Sienna
Hace una semana que Iván y yo nos casamos por segunda vez. Que nos dijimos «sí quiero», queriendo genuinamente. Amándonos.
Y hace un año que nació Isabella, nuestra hija. Con los ojos azules de su padre y mi cabello castaño, nuestra pequeña no puede ser una mejor mezcla de nosotros dos. Es nuestro mundo desde que la vimos por primera vez.
Pienso en ella mientras termino de recogerme mi cabello en un moño ordenadamente desordenado, a la espera de que Iván salga del baño y comience a alistarse. Estamos en nuestra luna de miel —la primera que tenemos, teniendo en cuenta que la primera vez que nos casamos apenas y nos hablábamos— y yo no puedo más con la alegría. Río de Janeiro es un lugar hermoso y feliz, y me encanta.
Cuando vi a mi marido arrodillado hace dos años, no podía esperar a que este momento llegara. En el fondo, siempre fui una romántica empedernida, y no casarme por amor me habría dolido toda la vida. Pero, contra todo pronóstico, me casé y luego me enamoré de mi esposo. Y aunque lo hicimos todo al revés, las cosas resultaron bien para nosotros.
Veo a Iván salir con una toalla envuelta en sus caderas y no puedo evitar sonrojarme al pensar en lo que hay debajo. Con él, no solo he descubierto el amor, sino que también me he descubierto a mí misma y a mi cuerpo. Ambos hemos descubierto este último, he de admitir.
—Te ves hermosa, Koroleva. Eres hermosa —dice, acercándose a mí para luego depositar un beso en mi cabeza.
—Tú tampoco estás mal, no puedo quejarme.
Con esa delicadeza que siempre tiene cuando se trata de tocarme, Iván envuelve una de sus manos en mi cuello y me obliga a mirarlo a los ojos.
—Te casaste conmigo por voluntad propia. Me has dejado enterrarme hasta el fondo en ti. Tuvimos una hija juntos. Claramente no puedes quejarte.
Dicho eso, me da un beso casto en los labios y se separa de mí, yéndose en dirección a su maleta.
Maldito. Sabe el efecto que tiene en mí y no duda en usarlo.
Y prometo que, de no ser por que tenemos una reserva en un restaurante que me hace mucha ilusión conocer, lo habría hecho terminar lo que empezó.
Me parecía increíble lo mucho que nuestra dinámica había ido cambiando a lo largo del tiempo. A mis veintidós, jamás me habría imaginado todo lo que terminaría sintiendo por Iván. Quiero decir, yo odiaba a este hombre. Pensaba cada día en el momento en el que podría ser libre de él. Y ahora... Ahora lo único que quiero es pasar el resto de mis días a su lado, junto a nuestra hija, y ¿quién sabe? Quizá teniendo más hijos.
Al principio, recuerdo que a Iván le daba miedo todo el tema de la paternidad, sobre todo, le aterraba la posibilidad de ser como su padre. Sin embargo, me he estado encargando de que se dé cuenta de lo gran papá que es. Es atento, cariñoso y todo podemos ver en su mirada cuánto ama a Isabella. Creo que al verlo por primera vez cargando a nuestra niña, volví a enamorarme perdidamente de él.
—¿En qué tanto piensas, mi vida?
Volviendo a la realidad, reparo en que él ya está con su traje puesto, tendiéndome su corbata.
—En nada. —Alza una ceja y sonrío mientras me levanto para comenzar a ajustarle la corbata—. En nosotros. En todo lo que hemos cambiado.
—¿Ah, sí?
Asintiendo, añado:
—En lo buen padre que eres.
Termino de ajustarle la corbata y, dándole un leve beso en el cuello, doy un paso atrás para admirar a mi marido en todo su esplendor.
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La Alianza #1 [BORRADOR]
Romance🗡️Luego de que los eslovacos molestaran tanto a la Bratva como a la Cosa Nostra, el Capo dei capi le propone a Iván Sokolov, el pakhan más joven que ha tenido la mafia rusa, una alianza. 🗡️Y ahí es donde entra Sienna, una joven italiana que siempr...
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