—¿Y ese ruido?
Pregunta susurrando Luciana. Era un tintineo apenas perceptible, el aliento se marcaba en el viento. La temperatura había caído y como si fuera una escenografía de una película de terror, la imagen de Ariadna encima de Elena era algo que a cualquiera habría aturdido. Y lo que resultaba más incongruente, la sonrisa de Elena totalmente pintada de sangre. Era un circo salido de algún círculo del infierno, realmente dantesco. Apresuradas, tanto Nina como Juliana se abalanzaron para sostener a Ariadna y apartarla de Elena. La risa de Priego era lo único que ambientaba el lugar. Se puso de lado para escupir la abundancia de flores carmesí que brotaba sin cesar. Con la fuerza que le quedaba se fue poniendo de pie. Todas las presentes no daban cabida a lo que acontecía.
—¡No más! ¡¿Qué mierda significa esto, Elena?! Mira cómo estás, Dios mío...
Gritó Juliana exasperada, no comprendía cómo había escalado así todo y mucho menos la reacción de su esposa. Su ropa por completo estaba polveada, sus ojos brillanan con emoción mientras de su mentón goteaba sangre. Con el dorso de su mano se limpió un poco y se encogió de hombros respirando lentamente.
—Dos cavernícolas peleando, Juliana. Eso somos. ¿O no, Ayamonte?
Los nudillos de Ariadna estaban dañados, tenían aperturas por la colisión de fuerza. Irritados, enrojecidos y abiertos, sangrando levemente y concentrándose el hematoma expuesto en el centro, rojo profundo. Se mordió los labios y con un fuerte suspiró asintió para después reír.
—Estás hecha mierda, Priego. Sabes que no podemos salir de aquí de pie.
Nina sostenía a su exmujer con fuerza, ¿seguía provocando a Elena con esas frases? ¿Qué estaban haciendo las dos? Una conversación ambigua que parece ser únicamente entendida por ellas.
—Ya detente, Ariadna. Ya...
Susurró y Elena expulsó aire de sus pulmones con pesadez. Alzó los brazos y se giró para ver a su hermosa Juliana.
—¿Por qué eres tan bonita, Juliana?
Cuestiona Elena en un tono de voz tan dulce que Juliana sintió un leve grado de perturbación.
—Eso no es relevante ahora. ¿Dime, qué pasa mi amor? ¿Qué es todo esto? Por favor, dime.
Insiste Moguer y Ariadna solamente observa a Elena. Parecía como si estuviese comunicándose entre ellas.
—Yo le di dinero a Alejandro. No sabía que te iba a moler a palos así.
Confesó Ariadna dejando un silencio sepulcral detrás. Elena asintió mientras Juliana quería matarla a golpes.
—Mala inversión. Sigo aquí.
Responde Elena con una sonrisa enorme en el rostro, que curiosamente contagia a Ariadna. Ambas comienzan a reír generando una incomprensión total en el resto de las mujeres.
—Supongo que las cucarachas sí son inmortales. Puedes denunciarme si quieres, Priego. Ya tuve lo que quería.
Juliana apretó las manos, seguía sosteniendo a su mujer y de reojo observaba a Nina que tenía la cara igualmente desencajada.
—No quiero hacerlo. No voy a meter a la cárcel a la madre de la esposa de mi hijo.
Se seguían provocando pero como una especie de juego entre las dos. Luciana no sabía cómo reaccionar adecuadamente a tan extraña situación. Moguer, impresionada por lo que sucedía se dedicó a escuchar la conversación para poder encontrar algún punto lógico.
—Ya cállate. No quiero deberte nada. Denunciarme es lo mejor.
Continúo Ariadna y Elena negó.
—¿Si lo hago, qué voy a ganar, Ariadna? La justicia llegó con el encierro de Alejandro. No me importa lo otro.
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INDELEBLE
Storie d'amoreAmar es una odisea para aquellos que aman y no son correspondidos. Amar es un suplicio para los que están alejados del amor de su vida. Amar es un sacrificio para los que se atreven a sentir. Sin miramientos, esta historia cubre las emociones más co...
