24 | Sentimientos

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Iván

Al día siguiente del atentado contra Sienna, tuve que viajar hasta Moscú con Gabril, Alexei, Kirill, Vladimir y Dominic. No tenía ni un poco de ganas de visitar mi ciudad natal, mas era lo que había que hacer. Así que, a pesar de que me apetecía demasiado quedarme observando a Sienna dormir —sí, era consciente de lo jodidamente raro que sonaba eso, pero había algo relajante en la forma en la que dormía—, fui hasta mi aeródromo para encontrarme con mis hombres, y nos fuimos hasta Rusia en mi jet privado.

El vuelo, largo como la mierda, me sirvió para repasar todo lo que había pasado entre mi mujer y yo, cómo sería nuestra relación al volver, y para contarle a los demás que la guerra se avecinaba.

—¿Una guerra? —repitió Gabril, sorprendido.

—Sí. Codo a codo con los italianos —afirmó Alexei.

Esta vez fue Dominic quien repitió:

—¿Italianos?

—¿Van a seguir repitiendo como loros todo lo que estamos diciendo? —cuestioné enarcando una ceja. Cuando nadie replicó, proseguí—: Que los eslovacos atacaran a mi esposa fue la gota que rebalsó el vaso. Además, si ya tenemos una alianza con la Cosa Nostra, ¿por qué no aprovecharla?

—¿Cuánto armamento necesitas que consiga? ¿Algo en específico? —preguntó Dominic.

—Todo el que puedas. Sin límites. —Sus ojos brillaron con malicia. Aunque no lo demostraba muy a menudo, estaba claro que Dom estaba un poco chalado—. Y tú, Gabril, encárgate de formar un pequeño ejército. —Obedientemente, el susodicho asintió con la cabeza.

—Ah, por cierto, hermano, ya contacté a Marino —informó Alexei—. Apenas volvamos la próxima semana de Moscú podrás encontrarte con él. No le di detalles sobre el móvil de esta reunión.

—Genial.

Y por eso, además de porque compartíamos sangre, era que Alexei era mi mano derecha. Podía ser un imbécil inmaduro, pero también era sorprendentemente bueno en lo que hacía. Y si a eso le sumábamos sus habilidades tecnológicas, era un soldado increíble. Un hermano leal, unido a mí por algo más que la sangre.

Vladimir, calculador y comedido como siempre, se mantuvo al margen. Kirill, por su parte, se limitó a asentir con la cabeza. Ambos eran callados y reservados, pero estaba convencido de que darían su vida por mí. O por cualquiera de los otros hombres sentados en el avión. Así que por eso, por mi respeto hacia ellos, inquirí:

—¿Vladimir, Kirill, hay algo que quieran añadir?

Todos se miraron entre sí, un tanto sorprendidos por mi pregunta. De cierta forma, yo también estaba un poco sorprendido. Nunca antes les había pedido la opinión. A ninguno. No obstante, eran mis hombres más leales y... No lo sabía.

¿El matrimonio me estaba ablandando, quizá?

—No, pakhan —Vladimir fue el primero en responder.

—Tampoco yo —prosiguió Kirill.

Con un asentimiento de cabeza, di por zanjado el tema.

♚♚♚

Al aterrizar en Moscú, más de un día de vuelo después, lo primero que hago es enviarle un mensaje a Sienna.

Yo: Recién llegué a Moscú. ¿Cómo siguen tus heridas?

Antes de dejar Los Ángeles, le conté que esta era una de mis visitas semestrales a Rusia. De cierta forma, después de nuestra conversación el otro día, ya no se sentía extraño hablar con ella sobre mi negocio. Algo, mi instinto, me decía que ella no iba a compartir dicha información con nadie.

La Alianza #1 [BORRADOR]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora