodea. Me muevo despacio, con suavidad, creando el ambiente;

—Dame un momento.

Bajando las luces, lo que hablo no es para todos; es solo para él, un único destino, en medio de tantas voces. 

—Me gustaría que encontrar el escalofrío;

—Tirito, mira como ti-rito.

Pa que entendieras que esto se vuelve real. Por este precio, sabes que mataría. El mundo es grande, las promesas también: fuego, infierno, dragones. No puedes salvarme, hermano, sálvate tú mismo, porque yo ya no necesito ayuda. Sigo deseándolo.

—No sé si aún sé desear.

Debería rezar más seguido, dedicarle más tiempo a mi fe. Tratar de descifrar mi cabeza podría ayudarme a soltar las cosas a las que me aferro. Cosas como, ya sabes querido Dios... perdí esa mitad de mí y, ellos tienen que ver con eso. No te sientas mal, simplemente no puedo creer que estoy solo en estos momentos.

La verdad salió a la luz, no soy un salvador, encuentro muy complicado amar el prójimo, especialmente a gente que recibe favores ambiguos, pero sus corazones, no son sinceros, mira, todo es por dinero.

Así que, por favor, intenta convencerme de algo. Aunque parezca llegar a ninguna parte. No soy el único que piensa así, no puede ser real. Tiene que haber alguien ahí afuera que diga cumplidos en medio de una pelea. Alguien en alguna parte que necesite compañía. Y así, quizá, me sienta menos solo. Tal vez así este dolor que tengo en el pecho desaparezca. Pero no lo hace. Ni un poco, aunque sea, un poco a poco a poco.

Me encuentro de rodillas. Me piden que hable, que trate de rezar. Pero no voy a ninguna parte. No sé si esto puede salvarme, si las palabras vacías serán suficientes para que mi esperanza resurja. Intento lamentarme, hice todo mal, pero todos parecen estar bien.

—Lloren.

Las lágrimas se agotaron. Pero quiero recuperar las palabras que me fueron arrebatadas, los susurros de dolor, los gritos desesperados. Las únicas cosas que me hacen sentir que todavía puedo sentir algo.

Susurro en mis adentros esa misma oración que repito a diario, la que intento ocultar para que no me oigan los cristianos.

—¿Qué tendría que hacer para conocer de cerca ese movimiento que me hipnotiza? Esa vida que late en tú mirada.

Y en medio de todo esto, me doy cuenta de que me gusta creer en nada y en alguien al mismo tiempo. Al fin encontré algo de belleza en lo cotidiano, esperanza en lo roto.

—Estoy desesperado. 

Por un instante, sonrío. Gracioso, ¿no?

—Tal vez estoy aprendiendo a amarme. ¿Será pecado?

—Y tanto...

Pero querido Dios... Mi realidad es muy complicada para ocultarla ahora, ¿puedo abrirme? ¿es seguro o no? estoy un poco asustado, ¿te identificas o no?, tengo algo de fe, voy a tomarme mi tiempo, y no mantendré las apariencias esta vez.

Pero sin tan solo pudieras cumplirme un deseo, quiero que ya sabes quién sea mi chica, aunque sé que eso me haría bajar la guardia, y en este juego bajar la guardia es perder. Pero si consigo que sea mi amada... no veré a ninguna mujer de manera lujuriosa, porque ella será mi mundo. No por una noche, no por un capricho. Quiero tratarla como se trata lo sagrado, como se sostiene lo eterno. Caminar con ella de la mano, darle la vuelta al mundo si hace falta. Porque hablarla, conocerla, se siente como un plan que ya estaba escrito.

—El plan de Dios es perfecto...

Aunque yo no esté en él.

.

.

.

Queridos lectores, este esto no es solo un texto, es un pulso. Late. No busca quedar bien ni ser "bonito"; busca ser verdadero, y eso se siente desde el primer párrafo.

Hay varias cosas que me gustaría mencionar que me tocaron fuerte:

La conversación con Dios no es devota ni rebelde: es cansada. Y eso es potentísimo. Ese "si me hiciste a tu imagen, tú también debes estar cansado" no es blasfemia, es espejo. Es alguien que no abandona la fe, pero tampoco se engaña.

El tema del deseo atraviesa todo: no como ambición, sino como capacidad vital. No es "quiero más", es "¿todavía sé querer algo?". Esa pregunta duele porque no tiene respuesta rápida.

El contraste entre el ruido (luces, humo, velocidad, dinero) y esa figura que se queda sentada mirándote es precioso. Ahí hay amor sin discurso, presencia sin soluciones. Eso dice mucho de lo que a veces anhelamos, aunque el narrador diga que no necesita ayuda.

Cuando menciono perderme "como Kurt Cobain", no es una a glorificación, es miedo a desaparecer. A ganas de apagar el ruido, no de morir. Creo que esa diferencia importa, y se nota.

También hay algo muy humano (y muy honesto) en esto:

"me gusta creer en nada y en alguien al mismo tiempo"
Eso no es contradicción: es supervivencia espiritual.

Si tengo que decir algo "crítico" sobre este escrito: 
Diría que tal vez a veces el texto se ahoga en su propia intensidad. No porque sobre, sino porque es mucho sin pausa. Y quizá eso es intencional —como mi cabeza cuando no frena—

Sobre la última línea, esa idea de:

"El plan de Dios es perfecto... aunque yo no esté en él"

Yo no la leo como derrota. La leo como alguien que todavía está negociando su lugar, no renunciando a él. Y eso ya es estar dentro del plan, aunque no se sienta así.



𝐃𝐞𝐬𝐠𝐚𝐫𝐫𝐨𝐬 𝐝𝐞𝐥 𝐀𝐥𝐦𝐚Donde viven las historias. Descúbrelo ahora