Sienna
La ira hacia Iván me consumía, era consciente de ello. Pero, sin importar cuánto quisiera desquitarme con él, no podía.
A ratos, en nuestra conversación anterior, me olvidaba de quién era y dejaba que mis pensamientos salieran sin filtro por mi boca. No obstante, tendría que controlarme mejor. A fin de cuentas, el hombre con el que me había casado era Iván Sokolov, el pakhan de la mafia rusa, un depredador conocido por todos en nuestro mundo.
Mientras caminaba junto a él en dirección a su vehículo —al menos, eso suponía—, la conversación de hace unos momentos atrás reverberó en mi memoria.
Para empezar, estaba en el campo de tiro, tranquila y relajada, canalizando todo mi estrés en cada disparo. Luego, y justo cuando la magia de disparar comenzaba a consolarme, apareció... él. El culpable de que mi vida se hubiera convertido en un infierno, y todo se fue al carajo.
Además, si a eso le sumamos mi arrebato de valentía, cuando lo provoqué hablando sobre el atractivo de los italianos —cosa que, honestamente, no podía llamarme menos la atención, ya que eran todos, o al menos todos con los que había llegado a salir, unos simplones cuya única ambición era follar— había agotado mi cuota de insolencia del día.
No estaba segura de que Iván siguiera perdonándome la vida si mis arrebatos se mantenían en el tiempo. A ver, que había dicho que no me lastimaría, pero... No lo sé, en un hombre como él, lo último que debes hacer es confiar.
Seguí caminando junto a él, hasta que nos detuvimos frente a un deportivo negro.
Iván rodeó el auto hasta que quedó frente a la puerta de acompañante y... la abrió para mí.
Así como lo leen: el despiadado Iván Sokolov... me abrió la puerta.
Me quedé paralizada por la sorpresa, ganándome una mirada de aburrimiento por su parte.
—¿Qué te sorprende tanto, Koroleva? —preguntó en tono monocorde.
—Nada —respondí, frunciendo los labios y obligándome a avanzar en su dirección.
Me subí al deportivo e Iván cerró la puerta con cuidado. Posteriormente, volvió a rodear el vehículo y se montó junto a mí.
La primera del trayecto la recorrimos en silencio. No era un silencio incómodo, pero tampoco uno precisamente cómodo. La tensión que había en el aire podría haberse cortado con un cuchillo, y no pude evitar preguntarme hasta cuándo mi vida sería así. Hasta cuándo tendría que comportarme así, siendo alguien que, en realidad, no era. No podía pasarme el resto de mi vida conteniéndome, pero no sabía si, algún día, el miedo infundido por mi marido algún día dejaría de afectarme.
Quería ser tan valiente frente a él como lo era frente a todos los hombres de la mafia, pero... simplemente no podía; porque Iván no era «cualquier» mafioso. Era un maldito pakhan. Y, si no mal recordaba, era uno de los más jóvenes. Era cosa de compararlo con Giuseppe Marino, el capi dei capi de la mafia Siciliana, que era un viejito que, con suerte, lideraría la mafia por cinco años más.
Dejé escapar un suspiro y me concentré en observar el paisaje por la ventana, cosa que se me estaba empezando a hacer costumbre desde que llevaba un anillo en mi anular.
Instintivamente, mi ceño se frunció cuando me percaté de que Iván no conducía en dirección a la mansión.
—¿Hacia dónde vamos? —inquirí, sin poder retener la pregunta.
De todas formas, no había nada de malo en preguntar eso. Era algo sencillo, inocente. Algo seguro.
Esperé, pacientemente, una respuesta. Pero no ésta no llegó.
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La Alianza #1 [BORRADOR]
Romance🗡️Luego de que los eslovacos molestaran tanto a la Bratva como a la Cosa Nostra, el Capo dei capi le propone a Iván Sokolov, el pakhan más joven que ha tenido la mafia rusa, una alianza. 🗡️Y ahí es donde entra Sienna, una joven italiana que siempr...
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