Sienna
—¿Y cómo llegaste a ser pakhan tan joven? —pregunté, después de tragar un trozo de mi sándwich de pavo.
Posterior a mi pequeña lloradera, Iván y yo nos sentamos frente a frente en la mesa de picnic y sacamos todo de las canastas. Iván había empacado desde sándwiches hasta un jarro de limonada, y me pareció aun más encantador.
—¿Le pediste a Katia que hiciera todo esto? —pregunté, señalando una porción de tiramisú, cuando desempacamos las cosas.
—No —contestó, para luego añadir—: Bueno, sí, pero yo la ayudé. Mi labor fue rellenar los sándwiches, mojar las galletitas del tiramisú y exprimir los limones.
Cuando me lo contó, casi me eché a llorar otra vez. Nunca nadie antes se había esforzado tanto en hacer algo por mí, y el hecho de que justamente fuera Iván el responsable de todo eso... Que él, un hombre con el cual llevaba casada —por negocios— menos de un mes, preparase todo eso por mí, fue completamente inesperado. Porque sí, yo le pedí que me llevara a una cita, pero podría haberse librado con cualquier otra cosa más impersonal —una comida en casa, una cena en uno de sus restaurantes— y habría estado bien.
Pero ese picnic. Ese gigantesco regalo... Era inesperado y, al mismo tiempo, completamente asombroso.
En cuanto empezamos a comer, comenzamos a hablar sobre nosotros. A... conocernos. Así que después de hacerle varias preguntas —sobre sus cosas favoritas y pasatiempos— me decanté por preguntarle una de las mayores interrogantes de muchos miembros de la mafia.
¿Cómo rayos un hombre tan joven como él, llega a convertirse en la cabeza de uno de los mayores imperios delictivos?
—Pues, supongo que sabrás que mi padre fue pakhan por muchos años —inició con parsimonia. Honestamente, no lo sabía, pero lo dejé continuar—. Por lo que, de cualquier forma, habría terminado en donde estoy ahora —se encogió de hombros—. La cosa es... que tomé un atajo.
—¿Un atajo? —inquirí cuando no continuó.
Asintiendo con la cabeza, explicó:
—Lo maté. A mi padre.
El trago de limonada se me fue por el agujero incorrecto y me dio un ataque de tos. Iván llegó junto a mí en un santiamén y me dio palmaditas en la espalda hasta que me calmé.
—Estoy bien —lo tranquilicé. Cuando volvió a sentarse frente a mí, cuestioné—: ¿Y por qué lo mataste? ¿Querías ser ya el pakhan?
Me miró unos segundos con los ojos entornados, hasta que, finalmente, se le relajaron los hombros como si hubiera tomado una decisión.
—No quería ser el pakhan. No tan joven, al menos.
—¿Cuándo te hiciste con el poder?
—A los veintidós.
Me sorprendí. Yo tenía veintidós. Y ni aunque quisiera y diera lo mejor de mí podría manejar semejante imperio.
Cómo no sabía exactamente qué preguntar para obtener la información que quería, esperé a que él volviera a hablar.
—Amaba muchísimo a mi madre —contó con la mirada perdida—. Y ella nos adoraba a Alexei y a mí. A mis ojos, nuestra familia era perfecta... hasta que cumplí los siete. —Iván hizo una pausa, se pasó una mano por la cara, y cuando sus ojos se conectaron con los míos de nuevo, pude ver el dolor crudo en ellos—. Un día común y corriente, en el que no podía dormir, bajé a buscar algo de beber y... lo vi. Vi a mi padre golpeando a mi mamá, como si fuera su saco de boxeo personal. Quise hacer algo, pero no pude. Aun no aprendía a empuñar un arma o a dar un golpe. Sólo era un niño impotente, viendo cómo el hombre al que admiraba, le daba una paliza a la persona a la que más amaba.
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La Alianza #1 [BORRADOR]
Romansa🗡️Luego de que los eslovacos molestaran tanto a la Bratva como a la Cosa Nostra, el Capo dei capi le propone a Iván Sokolov, el pakhan más joven que ha tenido la mafia rusa, una alianza. 🗡️Y ahí es donde entra Sienna, una joven italiana que siempr...
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