CAPITULO 18

2.3K 108 25
                                        

//Narra Richard//

Después de lo que pasó en la sala, no podía dejar de sonreír. Nicole siempre tenía una respuesta que me dejaba pensando, pero la manera en la que se puso nerviosa me dejó claro que no era tan inmune a mí como intentaba aparentar.

Ya vestido, me dirigí a la cocina para preparar algo. Entre la charla y la pola, no habíamos comido nada decente. A medio camino, la vi salir de su habitación, luciendo uno de mis buzos.

—¿Qué hace con eso, mami? —pregunté, señalando la prenda con una ceja levantada.

—Pues, me lo robé —dijo con una sonrisa descarada mientras se acomodaba las mangas—. ¿Algún problema?

—No, mami. Le queda tan lindo que ahora es oficialmente suyo. Pero… si yo me pongo su ropa, ¿también me lo va a devolver? —respondí, guiñándole un ojo.

Ella soltó una carcajada.

—¡Quiero ver eso! Me avisa cuando se anime.

Me dirigí al refrigerador mientras ella se sentaba en el mesón de la cocina, observándome.

—¿Qué va a hacer? —preguntó, apoyando su barbilla en las manos.

—Unos huevos revueltos con arepa. No será mucho, pero con amor saben mejor —dije, exagerando mi tono romántico.

—Uy, con amor, ¿cierto? Ya veremos si quedan buenos. —Se bajó del mesón y se acercó para ver lo que hacía, apoyándose a mi lado.

Sentía su mirada fija en mí mientras cocinaba, lo cual me ponía un poquito nervioso, pero decidí seguirle el juego.

—¿Qué pasó? ¿Le encanta tanto verme cocinar que no puede dejar de mirar? —pregunté, girándome hacia ella con una sonrisa.

—Más o menos —dijo, acercándose un poco más—. Aunque creo que podría hacerlo mejor.

—¿Ah, sí? ¿Quiere probar? —pregunté, levantando la sartén con una mano.

—Obvio. A ver si esos huevos quedan decentes.

—Listo, mami, hágale pues. Yo superviso —respondí, retrocediendo un paso y cruzándome de brazos.

Nicole tomó la espátula, pero apenas la tenía en la mano, fingió que se le escapaba y me dio un pequeño golpe en el pecho.

—Uy, perdón, se me resbaló —dijo, tratando de aguantar la risa.

—Ah, no. Usted es un peligro en la cocina, mejor deje que yo me encargue.

—¿Peligro? ¡Si ni siquiera le he puesto sal a la comida todavía!

Nos reímos mientras continuábamos cocinando juntos. Era sencillo, pero esos pequeños momentos eran los que más disfrutaba con ella.

Una vez la comida estuvo lista, nos sentamos en la mesa.

—Bueno, mami, ¿qué tal? ¿Se ganó las cinco estrellas este chef?

—Mmm... no sé —dijo fingiendo pensar mientras se llevaba un bocado a la boca—. Le falta un poquito, pero le doy un cuatro.

—¿Un cuatro? ¿Solo un cuatro? —repliqué, fingiendo estar ofendido.

—Sí, pero no se preocupe. Tiene potencial —respondió guiñándome un ojo.

El resto del desayuno pasó entre bromas y risas. Era fácil estar con ella, incluso cuando la tensión entre nosotros seguía presente, como una corriente eléctrica que no se apagaba.

Más tarde, mientras recogíamos los platos, se tropezó ligeramente con un mueble y, sin pensarlo, la sujeté por la cintura para evitar que se cayera.

11 pm - Richard RiosDonde viven las historias. Descúbrelo ahora