Sienna
No hay ninguna razón buena para ir a la casa del capo dei capi. Nunca. Jamás.
Con eso en la cabeza, comencé a juguetear con mis dedos nerviosamente. Tuve la intención de preguntarle a mi padre que qué ocurría, pero en cuanto me giré hacia él y vi la expresión inquieta en su rostro, aborté misión de inmediato.
Para mí, Julio Ferri era uno de los hombres más fuertes que conocía, y verlo así de agitado, hizo que mi ansiedad se multiplicara por mil.
Finalmente, luego de lo que se me antojó una eternidad de tiempo, llegamos a la casa de Giuseppe Marino. Los guardias de la entrada se fijaron en la matrícula del vehículo, y luego de hacer una pregunta por un radio, nos abrieron el portón de entrada a la mansión Marino.
El chofer condujo hasta la entrada de la mansión, mi padre se bajó del vehículo y mantuvo la puerta abierta para mí.
—Pase lo que pase, tienes que ser fuerte, ¿comprendes, la mia piccola? —Tragué grueso al oírlo decir el apelativo cariñoso que utilizaba cuando era una niña, y me limité a asentir con la cabeza—. De acuerdo. Entremos.
Codo a codo, avanzamos hasta que quedamos de pie ante la puerta de la casa del capo dei capi. Un segundo después, ésta se abrió, dejándonos frente a una mujer cincuentona.
—Somos los Ferri. El señor Marino nos ha llamado —informó mi padre.
—Por aquí —asintió la mujer.
Echamos a andar tras ella. La mansión era increíblemente espaciosa y estaba decorada con varias piezas de arte costosas. Honestamente, no me fijé demasiado en cómo era la mansión. No tenía cabeza para esas tonterías.
Luego de caminar un poco, quedamos frente a otra puerta. La mujer golpeó delicadamente la madera.
—Señor Marino, sus invitados han llegado —comunicó. Un breve momento después, la puerta se abrió.
Llevaba muchísimo tiempo sin ver al señor Marino, y me sorprendió lo agotado que se veía. Aún así, me esforcé en esbozar una pequeña sonrisa.
—Hola, Julio —saludó a mi padre—. Pequeña Sienna —se dirigió a mí—. Cómo has crecido. —Sonrió suavemente en mi dirección, y se hizo a un lado para dejarnos entrar a la que supuse que era su oficina—. Tomen asiento —indicó los sofás de cuero frente a su escritorio. Tanto mi padre como yo, obedecimos en silencio—. Muy bien... —murmuró, dejándose caer en la silla frente a nosotros—. Julio, ¿cómo te encuentras? —inquirió, inclinándose un poco hacia mi padre.
—No sé qué decirle, señor Marino —admitió el hombre junto a mí.
—¿No le has comentado nada a tu hija?
—Nada, señor.
Ambos hablaban como si yo no estuviese presente.
—Okay. —El señor Marino fijó sus ojos en mí—. Te cuento, Sienna. Nos vamos a aliar con la Bratva —dijo, como si fuese lo más normal del mundo.
—¿Y eso qué tiene que ver conmigo, señor Marino? —pregunté, tímidamente.
—Tiene que ver contigo, porque la alianza se realizará mediante un matrimonio... y tú serás la novia.
No.
No podía ser cierto.
¿Seguía dormida, verdad?
Yo... El aire se escapó de mis pulmones, y escuché el latido de mi corazón en mis oídos. El señor Marino no había dicho lo que creía, ¿verdad?
Era una locura. Yo era demasiado joven, y no era para nada material de esposa.
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La Alianza #1 [BORRADOR]
Romance🗡️Luego de que los eslovacos molestaran tanto a la Bratva como a la Cosa Nostra, el Capo dei capi le propone a Iván Sokolov, el pakhan más joven que ha tenido la mafia rusa, una alianza. 🗡️Y ahí es donde entra Sienna, una joven italiana que siempr...
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