10 | Fiesta de bodas

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Sienna

Apretada contra la puerta del vehículo, temía la sola idea de que a mi marido se le ocurriese tocarme. Simplemente no soportaba la idea de ser tocada por un hombre como él; Despiadado. Letal. Desalmado.

A lo largo de mi vida, había conocido a muchísimos hombres de moralidad dudosa, sin embargo, ninguno se comparaba con Iván Sokolov. A diferencia de los demás, Iván, mi esposo, no tenía corazón. Por lo que había ido escuchando a lo largo de los años, el hombre podía quitar una vida sin siquiera parpadear. Jamás, durante toda la semana previa a mi boda, se me había pasado por la cabeza la idea de que el pakhan de la Bratva sería quien se casara conmigo. Es que era simplemente imposible.

Incluso con él sentado junto a mí en aquel momento, no lo creía del todo.

Intentando ser discreta, despegué mi mirada de la ciudad y la enfoqué en... mi esposo.

Llevaba el cabello rubio peinado pulcramente. Su mandíbula era firme y marcada, al igual que sus pómulos. Desde ese ángulo, no alcanzaba a divisar bien sus ojos, sin embargo, por lo que había visto en el altar, eran de color celeste, fríos como el hielo. Todo en él daba miedo.

—¿Terminaste de observarme, koroléva?

Me sobresalté al oír su voz profunda y gutural. Esforzándome por mantener la calma, dije:

—No te estaba observando.

—Mientes —acusó.

—¡No miento! —me defendí vagamente.

—Deja de intentarlo. —Se volteó en mi dirección—. Reconozco a un mentiroso en cuanto lo oigo hablar, y tú, esposa mía, me estás mintiendo —dijo con parsimonia.

—No tienes idea de cómo miento, ¡ni siquiera me conoces! —escupí, molesta ante su actitud de sabelotodo.

Esbozó una sonrisa siniestra.

—No lo hago... todavía.

—¿Qué significa eso? —pregunté con el ceño fruncido.

Antes de que Iván me diera una respuesta, el vehículo se detuvo frente al hotel en donde celebraríamos la recepción de nuestra boda. Solté un suspiro cansado ante la idea de tener que saludar y sonreír frente a un montón de personas. Honestamente, estaba agotada, tanto física como mentalmente, y lo único que quería hacer era llegar a casa y dormir.

El ruso se bajó del auto y mantuvo la puerta abierta para mí. Apenas puse un pie fuera, éste me tendió una de sus manos. Increíblemente, hasta sus manos eran enormes.

Cuando mi cuerpo salió completamente del auto, intenté apartar mi mano de la de Iván, pero él afirmó su agarre sobre mí y me dedicó una mirada oscura.

—¿Qué...? —inicié, un tanto aturdida.

—Quiero entrar de la mano de mi mujer —fue su escueta explicación.

Iba a responder, mas las puertas del hotel se abrieron permitiendo que todo el ruido del interior llegase hasta mis oídos. La música y las voces se mezclaban entre sí, creando una odiosa sinfonía. Me obligué a inhalar profundamente y a dejarme guíar por el firme agarre de Iván sobre mi mano. Éste tiró de mí y me llevó hasta el salón en donde se estaba llevando a cabo la fiesta.

El lugar era... impresionante. Con razón mi madre había estado como loca durante la semana. Todo estaba perfectamente decorado de distintos tonos de blanco y dorado, mientras que todas las mesas se distribuían por la estancia a una distancia que parecía medida con cinta métrica –¿Tal vez mamá sí había hecho que midieran la separación de las mesas?–. Sobre ellas, diversos arreglos florales decoraban los centros de mesa. Todo estaba hasta el tope de gente y, contra todo pronóstico, me agradó.

La Alianza #1 [BORRADOR]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora