23 | Obsesión

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Sienna

Santo cielo.

Las palabras de Iván me llevaron al límite, haciéndome experimentar el orgasmo más fuerte de toda mi vida. No dejó de mover sus dedos en mi interior hasta que bajé por completo de mi nube de placer.

Con la respiración acelerada, abrí los ojos. En la mirada de Iván el deseo era evidente y sonreí satisfecha.

Despacio, él deslizó sus dedos fuera de mí. El roce se sintió increíblemente bien, y no pude evitar sorprenderme otra vez por la química sexual tan buena que teníamos. Sí, supuse que Iván sería bueno en la cama. Era grande... de todos lados, estaba segura incluso sin haber visto su pene, y saltaba a la vista que el hombre era bueno en todo lo que hacía.

Su pantalón de chándal no dejaba mucho a la imaginación, después de todo, y, además, tenía esa seguridad en sí mismo que lo hacía irresistible. Que fuera bueno con las manos era un extra. Uno que acaba de disfrutar muchísimo.

Sin que dijera una palabra, Iván se agachó y me ayudó a subirme las bragas y el pantalón. Sorprendida ante la intimidad de dicha acción, dije:

—Gracias.

Él se limitó a gruñir en respuesta. Mi ceño se frunció inmediatamente.

—¿Qué te pasa? ¿Estás enojado?

Me cargó nuevamente hasta su habitación, sin responder a mi pregunta.

—Vamos, Iván. No seas inmaduro; dime qué te pasa —insistí, luego de que me recostara en el mismo lado de la cama en el que estaba antes.

Unos segundos de silencio pasaron entre nosotros antes de que, por fin, se acostara junto a mí admitiendo:

—Sí, Sienna. Estoy jodidamente enojado.

—¿Por qué?

¿Era porque no le había devuelto el favor? ¿Quería correrse también?

—¿Es porque no te corriste? —interrogué, sin molestarme en suavizar mis palabras.

El hombre había metido dos dedos en mí, no creí que fuera necesario ser pudorosa.

Iván soltó una risa carente de diversión.

—No, Koroleva: no estoy molesto por eso, aunque mi polla definitivamente lo está.

—¿Entonces?

Lentamente, giró su rostro en mi dirección y lo que vi en él sólo podía describirse con una palabra: salvaje. Lucía aterrador, y sabía que lo más normal sería que sintiera miedo, pero... mi mente perversa sólo podía repetir el momento que compartimos en el baño.

—Estoy furioso contigo, Sienna. O conmigo mismo. Genuinamente no lo sé —escupió con el ceño fruncido.

—¿Y cuál sería la razón de eso? —interrogué. La curiosidad era más fuerte que mis instintos de supervivencia.

—La razón —inició en tono mortal— es que me hiciste perder el control. Y malditamente detesto perder el control.

Su respuesta me dejó sin palabras. ¿Qué se suponía que le respondiera? ¿Qué significaban sus palabras, siquiera?

—No lo entiendo —confesé en un susurro. No quería romper la frágil intimidad que se había formado entre nosotros.

—Para ser quien soy, y estar en donde estoy —me explicó como si fuera una niña pequeña—, debes tener siempre el control de todo. De las personas que te rodean, de las cosas que harás, de ti mismo. Alexei una vez se atrevió a llamarme un maniático del control, y quizá tenga razón. —Su mirada se oscureció y dijo—: No soporto lo que haces en mí, Sienna —el desdén en sus palabras me hizo estremecer—. ¿Pero sabes qué soporto incluso menos?

La Alianza #1 [BORRADOR]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora