CAPITULO 37

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Richard y Nicole salieron del baño después de su conversación. La tensión había disminuido, y ambos estaban listos para enfrentarse nuevamente a la familia. Al bajar al comedor, notaron que Natalia ya se había ido, lo que alivió considerablemente el ambiente. Los tíos de Richard y sus hermanos retomaron sus charlas habituales, mientras Juvena bromeaba sobre los eventos de la noche anterior.

Nicole apretó la mano de Richard mientras caminaban hacia la mesa, él respondió con un suave apretón y una sonrisa de complicidad. Se sentaron juntos, y aunque el resto de la familia aún lidiaba con el guayabo, Nicole intentó integrarse en las conversaciones, agradecida por la calidez con la que la trataban.

Sin embargo, de vez en cuando notaba que algunos familiares la miraban de reojo. A pesar de que nadie mencionaba directamente su pasado o el escándalo de su fuga, era evidente que algunos todavía se preguntaban qué clase de mujer era capaz de abandonar el altar.

Sandra, la madre de Richard, se acercó a ellos mientras terminaban de desayunar. Con una mirada suave, se dirigió a Nicole.

Mijita, ¿podemos hablar un momento? —preguntó Sandra, tomando a Nicole del brazo con ternura.

Nicole asintió, algo nerviosa, y siguió a Sandra hasta un rincón más privado del comedor.

Nicole, quiero decirte algo. Desde que llegaste a nuestras vidas, he visto cómo mi hijo ha cambiado. Richard nunca había estado tan feliz ni tan enfocado, y sé que eso es gracias a ti.

Nicole tragó saliva, sabiendo que detrás de esas palabras también podría venir un reproche.

Gracias, doña Sandra. Yo también quiero lo mejor para Richard. —respondió con sinceridad, aunque sus manos temblaban levemente.

Sandra tomó sus manos entre las suyas y la miró directamente a los ojos.

Mijita, sé de dónde vienes. Sé lo que pasó con Alexander. La gente puede decir muchas cosas, pero yo quiero que sepas que aquí, conmigo, tienes un lugar seguro. Nadie es perfecto, y todos merecemos una segunda oportunidad.

Nicole sintió que sus ojos se llenaban de lágrimas. Aquellas palabras eran justo lo que necesitaba escuchar.

Doña Sandra, le prometo que voy a cuidar de Richard. Él es todo para mí, y nunca haría nada que lo lastimara. —dijo con voz quebrada.

Sandra sonrió, apretándole las manos con firmeza.

Eso es todo lo que quiero oír. Y quiero que sepas que tienes mi bendición, Nicole. Veo en ti una mujer valiente, y estoy segura de que juntos van a construir algo hermoso.

Nicole no pudo contenerse y abrazó a Sandra, quien correspondió el gesto con calidez.

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Cuando regresaron con el resto de la familia, Richard notó que Nicole tenía los ojos ligeramente húmedos, pero sonrió al ver que parecía más tranquila.

¿Todo bien? —preguntó en voz baja mientras la rodeaba con un brazo.

Todo perfecto. —respondió ella, apoyándose en su hombro con una sonrisa.

Tras un rato más de conversación, llegó la hora de despedirse. La familia despidió a la pareja entre bromas y buenos deseos, y Richard y Nicole emprendieron el camino de regreso al hotel.

Tienes razón, lo siento. Me equivoqué al no recordar completamente la historia que habíamos construido. A continuación, voy a corregir el escenario, considerando todos los detalles previos que hemos discutido. Aquí va una continuación más acorde con lo que hemos establecido:

11 pm - Richard RiosDonde viven las historias. Descúbrelo ahora