Capitulo 19: Castle Cambe

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Los días pasaban volando para Hermione, quien se encontraba inmersa entre reuniones, viajes, cenas y las constantes salidas con Ginny. Aunque ya no tenía la misma resistencia de antes, nunca rechazaba las insistencias de su amiga para ir a algún antro o fiesta. Sin embargo, algo había cambiado: ya no terminaba sus noches en la cama de alguna chica desconocida. Cada vez que intentaba ligar, los intensos y tristes ojos negros de Bellatrix aparecían en su mente, nublando cualquier otra posibilidad.

En las últimas semanas, había escrito varias cartas a Bella, pero no había recibido respuesta. Eso la tenía preocupada. Solía recibir cuatro cartas a la semana, en las que Bellatrix le contaba sobre sus días, sobre Harry, Ronny y Luna. A veces mencionaba a Tom, lo que hacía que Hermione sintiera una punzada de celos. Sabía que Tom era solo un amigo, pero no podía evitar sentirse insegura, aunque también tenía claro que Bellatrix la había elegido a ella.

Estaba en su oficina, revisando su agenda junto a Pansy, quien no perdía oportunidad de coquetear descaradamente. Hermione, aunque educada, no le daba pie, pero la chica era persistente. En más de una ocasión, "casualmente" Pansy aparecía en los mismos lugares donde Hermione y Ginny salían de fiesta, sin ser invitada, y se unía al grupo. Ginny siempre le decía en tono de broma que Pansy solo quería "meter su cara entre sus piernas". Hermione esquivaba el tema, incómoda pero sin querer ser grosera.

Finalmente, logró coordinar tres días libres para el fin de semana. Pansy, curiosa e insinuante, preguntó qué tenía planeado, sugiriendo descaradamente algunos lugares para relajarse. Hermione, sin querer entrar en detalles, sintió que no debía compartir sus planes con ella. Tenía un objetivo claro: ver a Bellatrix. Necesitaba saber por qué no respondía a sus cartas, saber si estaba bien y, si Bella no quería saber más de ella, que al menos se lo dijera cara a cara.

Una mezcla de tristeza, melancolía, rabia y preocupación la invadía. Habló con sus padres acerca de su viaje a Castle Cambe, el pequeño pueblo que le había dado mucho más de lo que esperaba. Sus padres, creyentes en el amor y el romance, la apoyaron por completo, aunque su padre le pidió que no viajara en moto. "Es más seguro que vayas en el jeep", le dijo. Hermione accedió, y llegó el día en que se embarcaría en su viaje.

Optó por tomar un avión hasta una ciudad cercana para ahorrar tiempo y luego alquilar un vehículo. Estaba ansiosa, con los nervios a flor de piel, llena de expectativas, pero también de miedo por lo que encontraría.

Al llegar a Castle Cambe, el aire fresco del lugar y su atmósfera tranquila la recibieron. Las calles empedradas, bordeadas de casas antiguas y rodeadas por la densa vegetación, le daban al pueblo ese toque de misterio que lo hacía único. Recordaba con exactitud cada rincón, pero esta vez, el entorno parecía más sombrío, quizá porque no sabía qué la esperaba.

Hermione aparcó frente al pequeño bar donde se había encontrado por primera vez con Bellatrix. Su corazón latía con fuerza mientras se bajaba del coche. Todo estaba casi igual que la última vez, pero el silencio y la incertidumbre le pesaban. A cada paso que daba, sentía cómo la ansiedad se apoderaba de ella. Solo quería verla, asegurarse de que estaba bien.

Hermione bajó del auto, conteniendo el aire en sus pulmones como si su vida dependiera de ello. Jamás se había sentido tan nerviosa por algo. Soltó el aire despacio, reuniendo la valentía que necesitaba para entrar al bar. Todo estaba exactamente igual que la primera vez que había estado allí. La única diferencia era que el lugar estaba casi vacío, excepto por la mujer que le había robado su paz, quien estaba ocupada arreglando copas tras la barra, aparentemente tan concentrada que no notó la entrada de Hermione.

