Sienna
—¿Podemos visitarte? —le pregunté a Elena, apoyando el celular entre mi hombro y mi mejilla.
Terminé de atar los cordones de mis zapatillas deportivas y volví a tomar el teléfono con mis manos.
—¿Podemos? ¿Tú y quién más? —inquirió, sonando un tanto incómoda.
Tenía más que claro que a Lena no le gustaban las visitas —a excepción de Renzo o yo—, pero esta no era una visita normal. Íbamos con un propósito.
—Iván, Alexei y yo —aclaré.
—¿Y por qué vendrían... ellos? —la reticencia mezclada con curiosidad tiñeron su voz.
—Es una historia un poco larga. Pero la cosa es que necesitamos usar tus habilidades de hacker para encontrar a una persona —le expliqué.
—Sienna... —dudó.
—Mira, Elena, puede que Renzo me mate por compartir esta información contigo antes de que Vicenzo y él lo hagan, pero Giuseppe Marino murió. Lo asesinaron ayer unos eslovacos.
—¡¿Que qué?! —gritó mi hermana, casi rompiéndome los tímpanos.
—Como lo oyes —confirmé—. La cosa es que esta persona que necesitamos hallar... —Iván salió del baño con tan sólo una toalla alrededor de la cintura y me hizo perder mi hilo de pensamientos. Me dedicó una sonrisa divertida y, de no ser por el carraspeo de Elena desde el otro lado de la línea, me habría olvidado por completo de la llamada y mi mañana habría acabado de una forma completamente diferente—. Como decía, la persona a la que necesitamos que encuentres puede que sea la responsable de su muerte. Te necesitamos, Lena. No conozco a una persona mejor que tú en lo que a computación y rastreo se refiere. ¡Ni siquiera Alexei pudo dar con su identidad!
—¿De verdad?
—¡Totalmente!
—¿Y qué te hace pensar que podré hacerlo yo?
—Que te conozco y sé que eres mejor que él. —Miré a Iván y añadí—: Sin ofender.
Él se limitó a encogerse de hombros y a meterse a su vestidor, sin darle importancia a mi comentario.
Lena soltó un suspiró pesado y supe que la había convencido.
—Está bien —aceptó, resignada.
—¡Gracias, gracias, gracias! —chillé, poniéndome de pie en un salto—. No sabes cuánto te lo agradezco, Lena, lo digo de todo corazón.
—Ya, ya, no seas babosa.
—¿Cómo me llamaste? —Soltó una risa ligera y me uní a ella. Me gustaba ver que cada vez era más ella misma. Risueña, introvertida y relajada. Una vez nos hubimos calmado, dije—: Hoy a las dos, ¿te va bien?
—Sí, después del mediodía está genial.
—¡Perfecto! Nos vemos luego, entonces.
—Nos vemos, Sisi. Te amo.
—Yo también te amo, Lena. Mucho. —Sonreí y, antes de colgar, agregué—: Y por favor, no le digas a Renzo que te conté sobre la muerte de Giuseppe antes de que ellos lo hagan oficialmente. Ya sabes cuánto odia no tener el control.
—Claro, no lo haré, no te preocupes.
Finalicé la llamada y fui hacia Iván. En cuanto lo vi ajustándose la corbata, un calor familiar se me posó en la boca del estómago.
¿Por qué tenía que ser tan condenadamente sexy, sobre todo cuando se ponía trajes? No lo entendía.
—Deberías tomar una fotografía, Koroleva. Dura más —dijo, con una sonrisa engreída en el rostro.
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La Alianza #1 [BORRADOR]
Romansa🗡️Luego de que los eslovacos molestaran tanto a la Bratva como a la Cosa Nostra, el Capo dei capi le propone a Iván Sokolov, el pakhan más joven que ha tenido la mafia rusa, una alianza. 🗡️Y ahí es donde entra Sienna, una joven italiana que siempr...
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