18 | Las garras del monstruo

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Sienna

Me senté en mi cama y miré fijamente la marca roja en mi muñeca. Iván me había lastimado. Prometió no hacerlo y, aun así...

Negué con la cabeza y suspiré. Me levanté, fui a darme una ducha y lavé mis dientes, repitiendo las palabras de Iván.

«Lo siento»

«Fue sin querer»

Quise creerle, realmente, pero no podía. Lo había hecho cuando dijo que no me iba a hacer daño y quebró mi confianza. Por más que fuese sin querer...

«Los accidentes pasan», dijo mi conciencia.

Mientras pasaba una camiseta larga por mi cabeza, reflexioné sobre todo. La boda, el almuerzo, la fiesta. El hombre era un arma viviente, y como él mismo había dicho: yo seguía olvidándolo. Pero, ¿cómo no olvidarlo si, frente a mí, no era nada más que un hombre normal y corriente? Un hombre corriente que te dejó roja la muñeca de un simple agarre.

Agobiada, agarré mi celular y llamé a Elena.

—Sisi, ¿te encuentras bien? —Su respuesta fue inmediata y con tono preocupado.

Negué con la cabeza, sabiendo que ella no podía verme.

—No —admití con la voz temblorosa.

Oí movimiento del otro lado de la línea, como si se estuviese levantando de la cama o algo.

—¡¿Qué pasó?! ¡¿Estás herida?!

—Necesito verte —murmuré.

—¿Ahora?, ¿quieres que vaya?

Diablos, sí. Quería a Lena junto a mí, abrazándome mientras compartíamos un litro de helado. Pero... ¿podía? Aquella era mi casa también, no obstante, seguía sin sentirse como tal. Además, era bien entrada la noche y no quería arriesgar a mi hermana.

—Sienna, por favor, no te quedes callada, porque estoy a punto de volverme loca aquí, sin saber qué rayos sucede —sonaba exasperada, y me sentí mal por preocuparla.

—Estoy bien... creo. Es sólo que..., no lo sé, han pasado demasiadas cosas y necesito desahogarme, y te extraño y... —Me quedé sin aire y los ojos empezaron a escocerme. Mierda, iba a llorar, y eso no me gustaba para nada.

—Cálmate, Sisi, y cuéntame qué ha ocurrido.

Sus palabras pacíficas me transmitieron la calma suficiente para comenzar a contarle todo. El encuentro en el campo de tiro y nuestra conversación, el almuerzo en el Káylum, el almuerzo junto a Katia en el cual me recordó su reputación, la fiesta de los Smirnov y...

—Nos subimos a la limusina y me pidió disculpas por lo de la muñeca. Luego dijo que fue sin querer, pero yo ya no sé qué creer, Lena. Estoy confundida y, a ratos, aterrorizada. También estoy confundida, porque muchas veces se mostró como un hombre serio sin más, no como el asesino a sangre fría que es. Entré en confianza y dije comentarios mordaces por los cuales pudo haberme rajado el cuello. Pero, apenas las palabras salían de mi boca, me arrepentía, cayendo en cuenta de lo que ya te dije: Iván puede matarme en cualquier momento, porque carece de sentimientos.

Me detuve, ya que la mezcla de sentimientos que viajaba por mi torrente sanguíneo era demasiado intenso, demasiado insoportable.

—Sisi... —se lamentó—. Él no va a matarte. No sé si tiene sentimientos o no, pero si de algo estoy segura, es de que no te matará. Es el jefe de una mafia, ¿crees que aceptaría una alianza para romperla por un simple arrebato de ira? —Silencio—. La respuesta es no. Además...

La Alianza #1 [BORRADOR]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora