Presente.
Edad: 30 años
Connor no estaba listo. Apenas había pegado ojo desde hace dos semanas. Sentía que en cualquier momento podía desmayarse del cansancio que tenía su cuerpo.
El papeleo que tenía que hacer con el asunto de los internados, el asunto económico, limpiar por completo cualquier acto ilícito que su padre hubiera dejado escondido y Christian, lo tenían agotado.
Sobre todo el último.
Ambos habían decidido que cuando Connor cumpliera los treinta tendrían su primer hijo.
Connor odiaba el hecho de que fuese planeado y aunque por una parte le entusiasmaba la idea, también le asustaba demasiado. Él no estaba listo.
No se veía capaz de tener un hijo suyo dentro. Y no es que quisiera echarle todo el trabajo a Christian, pero él sí se veía capacitado para ello. No obstante, no podían.
El tema de los hijos era delicado para ambos justamente por ese punto, y no es que ellos necesitasen niños para completar su felicidad, simplemente querían. Ellos querían dar ese paso. Ya habían pasado muchos años juntos, se encontraban en una situación económica bastante buena, ambos tenían sus propios trabajos y estudios y no habían males alrededor. Era el momento perfecto. Todo estaba alineado.
Solo que...Le aterraba la idea de dar a luz él. Podían adoptar, o conseguir un vientre, pero Christian no apoyaba ninguna opción. Ni siquiera había querido tener hijos sin antes casarse. Era muy tradicional.
Connor se miró el anillo que rodeaba su dedo.
Él quería hacer feliz a Christian. Si Christian lo era, él también. Él completaría los sueños que había imaginado cuando era más joven. Él tendría una casa, unos hijos con el amor de su vida y estaría casado con él.
Ese era su plan de vida y solo faltaban los niños para completarlo.
Él suspiró.
Él volvería a casa justamente el día de su cumpleaños. No había momento ideal para el plan que habían pensado desde hace tiempo.
(...)
Cuando Connor llegó a casa estaba ansioso. Adoraba llegar a casa y ver a Christian en el sofá, haciendo cualquier cosa. Eso solo le hacía más consciente de que por fin era suyo. Por fin eran ellos. Solo ellos dos, y su amor. Por fin podían amarse y por voluntad propia. Dios.
Sin embargo, Christian no estaba en el sofá como de costumbre. Su sonrisa se deslizó lentamente de su rostro.
—¿Amor?
Él miró la cocina. No estaba. ¿En la habitación? ¿Tal vez?
—¡Connor!—Christian apareció tan de repente que el corazón del moreno se detuvo un segundo.
—¡Mierda!—Él maldijo para luego sonreír y acercarse a su casi asesino.—Amor,—dijo sonriendo con esfuerzo—no vuelvas a hacer eso—Le dijo con dulzura pero era una jodida advertencia. Él quería vivir lo suficiente para disfrutar su amor.
—¡Feliz cumpleaños!—Christian abrió los brazos y se enroscó a Connor como un pulpo.
Connor se relajó y lo cargó, dejándose besar por todas partes por el rubio.
—Gracias, cielo.—Él le dio un beso en el cuello y se sentó en el borde de la cama con Chris encima.
—Tengo tu regalo.—Él sonrió tan hermoso que Connor tuvo que besarlo.
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No somos pecadores (2.5)
General FictionHistoria de Connor Esta historia no influye en absoluto con las anteriores ("Besos indecentes" y "Juguemos a ser heteros"). Es una historia aparte. +Embarazo masculino #1 en amorgay 19/08/21
