CAPITULO 53

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El ambiente en la sala se tensó aún más cuando el padre de Nicole se puso de pie y, con un tono autoritario, les señaló la puerta a Nicole y Alexander.

-Ya pueden retirarse – dijo con frialdad.

Nicole lo miró con furia contenida, pero antes de poder replicar, su padre añadió:

-No habrá forma de que salgan de esta casa hasta que entiendan lo que está en juego. Se quedarán aquí un par de días.

Alexander, con su habitual arrogancia, se encogió de hombros como si la situación no le molestara en lo más mínimo. Nicole, en cambio, sintió como si el suelo se desmoronara bajo sus pies. Sin más palabras, salió de la sala, sus tacones resonando en el suelo de mármol.

Al llegar a la que solía ser su habitación, Nicole se detuvo frente a la puerta. La abrió lentamente, y un torrente de recuerdos la golpeó como una ola. Allí estaba todo tal y como lo había dejado: los muebles blancos y elegantes, las cortinas de seda, los estantes llenos de libros y los pequeños detalles de su infancia y adolescencia. Era como si el tiempo no hubiera pasado.

Cerró la puerta detrás de ella y dejó caer su bolso en el suelo. Caminó hasta el borde de la cama, se sentó y permitió que las lágrimas rodaran por sus mejillas. Todo lo que había intentado dejar atrás estaba volviendo a atraparla, y la sensación de impotencia era abrumadora.

Con las manos temblorosas, buscó su teléfono en el bolso y marcó el número de Richard. Tardó unos segundos en contestar, pero cuando escuchó su voz al otro lado de la línea, su llanto se intensificó.

-Nicole, amor, ¿qué pasa? – preguntó Richard, preocupado al instante.

-Richard... – sollozó ella – no puedo más...

-¿Dónde estás? – insistió, su voz cargada de urgencia.

En la mansión de mis padres – logró decir entre lágrimas – me han obligado a quedarme aquí, Richard. No me dejan salir, dicen que debo quedarme un par de días y... – hizo una pausa, tragándose el nudo en su garganta – quieren que me case con Alexander.

Hubo un silencio al otro lado de la línea, pero Nicole pudo escuchar el sonido de Richard respirando profundamente, intentando contener su enojo.

Escúchame bien, Nicole – dijo finalmente, con firmeza – no voy a permitir que te obliguen a nada. No importa lo que tenga que hacer, voy a sacarte de ahí.

-Richard... tengo miedo – confesó ella, dejando escapar un nuevo sollozo.

No tienes que estar sola en esto – aseguró él, con determinación – tú eres mi familia ahora, tú y nuestro bebé. No importa lo que pase, voy a estar contigo.

Las palabras de Richard le dieron a Nicole un pequeño rayo de esperanza, aunque la situación seguía siendo desoladora.

-Te amo – murmuró ella, aferrándose a ese vínculo que compartían.

-Yo también te amo, Nicole – respondió él, con suavidad – no te preocupes, vamos a superar esto juntos.

Nicole colgó, aunque el miedo y la incertidumbre seguían presentes. Miró alrededor de la habitación, que parecía tan ajena y, al mismo tiempo, tan familiar. Se recostó en la cama, permitiéndose un momento de debilidad antes de decidir su próximo paso. Sabía que no podía ceder a las presiones de su familia, pero enfrentarlos iba a ser una batalla difícil.

Nicole se secó las lágrimas con firmeza y se dirigió al espejo para retocar su maquillaje. No quería mostrar debilidad, no ahora, no ante nadie. Acomodó su vestido, respiró profundamente y se preparó para lo que pudiera venir.

11 pm - Richard RiosDonde viven las historias. Descúbrelo ahora