CAPITULO 40

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Mientras estaban en la heladería, la atmósfera comenzó a relajarse. Nicole eligió un helado de fresa con chispas de chocolate, mientras Richard, fiel a su estilo, pidió el sabor más inusual que pudo encontrar: mango con chile.

—¿Mango con chile? —Nicole levantó una ceja, divertida—. Amor, ¿eso es un helado o un castigo?

Richard rió mientras probaba su helado, fingiendo que estaba delicioso.

—Mmm… exquisito. Tal vez no seas lo suficientemente aventurera para entenderlo, mami —dijo, dándole una probada a su helado con exageración.

Nicole negó con la cabeza y se inclinó hacia él.

—A ver, dame a probar esa maravilla —dijo, tomando la cuchara.

En cuanto lo probó, frunció el ceño, mirando a Richard con una mezcla de incredulidad y diversión.

—¡Esto sabe a salsa con hielo! ¿Cómo puedes comer esto? —dijo, soltando una carcajada.

Richard, sin poder contenerse, empezó a reír también.

—Ah, te lo dije, es para paladares refinados. Tú quédate con tu helado rosa, princesa.

Nicole rodó los ojos y le devolvió la cuchara.

—Prefiero mi helado rosa que me hace feliz. No sé cómo tu estómago puede con eso.

Los dos se sentaron en una mesa pequeña junto a la ventana, disfrutando del momento. La heladería estaba tranquila, y aunque algunos curiosos los miraban desde lejos, no había paparazzi a la vista.

Nicole jugaba con su cuchara en el helado mientras miraba a Richard, quien parecía disfrutar el suyo como si fuera el mejor del mundo.

—¿Sabes? —dijo ella, rompiendo el silencio—. A veces pienso que todo esto es demasiado. La gente, las cámaras, los rumores… pero luego te miro a ti, y todo eso deja de importar.

Richard levantó la mirada, sorprendido por sus palabras. Sonrió con ternura y tomó su mano por encima de la mesa.

—Y yo pienso que no importa cuántos paparazzi nos sigan, o cuántos sabores raros de helado pruebes, siempre voy a estar aquí para ti.

Nicole sintió cómo su corazón se aceleraba, y aunque quería responder, las palabras se le quedaron atascadas. Solo atinó a apretarle la mano con fuerza y sonreírle.

Terminaron sus helados entre risas y pequeños comentarios sarcásticos sobre los gustos de cada uno. Richard, como siempre, no podía evitar burlarse de la elección "segura" de Nicole, mientras ella le devolvía los comentarios con ingenio.

Al salir de la heladería, caminaron un rato por el parque cercano, disfrutando del aire fresco. Richard rodeó los hombros de Nicole con su brazo, y ella apoyó la cabeza en su pecho.

—Creo que no necesitamos más —dijo Nicole, cerrando los ojos por un momento.

—Tienes razón, princesa. Tú, yo, y un poco de helado rosa —respondió Richard, besándola en la frente.

Ese día fue un recordatorio de que, pese al caos de sus vidas, siempre podían encontrar refugio el uno en el otro.

Después de disfrutar su helado y una tranquila caminata por el parque, Richard decidió llevar a Nicole a un lugar especial. Mientras conducía, no le reveló de inmediato su destino, lo que hizo que Nicole comenzara a llenarlo de preguntas.

—¿A dónde vamos ahora, amor? —preguntó ella, jugando con el volumen de la radio.

—Paciencia, princesa. Es una sorpresa —respondió Richard con una sonrisa, sin apartar la vista del camino.

11 pm - Richard RiosDonde viven las historias. Descúbrelo ahora