CAPITULO 48

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Esa noche, el ambiente en la fiesta continuaba siendo animado, pero Nicole ya no podía seguir el ritmo. El alcohol había hecho su efecto, y después de los últimos tragos, sus piernas se sentían flojas, su cabeza un poco mareada y el mundo a su alrededor parecía girar lentamente.

Richard, al darse cuenta de que Nicole estaba completamente borracha, la tomó de la mano con una sonrisa, pero al instante, ella perdió el equilibrio y casi cayó.

-¿Vas a dejarme caer, princesa? - bromeó Richard, mientras la sujetaba con firmeza.

Nicole lo miró, con una sonrisa tonta en el rostro, antes de recostarse contra él.

-Creo que sí - respondió ella, dejando escapar una risa suave, pero a la vez llena de ternura.

Richard no pudo evitar sonreír al ver lo adorable que se veía Nicole, a pesar de estar tan mareada. Sin pensarlo dos veces, la alzó con cuidado en sus brazos, como si fuera una princesa, y comenzó a caminar hacia su habitación.

Nicole se acurrucó en su pecho, disfrutando de la cercanía, y con una voz suave y algo entrecortada, le susurró:

-Te amo, Richi...

Richard la miró, con el corazón lleno de ternura. Aunque las palabras de Nicole se escuchaban con un tono extraño, él sabía que no había nada falso en ellas. En ese momento, la hizo sentir segura, amada, y sobre todo, en casa. Al llegar a la habitación, la acomodó suavemente en la cama, cuidando de no hacerla sentir incómoda.

-¿Qué tal si descansas, mi amor? - dijo Richard, acariciando su cabello y besando su frente con ternura.

Nicole asintió, con una sonrisa tranquila, antes de cerrar los ojos, sintiendo cómo su cuerpo se relajaba en la cama. Pero antes de caer completamente dormida, susurró:

-Quédate conmigo, por favor.

Richard se quitó la camiseta, y con un gesto suave, se recostó a su lado, abrazándola con cariño. No importaba que estuviera borracha, él estaba allí para cuidarla. En silencio, ambos se acomodaron en la cama, con Nicole descansando sobre su pecho, respirando con calma.

-Siempre, Nicole. Siempre estaré aquí contigo - murmuró Richard, antes de dejar un beso en su cabeza y quedarse a su lado, disfrutando de la tranquilidad de ese momento.

La noche pasó, con ambos envueltos en una burbuja de amor y paz, el uno al otro, sin importar el mundo exterior.

Al día siguiente, la luz del sol comenzaba a filtrarse por las cortinas, iluminando suavemente la habitación. Richard despertó primero, su brazo alrededor de Nicole, quien aún dormía profundamente, envuelta en la paz que le ofrecía su abrazo. La fiesta de la noche anterior ya parecía lejana, y aunque había sido una noche agitada, ahora solo quedaban los recuerdos de risas, diversión y, por supuesto, de los celos que habían surgido entre ellos.

Richard la observó por un momento, sonriendo con ternura al ver cómo descansaba plácidamente, ajena al caos de la noche anterior. El alcohol que había consumido Nicole la había dejado agotada, pero en esos momentos, Richard no podía dejar de sentir ese cariño profundo que siempre había tenido por ella.

Decidió levantarse lentamente para no despertarla, pero justo cuando estaba a punto de salir de la cama, sintió el tirón de su brazo, como si Nicole no quisiera dejarlo ir.

-No te vayas... - susurró Nicole con voz ronca, aun medio dormida, apretando la mano de Richard sobre su pecho.

Richard se detuvo y se volvió hacia ella, sonriendo con dulzura mientras acariciaba su rostro.

Aquí estoy, mi amor. No me voy a ir - respondió él con calma, besando su frente y quedándose a su lado un momento más.

Nicole, aún somnolienta, se acomodó contra su pecho, disfrutando del calor de su abrazo. No quería levantarse de la cama, no quería que ese momento se terminara, pero sabía que tenían cosas que hacer. Después de todo, tenían que lidiar con las consecuencias de la fiesta, con los sentimientos revueltos y, más importante, con el hecho de que Richard había dejado en claro lo que sentía por ella.

11 pm - Richard RiosDonde viven las historias. Descúbrelo ahora