Iván
Ante el grito de Artem, mi primer instinto fue agarrar a Sienna y tirarla al piso junto a mí. Seguidamente, me aseguré de que Alexei se uniera a nosotros en el piso, mientras el sonido de los disparos rompiendo los vidrios del local, mezclado con los gritos de auxilio de los trabajadores, llenaba la estancia.
—¡¿Cuántos son?! —pregunté en un grito.
—¡Más de quince! —replicó Pavel. Su voz siendo difusa debido a los disparos.
—Mierda —bramé, desenfundando mi arma.
No eran demasiados, teniendo en cuenta que éramos nueve personas, pero seguían siendo una amenaza.
—Parece que tendremos que unirnos a la fiesta —habló Alexei, relajado como siempre.
—Parece —respondí sin prestarle mucha atención, mientras analizaba la amenaza frente a nosotros.
—Yo no tengo arma, ¿qué hago? —se quejó Sienna.
—Quedarte aquí, agachada —respondí—. No te muevas por nada del mundo —añadí, en caso de que le naciera alguna especie de espíritu kamikaze.
—Está bien —accedió, sin siquiera rechistar.
Asumiendo que los demás sí contaban con un arma, espeté:
—¡A la cuenta de tres abrimos fuego! —Vamos, Iván. Son sólo un par de eslovacos, mantenlos bajo control—. Uno... Dos... ¡Disparen!
Inmediatamente, el ruido de los disparos se hizo más fuerte a mi alrededor. Con la respiración acelerada, esperé el momento adecuado para acercarme a Artem, Pavel y Gabril, que se encontraban abriendo fuego contra los eslovacos frente a nosotros, protegiéndonos.
—¿Cuántos quedan, Gabril? —inquirí, en cuanto estuve lo suficientemente cerca.
—Unos diez, más o menos. Hemos derribado varios.
—Bien.
Empuñé con más fuerza mi arma, y seguí disparando hasta que me quedé sin balas, y tuve que agacharme para recargar mi arma. El sudor me recorría todo el cuerpo, y la adrenalina viajaba por mi torrente sanguíneo. De normal, me gustaban los enfrentamientos. Eran de mis partes favoritas de mi trabajo; me hacían sentir vivo. Sin embargo, teniendo en cuenta que me encontraba con mi esposa, la idea de estar en medio de una balacera no me entusiasmaba tanto como en otras ocasiones.
Después de comprobar que todo en mi arma se encontrara bien, me levanté y conseguí pegarle un tiro a un eslovaco estúpido que se confió y decidió correr directamente hacia nosotros. Debido a que estaba oscuro afuera, era complicado saber con seguridad de dónde provenían las balas, por lo que simplemente me dediqué a disparar, hasta que cesaron las balas desde su dirección.
De un momento a otro, las balas dejaron de llover y todo el lugar se sumió en un tenso silencio. Con los músculos del cuerpo crispados por la reciente amenaza, me volteé hacia donde estaban los demás.
—¿Se encuentran todos bien?
La mirada tensa que me devolvieron los italianos me dijo que la respuesta a mi pregunta era no.
—¿Qué pasó? —indagué, acercándome a una Sienna un tanto alterada—. ¿Tú estás bien?
—Sí, sí, ¿y tú?
—Ni un rasguño —la tranquilicé—. ¿Qué pasa? —volví a preguntar, al notar su nerviosismo.
—Le han dado a Giuseppe —explicó—. Renzo y Vicenzo... lo están revisando.
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La Alianza #1 [BORRADOR]
Romansa🗡️Luego de que los eslovacos molestaran tanto a la Bratva como a la Cosa Nostra, el Capo dei capi le propone a Iván Sokolov, el pakhan más joven que ha tenido la mafia rusa, una alianza. 🗡️Y ahí es donde entra Sienna, una joven italiana que siempr...
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