29.

1.5K 67 17
                                        

Damián Vitale

Han pasado veinte días desde que Marena se fue. En ese lapso Matteo ha perdido su mierda dos veces contra hombres que a pesar de tener lazos sanguíneos con nosotros no son más que unas malditas ratas.

Mi mamá se quedó conmigo mientras Matteo regreso rápido a Chicago para asegurarse de la seguridad de Stella y su hijo. Mi rabia también se enciende cuando pienso en el papá de Marena y como le valió mierda siquiera venir a ver a su nieta.

—La apnea es muy común en bebes prematuros... —comienza la pediatra y comienzo a sudar frio en solo pensar que un día ella sencillamente deje de respirar— afortunadamente, los latidos cardiacos de la niña se han estabilizado, pero no se puede estar completamente seguro de que ella no tenga algún cambio al respecto. El peso de la niña en estas casi tres semanas ha aumentado un poco y afortunadamente es capaz de respirar, comer y mantener su temperatura por si sola, con esto señor Vitale puedo decirle que mañana se puede llevar a su hija a casa.

»Tiene que estar supervisándola por la noche para que se alimente cada dos horas en su caso.

—Voy a necesitar una enfermera —murmuro cuando la pediatra se retira. Mi madre niega.

—Yo me quedare contigo hasta que traigas de vuelta a Marena.

Suspiro estresado. Y me acerco a la cuna donde está mi hija dormida profundamente.

— ¿Crees que pueda traerla? Han pasado veinte días y por más que hemos... buscado —término diciendo para no decir asesinado, torturado o peores cosas para no estremecer a mi mama— la tiene ese hijo de puta. Misteriosamente quedan pocos rusos en el área.

—Sé que sí y tus hermanos te están ayudando.

— ¿Estas segura de querer quedarte a ayudarme con ella?

Sonríe.

—Sabes que sí. Hace mucho que ustedes dejaron de depender de mí y cuidar a esta niñita será algo que disfrutare, además de que es mi nieta —suspira— quizá estoy loca, pero se parece a ti de bebe. Solo que mucho más pequeña.

Ruedo los ojos pero no le digo nada. Antes creía que todos los bebes eran exactamente iguales, pero puedo ubicar a esta bebita desde lejos.

—Necesita un nombre, pero me sabe mal ponerle uno sin que su madre este aquí —comento.

— ¿No habían hablado de nombres?

—No sabíamos que era y, la verdad, fui un bastardo a tiempo completo. Estaba en negación sobre la bebe.

—Desde niño has sido así. Si no te salías con la tuya hacías berrinche y si te obligaba a hacer algo eras insoportable. De mis tres hijos fuiste el más difícil de educar, pero pensé que conforme crecieras madurarías en ese aspecto.

—Estaba tratando.

—No lo suficiente, hijo —me responde severamente y no le digo nada— te diré algo: a veces eres un idiota —al ver mi mirada sorprendida continua— no me mires así, lo sabes, pero espero que una vez recuperes a Marena corrijas eso. O... quizá alejarse el uno del otro.

—No hay divorcios...

—Quizá puedas ser el primero en impulsar eso.

—Mamá, no es tan fácil.

—Si lo es, pero ¿No será que no quieres separarte de ella? ¿Has pensando sobre tus sentimientos por Marena?

—Mamá, de verdad te quiero y respeto, pero no hablare contigo de esto —fuerzo una risa. Se siente casi extraña después de estos días de infierno.

DemonioDonde viven las historias. Descúbrelo ahora