CAPÍTULO 20

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Los días antes de la gala pasaron rápidamente, pero estuvieron llenos de momentos especiales. Richard y yo seguimos con nuestra rutina: él entrenaba con una intensidad que hacía que los demás jugadores lo respetaran cada vez más, mientras yo me sumergía en mi trabajo de entrevistas, algo que disfrutaba mucho más de lo que esperaba.

La iniciativa de hacer entrevistas a los jugadores del Palmeiras había sido idea de los medios del club, y aunque al principio me sentía algo nerviosa, pronto descubrí que me encantaba interactuar con ellos y leer las preguntas que los seguidores enviaban. Cada entrevista tenía su toque de humor, ya que muchos de los jugadores eran bastante ocurrentes, pero el verdadero desafío llegó cuando tuve que entrevistar a Richard.

Cuando llegó su turno, él se sentó frente a mí con una sonrisa traviesa, cruzando los brazos como si estuviera esperando algo.

—A ver, muñeca, ¿qué me tienes preparado? Pero cuidado, no quiero que me pongas en aprietos —dijo, guiñándome un ojo.

Tomé mi tablet, lista para leer las preguntas de los seguidores, aunque su presencia siempre lograba que mi corazón latiera un poco más rápido.

—Primera pregunta de @futbolista_pasion: ¿Richard siempre fue tan seguro de sí mismo o es algo que desarrolló con el tiempo? —leí en voz alta, mirándolo divertida.

Richard se llevó la mano al pecho, fingiendo sorpresa.

—Uy, qué pregunta tan profunda. Pero, Gaby, tú sabes la respuesta. Yo nací así, princesa. La seguridad viene incluida cuando eres Richard Rios —respondió, ganándose las risas de todos los que estaban alrededor.

—Claro, copito de nieve, si no lo dices tú, ¿quién lo hará? —repliqué, rodando los ojos.

La entrevista continuó con más preguntas de los seguidores. Una de las más graciosas fue: "¿Cómo haces para mantenerte tan guapo mientras juegas fútbol? Porque ni sudado pierdes el encanto."

—Ah, esa es fácil. Nací bendecido, muñeca. Además, tengo una motivación extra: mi hermosa entrevistadora —dijo, mirándome con esa intensidad que hacía que quisiera esconderme de la cámara.

Al final, terminé la entrevista sonrojada pero feliz. Los demás jugadores no paraban de bromear con Richard por la forma en la que me miraba, pero él solo se encogía de hombros con una sonrisa de satisfacción.

Durante esos días, Richard se encargó de recordarme lo importante que era para él. Cada mañana, al despertarme, encontraba notas escritas a mano con mensajes como: "Buenos días, mami. Espero que tengas un día tan increíble como tú." O pequeñas sorpresas como mi café favorito ya servido en la mesa.

Una tarde, mientras terminaba de editar un video para las redes sociales del club, sentí que alguien me observaba. Levanté la vista y lo vi parado en la puerta con una rosa en la mano.

—¿Qué haces, Richi? —le pregunté, divertida.

—Nada, princesa. Solo quiero recordarte que eres lo mejor que me ha pasado —dijo, entregándome la rosa y dándome un beso en la frente.

Había días en los que me hacía reír con sus ocurrencias. Una noche, mientras veíamos un partido en la televisión, comenzó a narrar en voz alta lo que haría si estuviera jugando, con comentarios como:

—Mira, Gaby, aquí meto un golazo y después me arrodillo frente a la cámara para dedicarte el gol. ¿Cómo lo ves? —dijo con un tono serio, pero sus ojos delataban su humor.

La noche previa a la gala, Richard y yo nos sentamos en el sofá después de la cena. Él estaba revisando unas jugadas en su teléfono mientras yo buscaba ideas para mi vestido. Sin embargo, cada vez que intentaba concentrarme, sentía su mirada sobre mí.

11 pm - Richard RiosDonde viven las historias. Descúbrelo ahora