CAPITULO 41

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Cuando Nicole bajó nuevamente a la sala, encontró a la familia sumida en una animada conversación. Richard ya estaba de regreso, sentado tranquilamente junto a su padre, con una expresión completamente relajada, como si no hubiera pasado nada. Sin embargo, cuando sus ojos se encontraron, él le guiñó un ojo de forma descarada, lo que hizo que Nicole desviara la mirada rápidamente para evitar sonrojarse más.

—¿Todo bien, mi amor? —preguntó Richard, en un tono casual pero claramente provocador, mientras ella tomaba asiento.

—Todo perfecto, gracias. —respondió ella, apretando los labios para no reírse y tratando de ignorarlo.

Juvena se inclinó hacia ellos con una sonrisa curiosa.

—Oigan, ¿y ustedes cómo van con lo de la boda? Nicole, ¿ya tienes ideas de cómo quieres que sea?

—Bueno, aún estamos definiendo muchas cosas, pero me gustaría algo íntimo, nada muy grande… —comenzó a decir Nicole, agradecida por el cambio de tema.

—¡Ah, no, íntimo no! —interrumpió Juvena, fingiendo indignación—. Prima, este evento tiene que ser una fiesta. Si quieres, yo te ayudo a organizarlo.

—¡Eso! —añadió Sandra, animada—. Una boda sencilla, pero con todo lo necesario. Nada de cosas improvisadas, mija.

—Está bien, está bien. —aceptó Nicole con una risa, mirando de reojo a Richard, quien solo se encogió de hombros como diciendo "lo que tú quieras, princesa".

Neimar, el hermano mayor, soltó una carcajada desde el otro lado de la sala.

—Oiga, Nicole, ¿y usted ya sabe lo que le espera? Porque Richard es tremendo…

—¡No empieces, hermano! —protestó Richard, levantando las manos en señal de defensa.

—¡Pues toca advertirle! —dijo Steven, uniéndose al juego—. Nicole, si ves que llega tarde de un partido y está todo callado, es porque algo se inventó para no contarte algo.

—Ya, ya. —dijo Richard, divertido pero fingiendo estar ofendido—. No escuchen a estos envidiosos, princesa, tú sabes que yo soy un santo.

—Un santo… —repitió Nicole, alzando una ceja con escepticismo—. Claro, amor, claro.

La familia estalló en risas, y el ambiente se llenó de bromas y anécdotas.

Un rato después, mientras Sandra ofrecía café a todos, Richard aprovechó para acercarse a Nicole y tomar su mano.

—¿Estás bien? —le preguntó en voz baja, sus ojos llenos de ternura.

—Sí, amor, estoy bien. —respondió ella, apretando suavemente su mano.

—Me gusta verte aquí, con mi familia. —dijo él, dejando un beso suave en el dorso de su mano—. Te queda perfecto.

Nicole sonrió, sintiendo una calidez en su pecho. A pesar de las bromas y los momentos de tensión, no podía negar que estar rodeada de la familia de Richard la hacía sentir querida, como si realmente perteneciera allí.

Mientras tomaban café en la sala, la conversación empezó a tornarse más relajada, lo que, en esa familia, significaba que las bromas de doble sentido no tardarían en aparecer. Juvena, siempre rápida para añadir chispa a cualquier charla, fue la primera en atacar.

—Bueno, Nicole, ¿y Richard sí está cumpliendo como es debido o lo tenemos que regañar?

Nicole casi se ahoga con el sorbo de café, mientras Richard alzaba una ceja, divertido.

—¡Juvena! —exclamó Sandra, tratando de mantener una apariencia seria, aunque claramente contenía la risa.

—¿Qué? Yo pregunto por su bienestar, ¿qué tal que el primo sea flojo? —respondió Juvena con una sonrisa pícara.

11 pm - Richard RiosDonde viven las historias. Descúbrelo ahora