33 | Sobre la guerra

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Iván

El amor es una emoción extraña y compleja. No existe una verdadera definición para él, y cada persona lo siente de manera diferente. Es por eso que muchas veces no sabemos realmente que lo sentimos.

¿Cómo saber si amas a alguien, si no sabes, en efecto, qué es el amor?

Yo no sabía qué era el amor, hasta que la conocí.

En primer momento, pensé que sólo se trataba de una obsesión estúpida, gatillada por la gran habilidad de Sienna para infiltrarse entre los míos y asesinar a uno de mis hombres. Pero no era así, y no lo supe hasta hace unas horas atrás, cuando se lo confesé.

Una doble confesión: para ella y para mí.

Y es que todas las personas dicen que del amor al odio, hay sólo un paso. Que el odio y el amor son sentimientos tan similares que son casi lo mismo. Pero nadie te advierte que, más que el odio, es la obsesión la emoción más parecida al amor.

El no poder dejar de pensar en una persona; en el sonido de su voz, en el aroma de su perfume, o en el brillo de sus ojos cuando sonríe. El tener tus pensamientos todos los días de la semana ocupados con su imagen... eso sólo puede ser dos cosas: amor u obsesión.

O, como en mi caso, ambas al mismo tiempo. Porque estaba obsesionado con ella a un nivel insano, pero la amaba a un nivel incluso peor.

El simple hecho de imaginarla con otro me enfermaba, y pensar en perderla me hacía querer quemar el mundo hasta que sólo quedáramos ella y yo, conmigo protegiéndola de cualquier ceniza que pudiera quemarle un poco.

Detuve el auto frente a la puerta de casa, y me apresuré a salir del auto para abrir su puerta.

—Qué caballero, señor Sokolov —bromeó con picardía.

Sin que pudiera evitarlo, sonreí. Con ella sonreír era como respirar.

—No es nada, señora Sokolova. Tómelo como un agradecimiento por revivir mi corazón de piedra —le guiñé un ojo y su sonrisa se expandió, haciendo mi mundo un poco más brillante al mismo tiempo.

Dios, me estaba convirtiendo en un cursi de mierda, pero no podía evitarlo.

¡Estaba enamorado!

Estaba sintiendo.

Y hacía tantos años que no sentía, que había olvidado lo bien que se siente demostrarle afecto a otra persona.

—Qué romántico, mio marito. —Entró en casa y yo la seguí hasta su habitación—. ¿Me ayudas a empacar?

—¿Para qué? —fruncí el ceño.

—Para mudarme a tu habitación. —Me dio un golpe juguetón en el pecho y se fue hasta su armario.

—No es necesario, le pediré a alguien del servicio que lo haga por ti. Por ahora, sólo lleva lo esencial.

—No es necesario molestarlos...

—Es su trabajo —recordé.

—Ya, pero...

—Sin peros, agarra tu cepillo de dientes, cargador o cualquier otro ítem necesario y llévalo a mi... —me corté a mí mismo y me apresuré a corregir—: a nuestra habitación.

—De acuerdo, Iván —accedió, y me señaló con su dedo índice—. Sólo porque estoy de muy buen humor.

Alcé las manos en señal de rendición y repliqué:

—¿Y cómo hago que estés de «muy buen humor» más seguido?

—Haciendo lo de anoche.

Su mirada se encendió, y rápidamente fue hacia su baño en búsqueda de lo que sea que quisiera llevar. Mientras tanto, yo me deleité con repetir en mi mente algunas imágenes de la noche anterior.

La Alianza #1 [BORRADOR]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora