Sienna
No dormí mucho la noche anterior, por culpa de la incomodidad que sentía al estar en una habitación que no era la mía (o, mejor dicho, que no se sentía como mía) y, lo poco que dormí, no fue grato. Una parte de mi cerebro se mantuvo alerta, en caso de que se presentara cualquier amenaza.
Bostecé y me froté los ojos para desperezarme. Salí de la cama en dirección a mi baño personal y, en cuanto vi mi reflejo en el espejo que estaba sobre el lavabo, me entraron ganas de pegarle un tiro a mi reflejo. Me veía espantosa; pequeñas medias lunas decoraban la parte inferior de mis ojos y tenía el cabello tan revuelto, que un pájaro podría haberlo confundido con su nido. Necesitaba una ducha con urgencia.
Cuando el agua tibia cayó sobre mis extremidades con una presión perfecta, sentí cómo, poco a poco, se iba disipando la tensión de mi cuerpo. Físicamente, el agua me relajaba, pero mentalmente... Mi cerebro repetía una y otra vez diversas imágenes del día anterior. Como un caleidoscopio en donde brillaban recuerdos de mí pronunciando los votos en el altar, del beso que tuve con Iván luego de decirle que mis pensamientos no eran de su incumbencia, del tiroteo y, finalmente, el recuerdo de la conversación que mantuvimos la noche anterior cuando él se coló en mi habitación.
Por más que me hubiera molestado que se viera con el derecho de entrar en mi espacio personal como si nada, me divirtió un poco su falta de sentido común y desconocimiento en cuanto al matrimonio. Cualquiera pensaría que alguien de su calaña, pakhan de un imperio tan grande e imponente como la Bratva, manejaría conocimientos impecables sobre todo. Y tal vez Iván sabía mucho sobre administración, armas y métodos de tortura, pero no tenía ni idea sobre cómo sobrellevar un matrimonio.
Una sonrisa se me posó en los labios.
Pobre de él. Seguramente quería una esposa como todas las que abundaban en la mafia. Las calladas y sumisas, cuyas ambiciones se limitaban únicamente a complacer a su marido y tener las mejores joyas. Qué lastima para él que el universo me haya enviado. Porque si a él no le apetecía casarse conmigo, a mí me lo apetecía muchísimo menos. Y planeaba dejárselo bien en claro. No cambiaría mi rutina, mis planes a futuro y, mucho menos, la frecuencia con la que veía a mi hermana.
¡Mierda!
Un foco se encendió en mi cabeza y recordé que no había hablado con Elena desde ayer antes del tiroteo.
Me apresuré a salir de la ducha y a arreglarme de forma decente. Cepillé mi cabello liso, calcado al de mi madre, y me puse ropa deportiva. Cuando salí de la habitación, me veía mucho mejor que cuando me miré al espejo.
Bajé las escaleras y me encaminé a la que, si no recordaba mal, era la cocina. Efectivamente, mi memoria no me había fallado. Una larga isla de mármol decoraba el centro de la habitación rodeada de varios taburetes altos. Dos tazas y dos platos vacíos descansaban sobre ella.
—Señora Sienna, no pensé que despertaría tan temprano —dijo a modo de saludo, mientras entraba en la cocina.
—Disculpa, pero ¿podrías decirme qué hora es? —Reí un poco incómoda.
—Las... —miró rápidamente su reloj— seis menos cuarto.
—¿Sabes si Iván sigue acá? —pregunté luego, avanzando hacia uno de los taburetes que rodeaban la isla.
Solía despertarme temprano por inercia (mi reloj biológico era bastante bueno) y, teniendo en cuenta que tenía las cortinas de mi habitación bajadas, no fui capaz de hacerme una idea sobre la hora.
—Sí. Baja todos los días a las seis en punto de la mañana —me informó.
—De acuerdo. Gracias —asentí.
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La Alianza #1 [BORRADOR]
Romance🗡️Luego de que los eslovacos molestaran tanto a la Bratva como a la Cosa Nostra, el Capo dei capi le propone a Iván Sokolov, el pakhan más joven que ha tenido la mafia rusa, una alianza. 🗡️Y ahí es donde entra Sienna, una joven italiana que siempr...
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