41 | Reencuentro

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Iván

Me bajé del todoterreno a toda velocidad y fui hasta el asiento trasero para llevar a Sienna hasta el interior del hospital, que olía antiséptico y a desgracia. Elena corrió tras nosotros para acompañar a su hermana.

Una vez adentro, mi doctor se nos acerca enseguida y nos guía a la habitación de mi esposa. Cuando entramos, dejé a Sienna, que se mantenía callada, sobre la camilla. Al instante, se le acercaron tres enfermeras y el doctor se mantuvo al margen, consciente de que, si la tocaba por algo que no fuera estrictamente necesario, perdería sus manos.

Los minutos en los que las enfermeras revolotearon alrededor se me hicieron eternos. Y, mientras ellas hacían su labor, yo miraba fijamente los ojos de Sienna, sintiéndome aliviado con cada parpadeo que daba. Agradecido con el universo por haberme permitido llegar a tiempo.

Finalmente, las enfermeras se alejaron de mi mujer y pude verla. De su brazo, salía una vía intravenosa, mientras que su cuerpo estaba cubierto de vendas y tenía puntos de sutura en el estómago.

—Su esposa se encuentra estable. La mayoría de los cortes eran superficiales y no requirieron de ninguna sutura. Aun así, deberán limpiar todas sus heridas dos veces al día. En cuanto a sus uñas... Trate de no ejercer presión con los dedos afectados y de cambiarse el vendaje para que éste se mantenga limpio y seco. Cualquier cosa, toque el botón junto a la cabeza de la paciente.

—Okay. Si eso es todo, puede irse ya.

El doctor se despidió con un asentimiento de cabeza y salió de la habitación con su séquito de enfermeras tras él.

—Les daré un momento a solas —dijo mi cuñada en un tono levemente compungido.

Cuando finalmente volvimos a estar solos, suspiré y arrastré una silla junto a su cama.

—¿Cómo te sientes, Koroleva? No has dicho ni una palabra desde que salimos del almacén —hablé suavemente, para no molestar demasiado su reposo.

Sus ojos, normalmente brillantes y llenos de vida, se conectaron con los míos, dejándome ver la oscuridad en ellos.

—No lo sé —admitió finalmente—. Me duele todo.

Sus palabras no eran más que un susurro, como si incluso hablar le doliera montones. Verla sufrir me oprimió el pecho hasta que casi sentí su dolor.

—No te haces una idea de cuánto me alivia tenerte aquí, moya lyubov'. Pensé que... te perdería.

Tomé con mucho cuidado una de sus manos.

—Hace tiempo que tengo la certeza de que te amo —proseguí—. Pero hoy... terminé de comprobarlo, si es que todavía tenía alguna duda y no lo sabía. Al verte allí, en ese video, en esa transmisión... Fue peor que cualquier tortura física. Te amo con toda mi alma, Sienna Sokolova.

Un leve brilló cruzó su mirada.

—Yo... también comprobé algo hoy —murmuró.

—¿Ah, sí? —sonreí, contento de entablar una conversación con ella.

Extrañaba hablar con ella. Verla, tocarla, sentirla.

—Sí.

—¿Y qué comprobaste?

—Que yo también te amo. Con toda el alma.

Las palabras que iba a decir murieron en mi boca antes de ser pronunciadas. Todo rastro del mundo exterior dejó de existir para mí en ese preciso instante y sólo quedamos Sienna y yo.

Sienna mi esposa. La mujer que había dicho abiertamente que me amaba.

Aun cuando yo no había sido lo suficientemente capaz de protegerla, ella me... amaba.

La Alianza #1 [BORRADOR]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora