ೀTan cerca

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El aire en la casa estaba cargado de una tensión palpable que Hyunjin no sabía cómo manejar. A medida que las tardes de estudio con Yongbok se sucedían, algo dentro de él seguía creciendo, algo que no podía ignorar. Cada día, la cercanía entre ellos se sentía más intensa, más difícil de disimular. Pero había una barrera que lo mantenía a raya, una línea que no se atrevía a cruzar, aunque todo su ser deseaba hacerlo.

Esa tarde, la luz dorada del sol se colaba por las ventanas del salón, iluminando suavemente a Yongbok, quien estaba concentrado en las fórmulas que intentaba explicarle. Hyunjin intentaba escuchar, de verdad lo intentaba, pero su atención estaba completamente capturada por la figura de Yongbok: sus manos que se movían con precisión mientras señalaba los números, el leve fruncir de su ceño cuando algo no le cuadraba, y la forma en que sus labios se movían al hablar.

No pudo evitarlo. Su mente divagaba, imaginando lo que sería inclinarse un poco más, cerrar el espacio entre ellos y... ¿Qué estaba pensando? Hyunjin se sacudió ligeramente, tratando de concentrarse de nuevo en las matemáticas, pero su mirada no podía apartarse de Yongbok. Era como si todo a su alrededor se desvaneciera y solo existieran ellos dos en esa pequeña burbuja.

Yongbok, como si sintiera la mirada fija de Hyunjin, alzó la vista de repente. Sus ojos se encontraron, y por un instante, ambos se quedaron inmóviles, sin decir una palabra. El silencio entre ellos no era incómodo, sino lleno de significados no expresados. La habitación se sentía pequeña, cerrada, como si el aire mismo hubiera decidido volverse más denso.

-¿Flor? -preguntó Yongbok en un susurro, usando el apodo con una familiaridad que ahora parecía cargada de algo más.

Hyunjin sintió un nudo en la garganta al escuchar su voz. El simple hecho de que lo llamara así hacía que todo pareciera más real, más cercano. "Flor". Era un apodo que le hacía sentir expuesto, vulnerable, pero también le recordaba la conexión que compartían, algo que iba más allá de las palabras.

-Sí, Mariposa -respondió Hyunjin con voz baja, casi temblorosa.

El espacio entre ellos era tan pequeño que Hyunjin podía sentir el calor que emanaba del cuerpo de Yongbok. Parecía que el aire vibraba con la posibilidad de algo más, algo que había estado esperando en las sombras durante tanto tiempo.

-Has estado muy distraído últimamente -dijo Yongbok, con una sonrisa ligera, pero sus ojos seguían fijos en los de Hyunjin, como si estuviera esperando una confesión.

-No es nada -murmuró Hyunjin, pero su voz traicionaba la verdad-. Solo... no puedo concentrarme como antes.

Yongbok no dijo nada. Solo lo miraba, su mirada intensa, como si tratara de leer todos los pensamientos que Hyunjin estaba luchando por ocultar. Lentamente, sin que ninguno de los dos pareciera tomar la decisión de moverse, la distancia entre ellos empezó a disminuir. Hyunjin sentía que su corazón latía con fuerza en sus oídos, ahogando cualquier intento de razonamiento. No sabía quién estaba moviéndose primero, si era él o Yongbok, pero la brecha entre ellos se iba cerrando.

Sus rostros estaban ahora tan cerca que Hyunjin podía sentir la respiración de Yongbok en su piel, cálida y suave. Sus ojos seguían fijos el uno en el otro, como si temieran romper el momento si miraban hacia otro lado. Había algo en los labios de Yongbok que atraía a Hyunjin, algo que lo invitaba a dar ese último paso. Los pensamientos se desvanecieron, y por primera vez en mucho tiempo, Hyunjin no estaba pensando en las consecuencias, solo en el deseo que lo arrastraba.

Lentamente, Yongbok inclinó la cabeza un poco más, y Hyunjin sintió cómo su cuerpo respondía por sí solo, acercándose también. Sus labios estaban a solo un suspiro de distancia, y Hyunjin podía sentir la anticipación creciendo dentro de él. "Esto está pasando", pensó, sin poder creerlo.

Justo cuando sus labios estaban a punto de rozarse, una voz rompió el silencio de la casa como una explosión inesperada.

-¡Hyunjin! ¡Yongbok! ¿Dónde están?

Hyunjin dio un salto, su cuerpo tensándose instantáneamente mientras su corazón se aceleraba por razones completamente distintas. Minho, el hermano mayor de Yongbok, acababa de entrar por la puerta, y su voz resonaba por toda la casa.

Ambos chicos se separaron bruscamente, casi tropezando entre sí en su prisa por poner algo de distancia. Hyunjin sintió su cara arder, seguro de que estaba completamente rojo, y evitó mirar a Yongbok. Sabía que si lo hacía, la situación sería aún más evidente.

Minho apareció en el umbral de la sala, ajeno a la tensión que había interrumpido. Llevaba una bolsa de compras en la mano y sonreía como si nada raro hubiera pasado.

-¡Ah, aquí están! -dijo alegremente, acercándose a ellos-. Vine a traer algunos bocadillos. Mamá dice que han estado estudiando mucho y que necesitan recargar energías.

Hyunjin apenas pudo forzar una sonrisa mientras Minho dejaba la bolsa sobre la mesa. Todavía sentía el eco del momento que casi había sucedido, el calor de la cercanía de Yongbok aún presente en su piel. Se atrevió a lanzar una rápida mirada a su amigo, y vio que Yongbok también parecía incómodo, evitando hacer contacto visual.

-Gracias, Minho -murmuró Yongbok, su voz más baja de lo habitual.

Minho, sin notar nada raro, asintió y se dirigió hacia la cocina, dejando a los dos chicos nuevamente solos en el salón, pero la magia del momento había desaparecido. Hyunjin soltó un suspiro que no se dio cuenta que había estado conteniendo y se hundió en el sofá, sintiéndose agotado emocionalmente.

"Estuvimos tan cerca", pensó, con una mezcla de alivio y frustración. ¿Qué habría pasado si Minho no los hubiera interrumpido? ¿Habrían cruzado esa línea? ¿Y qué significaba realmente todo eso?

Yongbok se aclaró la garganta, rompiendo el incómodo silencio.

-Bueno... supongo que deberíamos seguir estudiando -dijo, aunque no parecía muy convencido.

Hyunjin asintió, sin decir nada. Sabía que no podían seguir ignorando lo que estaba ocurriendo entre ellos, pero ahora no era el momento. O tal vez nunca lo sería.

A pesar de todo, el latido acelerado de su corazón le recordaba que, aunque el beso no había sucedido, algo había cambiado entre ellos. Y lo peor, o tal vez lo mejor, era que ahora ambos lo sabían.

Minho había interrumpido el momento, pero la cercanía, la conexión, seguía latente, como una llama que aún no se apagaba.

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𝓨𝓸𝓾𝓻 𝓕𝓸𝓻𝓶𝓾𝓵𝓪 𝓞𝓯 𝓛𝓸𝓿𝓮  •𝓛𝓲𝔁𝓳𝓲𝓷 •Donde viven las historias. Descúbrelo ahora