Iván
Cargué a Sienna con cuidado hasta mi habitación. En cuanto ella se dio cuenta de que no nos dirigíamos a la habitación que había reclamado como suya, vi sus intenciones de protestar y me adelanté a sus palabras:
—No hagas las cosas más difíciles.
Con una mirada resignada, desvió su mirada de mí. Cuando por fin llegamos a mi habitación, pude sentir cómo Sienna se ponía rígida en mi agarre, y yo no pude negar que un rayo de excitación me recorrió todo el cuerpo. Esta iba a ser la primera vez que ella estuviera en mi habitación. Muy pocas personas habían puesto un pie en ella, ya que era mi lugar más privado, y odiaba que la gente invadiera mi espacio. Sin embargo, con la mujer que yacía sobre mis brazos, no se sentía como una invasión.
Abrí la puerta con el codo, procurando no dejar caer ni la bandeja con los utensilios de curación ni a la herida y, una vez dentro, la cerré con el pie. Avancé hasta mi cama y, aunque me hubiese encantado seguir cargando a Sienna, me obligué a sentarla, con cuidado de no lastimarla más.
Maldito infierno. Cuando vi sus rodillas ensangrentadas en aquella cafetería... Negué con la cabeza, tratando de empujar esos recuerdos muy lejos. Lo único que quería era asesinar a los responsables de sus heridas, pero ya lo había hecho.
Lo que daría por revivirlos y volver a pegarles un tiro en la frente...
Dejé la bandeja junto a Sienna y fui a mi baño en busca de una toalla limpia. Lavé mis manos hasta los codos, y antes de regresar a la habitación, humedecí la toalla en agua fría. Lentamente, me acerqué a la italiana y me arrodillé frente a ella.
—Muy bien, vamos a sacarte esos vaqueros.
—Cazzo —maldijo en voz baja, a la vez que llevaba su mano a los botones de su pantalón.
Me exigí a mí mismo controlar mi mente y que no se fuese a pensamientos sexuales, pero tener a Sienna quitándose los pantalones frente a mí por primera vez era...
—Si sigues mirándome así, me las voy a arreglar para irme de aquí —me reprendió con seriedad.
—No te estoy mirando de ninguna forma —mentí, manteniendo mi aspecto imperturbable de siempre.
—Dile eso al brillo depredador de tus ojos, bugiardo —enarcó una ceja.
—¿Cómo me llamaste?
—Mentiroso.
Bufé y dije:
—Mucho hablar, poco quitarse los pantalones. Apresúrate para que podamos deshacernos de los cristales lo antes posibles, ¿quieres?
Como si mis palabras le hubieran recordado por qué estaba allí en primer lugar, continuó con su tarea, emitiendo gemidos de dolor y poniendo expresiones de sufrimiento que me dejaban muy en claro que aquello le dolía como la mierda. Una vez terminó de quitarse la prenda, la lanzó hacia un lado, con la mirada fija en sus rodillas. Seguí la dirección de sus ojos y tuve que tragar grueso ante lo que vi. Su piel estaba abierta, con sangre seca por todos lados. No es que la sangre en sí me diera asco, estaba acostumbrado a verla a diario en mi trabajo, pero verla saliendo de ella... se sentía mal.
Ver sangre en Sienna no estaba bien.
Con una respiración profunda, alcancé nuevamente la toalla que había dejado a un lado y con toda la delicadeza que fui capaz de reunir, comencé a limpiar la sangre.
—¡Joder! —chilló cuando, sin querer, pasé la toalla sobre una de sus heridas.
—Lo siento —me disculpé rápidamente.
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La Alianza #1 [BORRADOR]
Romance🗡️Luego de que los eslovacos molestaran tanto a la Bratva como a la Cosa Nostra, el Capo dei capi le propone a Iván Sokolov, el pakhan más joven que ha tenido la mafia rusa, una alianza. 🗡️Y ahí es donde entra Sienna, una joven italiana que siempr...
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