43 | Si ya no te gusta el destino, cambia de dirección

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Sienna

Habían pasado muchas cosas en muy poco tiempo.

Me sentía cansada, adolorida y abrumada, pero realmente quería estar con Elena. Tal vez, hablar con ella me ayudaría a aliviar el peso que oprimía mi pecho. Quizá desahogarme con ella, la persona más incondicional que había conocido en mi vida, me ayudaría a sanar, aunque fuera un poco.

—Dios santo, Sisi —habló, luego de unos minutos de silencio en los que simplemente nos miramos fijamente. Procesando, aceptando lo que había sucedido.

Quise mantenerme fuerte y decirle que no se preocupara tanto, pero fui incapaz. De mis labios no salió más que un quejido roto, mientras que mis ojos se llenaron de lágrimas que me fue imposible contener.

No había llorado frente a Iván porque sabía que todavía tenía cosas que resolver, que debía concentrarse y estar alerta. No obstante, con Elena la historia era distinta. Con ella podía llorar y gritar todo lo que necesitara. Y, en cuanto el primer sollozo abandonó mi cuerpo, sus brazos me envolvieron cuidadosamente, sosteniéndome para que mis pedazos rotos no se esparcieran por todos lados.

—Ya, hermanita... Estás a salvo. Estás bien... —me calmó, como siempre lo había hecho—. Estás conmigo, nada te pasará. Lo prometo.

Seguí llorando, con la cara enterrada en su cuello, hasta que me quedé sin lágrimas. Hasta que los últimos resquicios del miedo abandonaron mi cuerpo. El trauma que viví no se iría, probablemente, en un buen tiempo, pero ahí, abrazada a mi hermana, me sentía segura.

Mi hermana se separó de mí para verme a los ojos y preguntar:

—¿Quieres hablar conmigo sobre lo que pasó?

Sonaba sincera, pero sabía que no le haría para nada bien saberlo. De por sí, a Elena le daban pánico los hombres grandes o con armas. ¿Para qué contarle algo que podría aterrorizarla más?

—No —repliqué con voz ronca.

—¿Y sobre cómo te sientes al respecto? —intentó desde un ángulo diferente.

Eso sí... me gustaba un poco más.

—Siento como si tuviera un montón de emociones dentro —dije—. Siento miedo, dolor y... confusión.

—¿Confusión? —repitió con cuidado, sin entender a lo que me refería.

—Elena, ese hombre me secuestró como si nada. Como si yo no supiera defenderme o manejar un arma.

—Pero tú sabes cómo hacer esas cosas. ¿En dónde está lo confuso, Sisi?

—En que aún así no pude protegerme. Lena, ¿y si no estoy hecha para lo que llevo años creyendo que sería mi futuro? ¿Y si nunca llego a ser un ejemplo para todas esas mujeres dentro de la mafia que buscan un referente femenino, que las inspire a salir de la casilla de «princesa de la mafia»? —Tragué grueso y continué, a pesar de lo mucho que me costaba exteriorizar mis miedos—: ¿Y si no soy tan fuerte como creía que era? ¡Elena, era mi momento de poner a prueba todo lo que había entrenado y aprendido, y me secuestraron y torturaron! Mira cómo estoy, ¿parece que soy capaz de defenderme?

—Sienna...

—¡No, no lo parece, esa es la respuesta! —la interrumpí, exasperada.

Me dolía muchísimo pensar que jamás lograría mi mayor sueño en la vida. Acababa de defraudarme a mí misma, y eso dolía mucho más que la tortura física por la que había pasado.

—Sienna, ¡solo tienes veintidós años! ¿Qué te hace pensar de forma tan negativa? Eres joven y tienes toda una vida llena de aprendizaje por delante. No debes dejar que esto —me señaló— te haga creer que no eres buena.

La Alianza #1 [BORRADOR]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora