34 | El descubrimiento

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Sienna

La ansiedad recorría mi cuerpo frenéticamente mientras le daba los toques finales a mi cabello. Había llegado por fin la noche de la reunión.

Hacía una semana que me mudé a la habitación de Iván, y las cosas entre nosotros iban de maravilla. Despertar y dormir junto a él —y hacer cosas junto a él antes de dormir—, había hecho que cada vez nuestra relación se hiciera más fuerte. Y ya no se trataba sólo del hecho de que me había dicho que me amaba, sino de que me lo demostraba a diario.

Cuando estaba trabajando, me enviaba mensajes divertidos o me preguntaba qué tal mi día. Cuando iba a visitar a Elena, se preocupaba por ella porque sabía que la felicidad de mi hermana era importante para mí. Hablando sobre Elena, ella estaba cada día mejor.

Incluso, cuando le conté sobre nuestro gran avance con Iván, parecía genuinamente feliz por mí. A pesar de que seguía sin salir de su nueva casa, cada vez se parecía más a ella misma, y menos a ese cascarón vacío que quedó luego de que le dispararan.

Me gustaba tenerla de vuelta.

—¿Terminaste de acaparar nuestro baño? —preguntó la voz de Iván desde el otro lado de la puerta.

—¿Por qué no entras y lo descubres?

La puerta se abrió y me giré en su dirección. Vestido con un impresionante traje hecho a medida, mi esposo era la viva imagen del peligro y el pecado, y yo no podía sentirme más atraída hacia él. Saber que su personalidad era una dualidad entre el cabecilla de la mafia rusa, un despiadado asesino, y el hombre enamorado, dispuesto a hacer cualquier cosa por mí, era embriagante.

Era nuestro secreto. Sólo yo conocía esa parte de él.

—Te ves... —inició, sonando sin aliento— impresionante, Koroleva.

—Gracias —sonreí, divertida—. Tú tampoco te ves mal.

Aquel era el eufemismo del siglo. Parecía un verdadero modelo de Tom Ford, listo y dispuesto para posar frente a una cámara y ganar millones. A ver, millones ganaba, mas no posando frente a una cámara.

—Lo sé.

Rodé los ojos.

—Tú siempre tan humilde.

—¿Qué puedo decir? —se encogió de hombros y se acercó a mí.

En ese instante, me percaté de que traía una pequeña caja aterciopelada de color rojo entre sus manos.

—¿Qué es? —inquirí, apuntando la caja.

—Un regalo. Para ti —contestó, sin mirarme a los ojos.

A pesar de haberse abierto muchísimo más a mí, expresar sus emociones seguía sin resultarle del todo fácil. Lo notaba cada vez que miraba hacia otro lado cuando me decía lo mucho que me quería o que le gustaba estar junto a mí. En lo personal, me parecía de lo más adorable.

—¿De verdad? —Abrió la caja frente a mí, permitiéndome ver el hermoso collar dorado con la palabra «Koroleva» colgando elegantemente de él—. Wow, es... precioso.

—¿Eso significa que te gusta? —tanteó, sonando levemente nervioso.

—Significa que me encanta, uomo mio —confirmé, sonriente—. ¿Me lo colocas?

—Claro.

Me recogí cuidadosamente el cabello con las manos, permitiéndole total acceso a mi cuello, y me volteé hasta quedar frente al espejo. Iván sacó el collar de su caja.

—¿Qué significa eso que me llamaste? —cuestionó, mientras aseguraba el collar a mi nuca.

—¿Qué?, ¿uomo mio? —Asintió con la cabeza—. Es como... «mi hombre».

La Alianza #1 [BORRADOR]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora