CAPITULO 36

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La madrugada llegó lentamente, y el sonido de la respiración profunda de Richard fue lo único que acompañó el silencio en la habitación. Nicole, aún despierta, se quedó observando cómo su amor dormía, con una pequeña sonrisa en los labios. A pesar de todo lo que había pasado, las complicaciones y los secretos que aún debían enfrentar, ella sentía que estar allí con él era lo único que importaba en ese momento.

De repente, Richard murmuró algo en su sueño, lo que hizo que Nicole se acercara un poco más, preocupada.

—¿Richard? —susurró, acariciando su cabello. Él se movió ligeramente y la miró con los ojos entrecerrados.

—¿Qué pasa, princesa? —dijo con voz rasposa, aún bajo los efectos del alcohol, pero reconociéndola al instante.

Nicole sonrió suavemente, aliviada de ver que no estaba tan fuera de sí.

—Nada, solo quería asegurarme de que estuvieras bien. Dormirás tranquilo ahora. —le dijo, acariciándole el rostro con ternura.

Richard, con su mirada algo borrosa pero tierna, la tomó de la mano, apretándola débilmente.

—Gracias por estar aquí, Niki... Te amo —murmuró, antes de cerrar los ojos y retomar el sueño profundo.

Nicole suspiró, sintiendo su corazón latir con fuerza. “Te amo”... esas palabras, tan sencillas pero tan poderosas, hicieron que su pecho se llenara de una calidez que no podía explicar.

Pasaron unas horas y, mientras Richard continuaba en un sueño tranquilo, Nicole finalmente se quedó dormida también, abrazada a él, sintiendo que, por primera vez en mucho tiempo, todo estaba en su lugar.
La mañana siguiente llegó temprano, y la luz del sol comenzó a filtrarse tímidamente por la ventana. Nicole y Richard seguían abrazados, profundamente dormidos. El ambiente en la habitación estaba en silencio, solo roto por el suave sonido de la respiración tranquila de ambos.

De repente, la puerta se abrió con suavidad, y la figura de Doña Sandra, la madre de Richard, apareció en el umbral. Con una sonrisa en el rostro, vio a los dos jóvenes dormidos, completamente ajenos a su llegada. Decidió entrar para despertarles, pero no sin antes disfrutar un momento de lo que veía.

Se acercó a la cama y, con un suspiro divertido, observó cómo Richard estaba abrazado a Nicole de una forma en la que parecía que no la dejaría ir ni aunque un huracán se desatara. Doña Sandra no pudo evitar reír suavemente antes de acercarse a la cama.

—¡Ay, estos muchachos! —murmuró mientras se sentaba al borde de la cama y les tocaba suavemente el hombro a ambos—. ¡Richard, despierta!

Richard se removió, giró un poco y, en un estado semiconsciente, apretó más fuerte a Nicole sin abrir los ojos.

—Cinco minutos más, mamá… —dijo él, con voz ronca y completamente dormido, sin darse cuenta de lo que estaba diciendo.

Nicole, también medio dormida, abrió los ojos de golpe al escuchar la voz de Doña Sandra. Al ver que Richard la había abrazado aún más fuerte, se sonrojó y trató de liberarse de su agarre. Sin embargo, Richard, como si fuera un imán, la sostuvo aún con más fuerza.

—¡Richard, suéltame! —dijo Nicole, entre risas nerviosas, mientras intentaba zafarse, pero solo conseguía que él se aferrara más.

Doña Sandra, viendo la escena con diversión, soltó una carcajada y, con voz dulce, dijo:

—Richard, deja de apretar a Nicole, que ya se está sintiendo atrapada. —Con un toque juguetón en la pierna de su hijo, agregó—: ¡Oye, que no todo en la vida es un abrazo!

11 pm - Richard RiosDonde viven las historias. Descúbrelo ahora