8 | Comprometido

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Iván

Me había hecho tanta gracia ver a Sienna amenazándome con una navaja, que seguía repitiendo la escena en mi cabeza incluso dos días después del hecho.

Era realmente estúpido por su parte creer que, con una mísera navaja, podría deshacerse de mí.

Divertido, recibí a todos los hombres de mi círculo cercano en cuanto entraron a la sala de reuniones. Era lunes, y los había convocado a todos a una reunión, para contarles sobre el acuerdo con los italianos y, a la vez, sobre mi inminente compromiso.

Alexei, Kirill, Gabril, Vladimir y Dominic me dedicaron un inclinamiento de cabeza a modo de saludo.

—Tomen asiento —ordené. Una vez todos se sentaron, comencé a hablar—. Iré al grano: formaremos una alianza con los italianos. —Pude ver las expresiones serias de mis hombres flaquear por un momento –excepto la de mi hermano, que ya sabía de eso–, pero ninguno dijo nada—. Es un tratado que beneficia a ambas mafias y, además, nos servirá para ir como un frente unido contra los eslovacos. —El silencio reinaba en la sala de reuniones—. Giuseppe Marino y yo, también, acordamos que la mejor forma de llevar a cabo este acuerdo es mediante un matrimonio entre una italiana y un ruso.

—¿Y quién será el desafortunado, jefe? —inquirió Dominic, el encargado del tráfico de armas.

Esbozando una pequeña sonrisa siniestra, contesté:

—Yo.

—¡¿Qué?! —exclamó mi hermano, girándose bruscamente hacia mí.

Los demás se quedaron en silencio, demasiado perplejos para hablar.

—Como lo oyes, Alexei. Me casaré yo. El próximo lunes.

—No... Tú no estás hablando en serio, debe de ser una broma —habló, mirándome fijamente.

—¿Soy de hacer bromas? —Alcé una ceja en su dirección, a la vez que él negaba con la cabeza—. Exactamente.

—Pero, Iván...

—Basta —dije con tono firme—. Eso era todo lo que quería contarles. Los espero en la iglesia la próxima semana. Les mandaré la dirección exacta durante estos días. Pueden marcharse todos... menos tú, Alexei.

Todos se levantaron y se marcharon. Una vez que mi hermano y yo nos quedamos solos, lo miré molesto.

—Última vez que me cuestionas frente a mis hombres, ¿está claro?

—Sí, jefe —respondió entre dientes.

Dejé escapar un suspiro cansado y me pellizqué el puente de la nariz.

—Eres mi hermano, y te aprecio como la mierda, pero que me cuestiones es algo que no puedo tolerar.

—Ya, está bien, lo siento —se disculpó—. Es sólo que... ¿Tú, casándote? ¿En serio? Es más probable que caiga un meteorito sobre la tierra.

—Sí, voy a casarme en serio —confirmé—. Piénsalo: las probabilidades de que me casara por amor eran nulas, y tener una esposa en mi posición es importante. Necesito herederos.

—Ya... Sigue siendo shockeante.

Ignorando su comentario, seguí hablando.

—Una cosa más: serás mi padrino. Así que consíguete un traje decente.

—Tendré el mejor traje del mundo para tu día especial, campeón —replicó con una sonrisa comemierda.

—Vete antes de que se me olvide que eres mi hermano.

La Alianza #1 [BORRADOR]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora