Iván
Me moría de ganas de estampar mi boca contra la suya en ese mismo momento, pero sabía que no podía hacerlo. No, porque si lo hacía, estaba seguro de que no me bastaría con sólo besarla. Además, ¿querría ella lo mismo que yo? Por muy poco que me importara pasar por sobre los intereses de las personas, tocar a una mujer sin su consentimiento me daba escalofríos.
Y eso me llevó a preguntarme: Si quisiera llevar nuestro encuentro más allá, ¿Sienna me lo permitiría?
La última vez que hablamos sobre cómo sería nuestra vida sexual, ella se mostró reacia a intimar conmigo, pero, en ese instante, sus ojos decían una cosa muy distinta. El deseo brillaba en ellos, estaba seguro. Aun así, para asegurarme, pregunté:
—¿En qué estás pensando, Koroleva?
—En lo jodida que estoy —murmuró en respuesta.
—¿Jodida? ¿Por qué? —indagué.
El corazón me latía a toda velocidad.
—Porque —inició, mirándome con odio—, por mucho que lo deteste, tu maldito castigo suena más apetecible de lo que debería, Iván. Y si eso no significa que estoy jodida...
Interrumpí su frase poniéndome a horcajadas sobre ella, con cuidado de no tocar sus rodillas para evitar provocarle dolor.
—¡¿Pero qué...?! —se sobresaltó ante mi inesperado movimiento.
—¿Así que tu castigo suena apetecible? —cuestioné en tono mortal.
Sienna entrecerró sus ojos en mi dirección y alzó la barbilla en gesto desafiante. Maldita mierda, eso solo logró excitarme más de lo que ya estaba. Ella había jodidamente admitido que la idea de tener mis dedos en su interior le gustaba, y yo no estaba seguro de poder seguir conteniéndome.
—Sí. ¿Y qué? —me desafió.
—Un castigo no debe ser apetecible, Koroleva. —Chasqueé la lengua, a la vez que negaba con la cabeza.
Acerqué mi rostro al suyo con la intención de besarla. Justo cuando mis labios rozaron los suyos y un rayo de adrenalina corrió por mis venas, el timbre de llamada de mi celular arruinó por completo el momento que estábamos compartiendo.
De mala gana, me separé de Sienna y extendí mi brazo hasta dar con el puto aparato. Por mucho que me hubiera gustado ignorar la llamada y continuar en lo que estaba con mi esposa, no podía darme ese pequeño lujo, ya que los putos eslovacos habían atacado ese mismo día y ya no tenía ni ganas ni tiempo de seguir siendo permisivo con esas ratas. Entre antes acabara con esos pedazos de mierda, antes podría concentrarme en cosas verdaderamente importantes. Como Sienna.
—¿Qué? —contesté, luego de ver que era Alexei quien llamaba.
—Primero, voy de camino a la casa de los Ferri para dejar a Elena —informó—. Segundo... ¿Vas a decirme qué pasó?
—Un atentado. Contra Sienna —respondí entre dientes. El simple recordatorio de lo ocurrido esa tarde me revolvía todo por dentro, sin que pudiera evitarlo.
—¿Eslovacos?
—Sí —confirmé en un gruñido.
—Sukiny deti —«Hijos de puta»—. ¿Qué vamos a hacer? Esta mierda ya se nos está saliendo de las manos, hermano. Sé que dijiste que quieres una guerra, pero si sigues esperando puede que quien reciba una bala la próxima vez no sea la hermana de Sienna, sino...
—Detente —ordené, intentando mantener la rabia que me provocaba dicha insinuación a raya. Sienna estaba junto a mí y no quería que me viera perder el control. Además, era Alexei con quien estaba hablando y por mucho que odiara que pusieran en duda mis decisiones, tenía que admitir que tenía un poco de razón... aunque jamás se lo diría—. Llama a Marino. Quiero una reunión lo antes posible con él.
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La Alianza #1 [BORRADOR]
Romance🗡️Luego de que los eslovacos molestaran tanto a la Bratva como a la Cosa Nostra, el Capo dei capi le propone a Iván Sokolov, el pakhan más joven que ha tenido la mafia rusa, una alianza. 🗡️Y ahí es donde entra Sienna, una joven italiana que siempr...
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