...
Momentos antes...
—¿Mi amor, a dónde vas?
Interroga Juliana a su esposa al verla salir con una vestimenta discreta y cómoda. Elena se aproxima a ella con rapidez y le planta un beso intenso en los labios.
—Iré a dar una vuelta y en el camino traeré algo para comer. ¿No sé te antoja algo de comida rápida? Me gustaría comer una hamburguesa con mucho queso.
Juliana comenzó a reír de alivio, su gran amor estaba siendo tan encantadora como nadie. Aunque el sexto sentido en ella era más que un mito, la agudeza de la intuición femenina es indiscutible. Sospechando, Moguer dejó ir a su esposa. No podía inmiscuirse más de lo que Elena misma lo permitía, respetando su espacio y privacidad, la observó irse con una determinante convicción. Algo ocurría y no estaba segura si era lo que intuía o no.
Por su parte, Elena conducía mientras cientos de fotografías iban y venían de su memoria. La casa donde creció, la cara de esos hombres que la golpearon antes, todas las veces que la miraron con desprecio por ser quien era y luego venía la mirada de su hijo al nacer, los ojos de Alejo y la ilusión en ambos al descubrir el mundo. El te quiero pronunciado por Dante, cuando abrían los obsequios de navidad y la sonrisa de alegría que se dibujaba en el rostro de su familia en esos momentos. Las veces que Juliana se entregaba sin condición y demostraba su amor sin titubeos. Cada metro avanzado iba desbloqueando recuerdos, un tornado moviendo con fiera violencia hasta los recovecos de su alma. Era el momento más crucial, ese dónde fijamente estaba la interrogante de continuar como antes o avanzar bajo el calamor de las segundas oportunidades.
Confundida por lo que estaba por hacer, Elena se detuvo frente a la casa de la que era su madre. Un hogar de prestigio y lleno de equipo de seguridad. ¿Por qué haber escuchado su nombre proveniente de Luciana la hizo sentirse feliz aún en esas circunstancias? No lo entendía y por ello la morena estaba plantenado tantas hipótesis en su mente que perdía la noción de sí misma. ¿Con solo decir su nombre ya estaba dispuesta a perdonar la? Elena rascó su nuca y suspiró sin saber que hacer. Detrás de la verja permanecía quieta, viendo en el portón su única limitante y paralelamente, su única salvación. Palmisano decía la caja del buzón, forjado en un hermoso y sofisticado trabajo de herrería. ¿Dios le dio toda esta abundancia a Luciana como recompensa por su vida? ¿Será un buen hombre el que está a su lado? Elena sonrió, en ambas cuestiones esperaba que sí y al saber esa respuesta afirmativa, supo de inmediato que sus preguntas anteriores también tenían una afirmación como contestación. La había perdonado y sintió felicidad al escucharla pronunciar su nombre.
Elena volvió adentrarse a su auto y del interior de la guantera, sacó su bloc de notas para escribir un pequeño recordatorio. Uno para ella y el otro para Luciana.
“¿Cómo estás? Espero que te encuentres bien. No tengo mucho qué decir en esta nota, pero creo que lo más adecuado es darte las gracias por todo, y agradecer también a tu esposo por salvarme. Te deseo lo mejor hoy y siempre...”
Y firmando con un “Elena” selló aquella nota para dejarla en el buzón con la ilusión y certeza que había una plática pendiente, sin embargo, ya había otorgado el perdón que le correspondía. La morena siguió escribiendo en otra página de su bloc de notas y una vez finalizado, quitó la hoja que había dedicado a Luciana y la arrancó, doblando por la mitad aquel delicado trozo de papel. Escribiendo en la superficie con caligrafía apresurada un “Para Luciana...”
Depositó aquella nota en el buzón y retomó el camino a su cita agendada. El destino volvía a decir entre líneas que lo pendiente ennel mundo debía atenderse tarde o temprano. No era un reclamo, sino una ley natural, como aquellas que hablan de los circuitos del karma o quizá, de las otros dichos sobre la vida, la gratitud y la enseñanza. Posiblemente, Elena trataba de organizar en su cabeza todo lo que transcurría con afán y con prontitud, viendo en la balanza ese deslizamiento del amor colgando de un hilo que con fragilidad podia romperse y hacer caer lo sublime a lo profano con facilidad. ¿Era eso lo que debía ver?
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INDELEBLE
Storie d'amoreAmar es una odisea para aquellos que aman y no son correspondidos. Amar es un suplicio para los que están alejados del amor de su vida. Amar es un sacrificio para los que se atreven a sentir. Sin miramientos, esta historia cubre las emociones más co...
