Christian observó cómo el coche de quien había considerado el amor de su vida, su alguna gemela, amigo y confidente desaparecía en la lejanía.
Su pecho se apretaba al pensar en si esa era la última vez que lo vería.
¿No lo era, verdad?
Connor era el heredero de su padre, y aquel internado le pertenecía en todo su legado. No podría evitar verlo alguna vez.
¿Cierto?
No es como si Connor fuera a abandonar todo para retirarse y tener una vida tranquila.
O sí.
Christian deseaba que no fuera así. Connor tenía más códigos morales y éticos que cualquier persona que conociera. Y si todo lo que le había contado de su padre era verdad, Connor por más que quisiera olvidar a Christian, no dejaría pasar el hecho de que se estaba traficando con jóvenes y asesinando personas inocentes en los negocios heredados.
Christian miró el internado.
Habían pasado demasiados años pero seguía teniendo el mismo aspecto de siempre. Oscuro. Viejo. Desgastado.
Nada encantador.
No era para nada parecido al pequeño y acogedor departamento que tenía junto a Connor.
Mierda.
Era demasiado tarde para lamentarse. Ya había dañado suficiente a Connor como para que este lo perdonara.
Las últimas palabras del moreno seguían reproduciéndose en su mente.
Si piensas que únicamente por no haberte contactado en catorce días es porque no te quiero...Algo hemos estado haciendo mal. En algo me he equivocado. Pensé que siempre había demostrado mi amor hacia ti desde que te conozco.
Él siguió caminando hasta la gran puerta.
Te dejé ir una vez, lo estoy volviendo hacer...Pero créeme, no habrá una tercera.
¿Eso que significaba? ¿No le iba a dar ninguna oportunidad más? Posiblemente.
Adiós, Christian. Cuídate.
Él entró como había hecho múltiple de veces y se dirigió hacia el despacho del Padre arrastrando su maleta.
Aunque era tarde era probable que se encontrase allí. Siempre estaba ahí.
Trató de no mirar mucho el lugar y pensar en las atrocidades que le había contado Connor de aquel lugar pero fue inevitable.
Recordó a los pequeños chicos que había cuidado -al igual que a Connor- desde que eran unos niños de poco más de 5 años.
¿De verdad a esto se dedicaba el Padre? ¿No seguía la guía de Dios? ¿No respetaba su casa? ¿Jugaba con la muerte e inocencia de niños y padres? No podía ser cierto.
Christian trataba de negarse pero sabía perfectamente que Connor era incapaz de mentirle en un asunto así.
Ya no habría caras conocidas.
Ahora habrían rostros nuevos que próximamente en varios años tendrían el mismo destino que los amigos y compañeros de Connor.
—¿Hay alguien en la puerta?
La voz del Padre Phillip sonó dentro y Christian se asustó.
Él era un asesino. Un traficante.
Él no se merecía ser llamado fiel ni Padre.
—Buenas noches.—Saludó abriendo la puerta.
Cuánto antes terminara, mejor.
El Padre dejó el documento a medio recorrido de ser leído y lo observó sorprendido.
—Christian...
El Padre se levantó.
Christian dio un paso atrás retrocediendo con temor.
Ya no podía verlo igual. El Padre Phillip no era alguien de admirar y seguir, ya no.
Entonces, ¿por qué has vuelto?
La voz en su conciencia resonó y él tenía la respuesta.
Porque no tenía a nadie más. Esto era todo lo que conocía.
La propuesta de Connor de estudiar se hizo presente en sus memorias y el malestar en su cuerpo se sintió más profundo.
Él tenía opciones y escogió la peor.
Connor te sacó del departamento. No había más donde escoger.
Christian sabía que no era verdad. Él se lo había buscado y Connor no podía soportarlo más. Era entendible.
Christian pestañeó cuando se dio cuenta que el Padre estaba enfrente de él.
Los ojos azules del Padre lo miraron un Segundo, aún impresionado de volver a verlo, y en vez de recibir un abrazo, Christian sintió un golpe sordo y doloroso en su mejilla.
Tardó en registrarlo pero una vez que lo hizo pudo afirmar que había recibido un puñetazo.
Ni siquiera una bofetada. Había sido un golpe con el jodido puño.
—¿Cómo te atreves a regresar después de haber desaparecido de repente?
El padre lo agarró del cuello y le habló con dureza.
Christian por una parte comprendía, ante los ojos de todos él había sido llevado al médico y luego había escapado. Aunque nada de eso era verdad.
—Yo...Estoy arrepentido.—Dijo en voz baja tratando de no forcejear el agarre asfixiante en su cuello.
—Y más que lo vas a sentir.
Philip soltó a Christian, se acercó a la puerta y cerró con seguro.
Christian sabía lo que eso significaba.
Miró el techo y por primera vez tuvo miedo.
Él nunca había desobedecido o enfadado al padre como para recibir castigo físico...Parecía ser que había una primera vez ahora.
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No somos pecadores (2.5)
Narrativa generaleHistoria de Connor Esta historia no influye en absoluto con las anteriores ("Besos indecentes" y "Juguemos a ser heteros"). Es una historia aparte. +Embarazo masculino #1 en amorgay 19/08/21