Hermione avanzó, sintiendo cómo su corazón latía desbocado, casi como si fuera a salírsele del pecho en cualquier momento. De pronto, un pequeño bulto de pelos saltó hacia ella, ladrando con alegría. Era Harry, que ya no era tan pequeño como la última vez. El cachorro se puso de pie sobre sus patas traseras y comenzó a lamerle la cara mientras ella se inclinaba para saludarlo con una risa suave.

En ese instante, Bellatrix se volteó, curiosa por el alboroto, y su corazón se detuvo al ver a Hermione allí, con esa sonrisa que hacía que el mundo alrededor desapareciera. Se quedó estática, sin saber cómo reaccionar. Hermione, levantándose lentamente, la miró a los ojos y murmuró con timidez:

—Hola.

Bellatrix, recuperando poco a poco su compostura, le devolvió la sonrisa, aunque sus ojos brillaban con una mezcla de sorpresa y emoción contenida.

—Hola, paloma. No pensé que te vería tan pronto —dijo, con una calidez que hizo que el nerviosismo de Hermione se desvaneciera al instante.

Sin decir más, Bellatrix salió de detrás de la barra y caminó hacia ella, envolviéndola en un fuerte abrazo que Hermione respondió casi de inmediato, dejándose llevar por la sensación de seguridad que aquel simple gesto le proporcionaba.

—Pensé que ya no sabría nada de ti... que te habías olvidado de nosotros —le susurró Bellatrix al oído, sin soltarla.

Hermione se aferró más a ella, susurrando en respuesta:

—Yo pensaba lo mismo. Por eso vine... quería que me dijeras en la cara que te dejara en paz, si eso era lo que querías.

Bellatrix se separó lentamente, con el ceño fruncido y una expresión de desconcierto en el rostro.

—¿Por qué haría eso? —preguntó.

—Porque dejaste de responder mis cartas —respondió Hermione, su voz temblando un poco al pronunciar esas palabras.

—¿De qué hablas? —dijo Bellatrix, confundida—. Solo recibí cuatro cartas tuyas... y aun así te seguí escribiendo, pensando que estabas ocupada.

Hermione también frunció el ceño, sorprendida.

—Pero... yo te escribí casi todos los días, contándote cómo me iba, esperando noticias tuyas.

Ambas se quedaron en silencio por un momento, tratando de entender lo que había sucedido. Finalmente, Bellatrix soltó una pequeña risa y negó con la cabeza.

—Vaya, paloma. Parece que nuestras cartas se han extraviado. Pero si eso es lo que hizo que vinieras hasta aquí, me alegra. Porque hoy estás aquí, frente a mí —dijo, acariciando suavemente el rostro de Hermione con una sonrisa que la hizo sentir como si todo estuviera en su lugar otra vez.

Hermione cerró los ojos ante el suave toque de Bellatrix, sintiendo cómo el peso de los últimos días se desvanecía lentamente. Había venido en busca de respuestas, y aunque todavía quedaban muchas incógnitas, estar allí, tan cerca de Bella, parecía ser la única respuesta que realmente necesitaba.

—Te extrañé —susurró Hermione, disfrutando del suave toque de Bellatrix, sin querer que ese momento acabara jamás.

Bellatrix se acercó con delicadeza, dejando un suave beso en la mejilla de Hermione, que sintió su corazón acelerar ante el gesto.

—Yo también te extrañé, cariño —respondió Bella, tomando la mano de Hermione con ternura. La jaló suavemente, llevándola hacia la parte trasera del bar—. Vamos, debes saludar a Ronny. Se volverá loca de alegría al verte aquí, y tenemos que avisarle a Luna. Además, hay mucho de qué hablar. Quiero saber cómo te va en el trabajo.

Hermione estaba sorprendida, no solo por la efusividad con la que Bellatrix la estaba tratando, sino también porque podía sentir una calidez y apertura en Bella que no había notado antes. Recordaba claramente cómo la primera vez que estuvo allí, Bellatrix había sido tan reservada, tan reacia a mostrar sus emociones. Ahora, esa misma mujer estaba sonriendo, casi radiante, como si la simple presencia de Hermione la hubiera transformado.

Hermione no pudo evitar sonreír, sintiendo su corazón latir con fuerza. Bella estaba feliz, y Hermione no podía evitar pensar que parte de esa felicidad era por ella.



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Destinos Cruzados  (BELLAMIONE)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora