Capítulo 22

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Miércoles 15 de octubre a las  04:30 p

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Miércoles 15 de octubre a las  04:30 p.m.

A veces las personas buscan salirse de la rutina por un momento en sus vidas, cansadas del ajetreo, agobiados de la monotonía, se vuelve un bucle sin sentido cuando muchas vidas dependen de las acciones de uno. Eso le pasaba a Sasha Volkova.

Cansado de ser señalado siempre como el responsable, tener que limpiar los problemas de otros, comenzaba a hartarse, se creía injusto que solo él pagara por los platos rotos. Soltó un suspiro resignado negando con la cabeza, era demasiado tentador poner una pistola en su cabeza y terminar con ese círculo vicioso, pero siempre que lo consideraba, una punzada dolorosa aparecía en su cerebro ¿Cómo un reproche? ¿Una alarma? No sabía cómo describirlo, el dolor de cabeza llegaba cuando tenía esos pensamientos suicidas, pero no recordaba por qué los tenía.

Ese día estaba soleado, aun así, solo fue cuestión de minutos para que en la tarde se avecinara la lluvia que provocó que más de un individuo desistiera de caminar por los campos elíseos.
Sasha se sentía sofocado por todo el ambiente tétrico de la A.C.I, quería una forma de distraerse, no pensar en los problemas. Fue así como terminó caminando sin prisa por aquel puente francés, lo vió en uno de los folletos del hotel en el que se alojaban, antes de salir, discutió fuertemente con su hijo Hasani, al parecer no comprendía a los adolescentes todavía, lo dejó encerrado en la habitación para evitar que hiciera alguna estupidez, lo conocía, solo era cuestión de tiempo para que mandara todo a la mierda.

Eso no estaba en sus planes, antes de abordar aquella misión, le hizo una promesa a su hijo Roma, quien era el mayor de sus herederos biológicos. Aquel momento parecía tan cercano,  una noche lo encontró llorando, el chico solo tenía 16 años, no comprendía como la humanidad comenzó a ser tan detestable, Roma, quería que todas las personas que los hacían sufrir desaparecieran. Sasha intentó consolarlo, hacer que viera otra perspectiva, sin embargo, no lo logró. La muerte de su madre le afectó demasiado, el odio se veía en sus ojos. Roma estaba decidido en que alguien debía pagar por ese hecho desgarrador.

Suspiró pesadamente.

Él le prometió que encontraría al culpable, todas aquellas personas que los estaban dañando también serían castigadas.

Pero el ruso nunca mencionó que tampoco recordaba ciertas cosas, ni como perdió a la mujer que amó tantos años. A veces se encontraba deseando que su esposa siguiera con vida, ella sabía cómo manejar a todos sus hijos, el instinto maternal lo usaba tan bien que eso le cautivó con locura. Su Yelena, era una rosa que floreció entre tanto pastizal, llenó de color su mundo, a ella le encantaba la forma en que el veía a los demás, lo amó sabiendo que era diferente al resto, no recordaba cómo dejó de tenerla a su lado, muchas noches le preguntaba a la luna ¿Cuánto podría amar una persona, hasta el punto de no poder vivir sin su mitad? ¿Qué tan insano es el amor? ¿Acaso la amó de verdad o fue una obsesión? ¿Fue real o una alucinación? ¿Fue él quien la mató? ¿Cómo murió? Nunca obtenía una respuesta, nadie se las podía dar.

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