Sienna
Desperté al sentir cómo el lado de la cama junto a mí se hundía. Sobresaltada, me volteé en dirección al movimiento y mi respiración se tranquilizó al reparar en Iván. Sólo era él.
—Lamento haberte despertado —murmuró, acostándose de lado para poder mirarme.
—No pasa nada —le quité importancia—. ¿Qué hora es?
—Las once y media. Dormiste toda la tarde, Koroleva.
—Vaya... Sí que necesitaba descansar.
Él asintió con la cabeza, dándome la razón, y posteriormente nos sumimos en un silencio cómodo. Tranquilo. Un silencio en el cual conversábamos sin necesidad de decir palabra alguna.
—¿Quieres hablar sobre eso? —inquirió con cautela.
Mi corazón se aceleró peligrosamente ante el simple recuerdo de lo que me pasó.
—No estoy lista todavía —admití—. Puede que me tome un tiempo estarlo.
—Puedo buscarte un psicólogo... Si quieres —propuso, un tanto inseguro. Como si no supiera si era correcto ofrecérmelo—. Dicen que ayuda a superar..., ya sabes, cosas.
Al oírlo hablar con tal inseguridad no pude hacer más que echarme a reír. Para alguien como él, era demasiado adorable la mayor parte del tiempo conmigo.
—Lo agradecería mucho, Iván.
Extendió una de sus manos hacia mi rostro y, acariciándome la barbilla, me dijo:
—No es nada. Dime el día y la hora, y lo tendrás ahí.
—Te amo —le susurré, incapaz de pensar o sentir otra cosa—. Lamento haber tardado en corresponderte.
—Te lo dije antes: puedo esperarte todo el tiempo que necesites.
—Dios, Iván: cada cosa que sale de tu boca hace que te ame más. Es como... No lo sé; cada vez que te miro mi corazón se salta un latido. Siento que... contigo puedo hacer cualquier cosa.
—Me siento exactamente igual, Koroleva. —Se arrastró por el colchón y se acercó más a mí—. Antes de conocerte, pensaba que era el hombre más poderoso del mundo. Que nadie podría derrotarme, porque tenía un imperio a mis pies. —Me besó con cuidado los labios antes de proseguir—: Pero ahora me doy cuenta de que estaba equivocado. No era más que un cascarón de mí mismo hasta que te conocí.
Juro que iba a morir de amor.
Jamás pensé que llegaría enamorarme, mucho menos que lo haría en un matrimonio arreglado. Esas cosas tienden a salir mal, con dos personas que ni siquiera se hablan y que sólo se utilizan mutuamente para conseguir dinero y herederos. Y pensé que Iván y yo seríamos uno de esos tantos casos de la mafia, pero me equivoqué.
Siempre quise enamorarme, y ahora que lo hice, me sentí mucho mejor de lo que pensé que me sentiría. Y era extraño, porque no supe en qué momento lo hice, sólo sabía que, el momento en el que me di cuenta de que amaba a Iván, fue a la vez el mejor y el peor momento de toda mi vida. El peor, porque estaba secuestrada y siendo torturada. El mejor, porque me enteré de que lo amaba. De que quería formar una familia con él.
Y ahora allí estábamos, los dos acostados cara a cara en nuestra cama, en nuestra habitación, en nuestro hogar. Y la idea de que esa fuera nuestra rutina por el resto de nuestras vidas no me molestó ni un poco.
—Me gusta que seas lo último que veo por las noches y lo primero que veo en las mañanas —confesé.
—Me gusta que estemos en la misma página, cariño.
Acarició con suavidad mi rostro y se detuvo en mi boca para delinear mis labios.
—Háblame.
—¿Sobre qué?
—Cualquier cosa. Me gusta escuchar tu voz.
Solté una risilla divertida.
—Eres un romántico.
—Sólo por ti.
Negué con la cabeza, más que fascinada con mi marido.
—Bien... ¿Qué te puedo contar? —Lo pensé unos segundos hasta que di con el tema ideal—: ¿Recuerdas que te dije que siempre he querido ser un ejemplo para las demás mujeres de la mafia? —Asintió con la cabeza, pasando con tanta suavidad su mano por mi brazo, que ni uno sólo de mis cortes ardió—. Pues, después de lo que pasó yo... No sé, no me sentía segura yendo a misiones, reuniones y cosas así. Se lo conté a Elena en el hospital. —Inhalando y exhalando profundamente para evitar llorar, continué—: Quise renunciar a todo eso, pero me detuvo y me dio una muy buena idea. Una mejor de lo que jamás se me habría ocurrido.
—¿Qué idea?
—Abrir una academia. Sólo para mujeres. Algo así como una zona neutral en la que todas las mujeres de todas las mafias puedan ir a entrenar, a aprender sobre los distintos negocios y campos de la misma mafia.
—¿Como un internado?
—Exacto. Podríamos cobrar, ¿sabes?
—Suena genial —me sonrió—. Sigue hablando.
—¡¿Pero de qué?! —reí—. ¡No ha pasado mucho más en mi vida!
—Cuéntame sobre tu infancia, un cuento, qué sé yo. Cualquier cosa me sirve, Koroleva.
—Mh...
Al principio, me costó saber sobre qué hablar. Luego, me dejé llevar y le conté sobre mis actividades favoritas de cuando era pequeña, sobre mi viaje a Roma con Renzo como guía, sobre mis mascotas... Le conté sobre mi vida y él, a petición mía, me contó sobre la suya.
Y así, durante horas, hablamos sobre temas triviales, nos contamos anécdotas del pasado, nos reímos y nos conocimos más. Disfrutamos de la compañía del otro y de la magia de las cosas simples.
De paso, me contó qué hizo durante ese rato que me dejó junto a Elena en el hospital. Y no voy a negarlo, escuchar a Iván decir que había torturado hasta la muerte a Gabril, más que perturbarme, me alivió. Me hizo sentir que esa gran amenaza contra mi vida ya no podía hacerme daño, y se lo agradecí. También,
No sé cuánto rato exactamente pasamos así, pero para cuando el sueño llegó a nosotros, ya estaba por amanecer. Y no pudo importarme menos no haber dormido lo suficiente a la mañana siguiente, porque estaba convencida de que jamás olvidaría aquella noche.
La noche en la que por fin Iván y yo iniciamos nuestra propia rutina nocturna marital.
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La Alianza #1 [BORRADOR]
Romance🗡️Luego de que los eslovacos molestaran tanto a la Bratva como a la Cosa Nostra, el Capo dei capi le propone a Iván Sokolov, el pakhan más joven que ha tenido la mafia rusa, una alianza. 🗡️Y ahí es donde entra Sienna, una joven italiana que siempr...
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