68. Suplicando

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Presente: 30 años

La última vez que estuve así fue cuando acabaste en coma.—Connor habló.

Liam le miró. Nunca podría agradecerle lo suficiente. Connor siempre fue un buen amigo, a pesar de lo que dijera Lucas sobre él. Si no fuera por él, no sabía que hubiera sido de sí mismo.

—Estoy cansado.—Mumuró.

—Lo sé, Connie. Deberías-

Connor se levantó y miró el techo, por segunda vez.

—Eres el Dios que mi marido ama.—Él habló en bajo, su voz temblorosa.—No puedes estar haciéndole esto, si es que existes y me escuchas. Así que si lo haces, detén todo esto.

Liam se acercó.

—Connor...No creo que eso funcione así.

Liam no era creyente ni mucho menos pero estaba bastante seguro de que no se debía reclamar ni regañar a un dios.

—Te ruego que por favor dejes a Christian tener todo lo que desee. Hazme todo lo malo que quieras a mí, yo me ocuparé de sus pecados, de sus errores, yo los pagaré encantado...Solo...Déjalo ser feliz, por favor. Deja que tenga la familia que siempre ha anhelado.

Liam apretó los labios antes de cerrar los ojos y también pedir por ellos.

¿Estaba siendo muy ridículo? Bueno, no le importa mucho si esto hacía sentir mejor a su amigo.

—Te lo suplico, por favor.—Siguió balbuceando el moreno.—Te lo ruego.

Un crujido hizo que ambos abrieran los ojos para encontrarse con el doctor saliendo nuevamente. Connor y Liam se apresuraron a alcanzarle.

—Hemos logrado estabilizar a ambos.—Él asintió, sonriente.

Connor tomó una bocanada de aire, como si no hubiera estado respirando en todo ese tiempo. Él pudo respirar.

Perdió mucha sangre pero ahora está bien.—Le comentó.—Puede pasar. Está consciente y vamos a proceder con la cesárea.

Connor miró una última vez a Liam antes de salir corriendo a prepararse para poder entrar al quirófano.

Liam sonrió, aliviado.

Su teléfono sonó.

—Hola, amor.—Contestó.—En un rato seremos tíos.

(...)

—Mi vida...—Connor se acercó a un Christian pálido y con una mascarilla de oxígeno. Se veía débil, asustado y tembloroso. El corazón de Connor se estrujó. Le dolía verlo así.

—Connor...—La mano de Christian se acercó a él, para tocarlo.

Estaba frío.

—Estoy aquí. Estoy aquí.—Soltó rápidamente antes de darle un beso en la frente.—Y pronto nuestro bebé también. Tienes que ser fuerte, ¿si?

Los hermosos ojos azules de Christian que tanto amaba Connor, se llenaron de lágrimas y eso hizo que este se derrumbara también.

No somos pecadores (2.5)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora