29 | Los Turčan

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Iván

Alexei se plantó en mi casa a las seis de la mañana del día siguiente, y ninguno de los dos dijo nada hasta que llegamos a mi despacho.

—Habla —ordené en cuanto nos hubimos sentado.

La expresión de mi hermano se ensombreció y obedeció sin rechistar. El hecho de que no haya bromeado ni sonreído desde que entró me hizo ver cuán serio era lo que había encontrado.

—Le ordené a los de limpieza que le tomaran las huellas digitales al cuerpo de la mujer antes de eliminarla. En cuanto me las enviaron, encontré la identidad de dicha mujer que, en realidad, era sólo una adolescente jugando a ser adulta.

—¿Qué quieres decir? —cuestioné, empezando a hartarme de tanto puto misterio.

En los ojos de Alexei vislumbré una pizca de lástima antes de decir:

—Oksana Turčan, diecisiete años. Mitad eslovaca y... mitad rusa.

Mi ceño se frunció más todavía y lo dejé continuar.

—Nació el trece de febrero del 2007 en Dudince y vivió allí hasta sus quince años. Por el momento desconozco quién es su padre, ya que tomó el apellido de su madre, una eslovaca llamada Zoritza Turčan, que falleció en septiembre del 2019 en Riazán. Su certificado de defunción pone que la causa de muerte está indefinida.

—¿Turčan? —repetí—. ¿Ese no es el mismo apellido que tiene...?

—Dushan Turčan —completó él por mí, confirmando mis especulaciones—. Zoritza era su hija menor.

Dushan Turčan, la actual cabeza de la mafia eslovaca y el culpable de todas mis migrañas del último tiempo, tenía tantos hijos que ni siquiera me había molestado en recordar sus nombres o sus caras. Sin embargo, luego de lo mencionado por Alexei, intenté pensar en si él nos culparía a nosotros, a la Bratva, por la muerte de su hija.

¿Podría ser...?

—¿Dijiste que Zoritza murió en septiembre del 2019, en Riazán? —inquirí, frunciendo el ceño.

—Sí, ¿por...?

—Dame un segundo.

Rápidamente, encendí mi computadora y accedí a mi calendario personal. Cambié el año del 2024 al 2019, y fui hasta el mes de la muerte de Zoritza. Escaneé a toda velocidad mi itinerario de todo el mes con los ojos hasta dar con lo que estaba buscando.

Cuando corroboré mis sospechas, miré a Alexei con gravedad

—Nosotros estuvimos en Riazán, el mes de septiembre, ese mismo año —le informé con los dientes apretados.

Su expresión estoica se desarmó por la sorpresa y bufó:

—Ahora que lo mencionas, no sé cómo he podido olvidarlo —negó con la cabeza y me miró—. Pero fue hace cinco años, ¿crees que sea una coincidencia que hayamos estado allí justo cuando Zoritza murió?

Medité sus palabras.

No sería tan loco que todo sea una coincidencia, pero... ¿Lo sería realmente, teniendo en cuenta que su nieta, el día anterior, había intentado asesinar a mi esposa?

¿Podía ser una coincidencia después de todos los atentados que habían hecho los eslovacos contra nosotros?

—No lo creo —contesté finalmente—. Que Dushan nos culpe por la muerte de su hija le daría sentido a todo lo que han estado haciendo en nuestros territorios, pero ¿matamos realmente a Zoritza?

—Que yo recuerde, nuestros problemas con los eslovacos no salían ni de Los Ángeles ni de Eslovaquia.

En eso Alexei tenía razón.

La Alianza #1 [BORRADOR]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora