Iván
El resto de mi semana en Moscú pasó sin imprevisto alguno. Sólo reuniones aburridas y asuntos de trabajo.
Además, después de esa noche en la que hablé con Sienna, mantuvimos el contacto. En cuanto tenía un hueco libre, le escribía y, si tenía suerte, me encontraba con que ella ya me había escrito a mí.
Cada vez que desbloqueaba el celular y veía una notificación suya, me sentía como si hubiera eliminado a un enemigo: victorioso y más ligero. Así que, cuando aterricé en Los Ángeles de madrugada, me apresuré a escribirle a mi esposa.
Yo: Acabo de aterrizar. Para tu mala suerte, el avión no se estrelló.
Koroleva: Imbécil.
De no ser porque estaba rodeado de mis hombres —aun no nos bajábamos del jet—, me habría reído. Desde que descubrí que la idea de que me muriera le disgustaba, aprovechaba hasta la más mínima oportunidad que tenía para picarla. Me gustaba que no quisiera verme muerto; era la primera vez que sentía que le importaba a alguien.
Bueno, en realidad la segunda, teniendo en cuenta que Alexei tenía una especie de apego emocional hacia mí.
Yo: Auch. Eso podría considerarse maltrato psicológico. ¿Estás pensando en cometer matricidio?
Koroleva: Cállate. Te veo en casa.
Reprimí una sonrisa y me desabroché el cinturón de seguridad. En cuanto el piloto nos dio el visto bueno para levantarnos, lo hice y bajé lo más rápido que pude.
Era extraño.
Antes de Sienna, cuando volvía de un viaje de negocios, no sentía ni la más mínima prisa por volver a casa. Pero, esa vez, quería llegar cuanto antes.
Saber que tenía a alguien esperándome me calentó por dentro de una manera inexplicable y que jamás creí que llegaría a sentir.
***
—Bienvenido a casa, señor Sokolov —me saludó Katia, con una sonrisa jovial.
—Hola, Katia.
Le dediqué un asentimiento de cabeza y me fui enseguida escaleras arriba. Una excitación inexplicable hizo que se me acelerara el pulso y, en cuanto llegué a mi habitación y abrí la puerta, una oleada de decepción me recorrió de pies a cabeza. Sienna se había ido de mi habitación.
Un tanto molesto, deshice mi andar y fui hasta su habitación. Sin embargo, en cuanto abrí su puerta y la vi sentada en su cama, con un pórtatil entre las piernas, toda mi molestia se esfumó ipso facto. Vestida con una polera extra grande y unos pantalones cortos, Sienna dirigió su mirada hacia mí y se me cortó la respiración.
Tenía el cabello ondulado en un moño desordenado y lucía relajada. En cuanto me vio, esbozó una sonrisa pequeña y cerró el portátil.
—Hola, tú.
—Hola —respondí, sonando sin aliento.
Vamos, Iván, no eres un crío.
—Te fuiste de mi habitación —mencioné, un pelín receloso.
—Eh, ¿sí? —contestó, divertida.
—¿No se supone que los matrimonios duermen en la misma habitación?
—Sí, y también se supone que, antes de casarse, los novios se conocen y tienen citas, pero, como verás, nuestro matrimonio no es como los demás.
Su sonrisa se agrandó y yo la miré entornando los ojos.
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La Alianza #1 [BORRADOR]
Romance🗡️Luego de que los eslovacos molestaran tanto a la Bratva como a la Cosa Nostra, el Capo dei capi le propone a Iván Sokolov, el pakhan más joven que ha tenido la mafia rusa, una alianza. 🗡️Y ahí es donde entra Sienna, una joven italiana que siempr...
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